Héctor Andrade Chacón

Vaya cachaza, ahora resulta que el antes llamado sindicato del empresariado, la Confederación Patronal de la República Mexicana, está aliándose con el sindicalismo charro para pedir al presidente de México, que en nombre de la autodeterminación y soberanía, organizaciones de Estados Unidos y Canadá no tengan injerencia en las relaciones entre empresas y trabajadores, porque “pueden obedecer a intereses ajenos a los trabajadores”.

De no creerse el deseo de hacer este frente entre una organización que se ha tratado de presentar como némesis de la mayoría de las decisiones económicas del presidente Andrés Manuel López Obrador, para frenar que ahora sí, bajo arbitrio de las tres naciones, haya mejores condiciones laborales para los trabajadores mexicanos, que por sus bajos sueldos, resultan un factor esencial para la inversión extranjera.

Los empresarios tienen miedo que el aumento de salarios, al que obliga el T-MEC en el sector laboral mexicano, comience a presionar el mercado laboral del país en un efecto dominó. Esto no es nuevo, cuando se formó la Unión Europea, lo mismo sucedió en varias naciones cuando su mano de obra igualó salarios y condiciones a los integrantes más desarrollados, luego contrataban a los trabajadores informales que venían de Europa Oriental, África y América Latina.

Lo increíble resulta el lenguaje que manejó José Medina Mora, presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) al pedir la protección del Palacio Nacional, ante esta ‘amenaza externa’. Regresamos al utilizado entre 1950 y 1980, cuando en la Guerra Fría, México se convirtió en aliado de Estados Unidos ante la ‘amenaza comunista’ y todo lo que venía del exterior y que reclamaba justicia social, era invasivo. Aquí solo rifaban los logros de la revolución institucionalizada, gracias a nuestra muy propia ideología del nacionalismo revolucionario, que alcanzó su culmen en la “docena trágica” del “¡Arriba y Adelante!”, a la “Administración de la Riqueza” que nos llevó a las décadas perdidas de prosperidad para nuestra población.

Ahora bien, la calidad de inspecciones, reclamos, investigaciones y sanciones que regula el T-MEC ofrece a las tres naciones las mismas condiciones. Si alguno de los gobiernos no sabe defenderse, acreditar acusaciones o plantear litigios, no es problema del tratado ni tampoco debe ser pretexto para argumentar que hay mala leche en las acusaciones. Si las hay, deben desnudarse, denunciarse y dejarse sin efecto.

Lo que José Medina Mora, presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana, debe ponderar es que las cosas se hagan transparentes, condenando los abusos de cualquiera de las partes, incluidas las empresas que llegan a México con todo a favor y con salarios de hambre para nuestros paisanos.

Lo interesante del asunto es que todo esto, ha alcanzado una dimensión internacional a partir de que en Silao, aparecieron los tramposos.

Aviso de Ocasión

Esta semana, el 26 de mayo, se inaugura ANPIC, la feria internacional de proveeduría de las industrias de cuero-calzado, marroquinería, textil, vestido y mueble. Será presencial y concluirá el día 28.

Los organizadores esperan 9 mil visitantes de México y 28 países, que se han registrado. La muestra también tendrá actividades por multimedia, pero en esta ocasión, se busca recuperar en buena parte la interacción entre expositores y compradores, luego de la pandemia de Covid-19. El fin de semana próximo se hará el balance de este primer esfuerzo entre las ferias industriales de la localidad para ir en pos de la normalización. Los riesgos aún subsisten.