El Calabozo: La casa, sinónimo de desolación

Juan Arriaga

PÉNJAMO, Gto.- Para llegar a El Calabozo, una localidad de no más de 30 habitantes, hay que recorrer aproximadamente 12 kilómetros desde la cabecera municipal de Pénjamo entre un camino de terracería que conduce a la parte baja de la sierra, el paso para los vehículos termina en la localidad El Tigre, donde tienen que dejarse los automóviles y de ahí, caminar casi 30 minutos entre un camino apenas hecho para una persona, sinuoso, rocoso y con una pendiente pronunciada.

Sus viviendas están separadas del resto por casi un kilómetro de distancia, es decir, hay una casa por cada 10 hectáreas.

Tras subir una larga cuesta se asoma en la loma la humilde vivienda de la familia Pérez Hernández. Está hecha con piedra sin pegar y tejas de barro, es una construcción de no más de 90 metros cuadrados, tiene dos habitaciones y un lugar improvisado como cocina. Afuera, está lo que una vez fue el aula de enseñanza del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe), donde maestros rurales iban enseñar a los niños a leer y escribir.

Desde hace 10 años que nadie se ha atrevido a entrar en la casa. Lo que queda son los mudos testimonios del doble asesinato: medicamentos, calzado, ropa y cobijas de bebé. Sobre una tabla, una pequeña hoz recuerda al arma utilizada por el abuelo José Pérez Durán, para descuartizar a su pequeña nieta María Elena Pérez Gutiérrez de apenas 7 meses de edad.  Del hecho ningún familiar quiere ya hablar, piden  que los dejen en paz.

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