Con la inflación desatada y desaceleración de la economía estadounidense, mientras la COVID-19 sigue siendo factor de afectación a la producción de bienes y servicios en buena parte del mundo, entre la incertidumbre de su alcanzará una fase endémica en el corto plazo o aparece alguna otra cepa que aumente los problemas, en México la secretaria de Economía del gobierno federal, Tatiana Clouthier ha mandado a volar los pronósticos presidenciales sobre crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) para situarse en un rango mesuradado  de entre el 2.5 y 2.6 por ciento para el 2022.

Como se recordará, la semana pasada el presidente Andrés Manuel López Obrador, por enésima vez, ha apostado contra los pronósticos de los expertos y la realidad económica, para asegurar, con base solamente a su buena voluntad y sus “otros datos” de los que nunca conocemos sustento, que el PIB crecerá para este año en 5 por ciento, una cifra que ni siquiera su secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, se ha atrevido a establecer y que en un escenario de recesión de la economía nacional, como la actual, difícilmente aventurará a estimular el sueño presidencial.

Apenas a finales de enero, el Fondo Monetario Internacional (FMI) pronosticó que la economía de México crecerá 2.8 por ciento para este año, lo que representa una reducción de 1.2 puntos respecto a la estimación hecha a mediados de octubre pasado que era de 4 por ciento. Y para el año 2023, el propio FMI advierte un crecimiento económico de 2.7 por ciento.

Los ajustes se han hecho con base a lo que observan en el entorno internacional, hay una disminución en la demanda externa de bienes y servicios. La variante Ómicron ha resultado muy dañina a la economía global. También la inflación juega su papel. Se considera que persistirá hasta el segundo semestre de 2022, porque continuan las interrupciones en las cadenas se suministros y los costos de la energía no disminuyen.

En nuestro país, analistas del sector privado, con base a una encuesta del Banco de México, aumentaron su pronóstico de inflación a 4.27 por ciento para el cierre de 2022 y disminuyeron su expectativa de crecimiento del PIB para este año a 2.20 por ciento, décimas menos de lo que espera la secretaria de Economía.

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Aún a esta hora no se sabe en qué basa el presidente de México sus aventurados pronósticos. Ya en el pasado, como dije, ha hecho esas “apuestas” sobre el PIB y siempre la realidad se le planta de modo diferente. En este escenario, debiera precuparle seriamente la inflación, el golpe más cruel a la economía de toda la población, sobre todo en lo que corresponde a los alimentos. Debiera darse una vueltecita a los mercados o supermercados y ver cuánto se ha elevado el precio de carnes, frutas y verduras, para que no se quede con los datos generales que salen de los promedios de precios que hace la PROFECO y le muestran en “las mañaneras”.

En promedio las frutas aumentaron al cerrar enero, de forma anualizada, en 33 por ciento, siendo el limón el caso más escandaloso al llegar a 200 por ciento. El aguacate se ubicó con un aumento de 84 por ciento; las fresas aumentaron 48.2 por ciento; las manzanas, 44.2; la toronja, 37.1 por ciento; la naranja, 26.7. Las verduras también están por las nubes: las cebollas aumentaron 97 por ciento; el tomate verde, 88 por ciento; el chile jalapeño, 69 por ciento y así muchos productos del campo.

En este mismo ritmo, tenemoos a las tortillas de maíz, 20 por ciento, mientras el grano se elevó 36 por ciento. El pan de caja aumentó 8.8 por ciento; aceites y grasas 11.9 por ciento; las pastas para sopas, 8.8 por ciento. Qué decir de las carnes, en el caso de la res, 17.9 por ciento; de pollo, 11.7 por ciento; cerdo 11.1 por ciento y la leche 8.3 por ciento; mientras el huevo, 6.1 por ciento.

Ahora, sume todos esos aumentos cuando va al supermercado o al mercado de su colonia. Obviamente que los aumentos salariales se desvanecen con suma facilidad. ¿Qué sucede? La gente gasta más para comer o de plano reduce su abasto de alimentos.

Esta es la crisis que viven las familias de menos recursos en nuestro país, en Guanajuato mismo, porque para ellas esto es crisis. No habían sufrido este embate por al menos tres décadas. La desesperación cunde en las familias.

Un estudio realizado de NielsenIQ, Consumer Outlook 2022, precisa que 7 de cada 10 consumidores mexicanos reportan que gastan más en su despensa semanal, esto respecto al primer semestre del 2021, por lo que 19 por ciento piensa en sacar productos del carrito.

Lo que señala la encuesta, además, es que los consumidores restringirán gastos y priorizarán en qué destinan sus magros ingresos. La educación y la salud son los rubros en los que piensan invertir, mientras que prevén dejar de comer fuera. El cambio en el consumo, por la inflación y efectos en las familias, afectará a muchos sectores de la economía, como al restaurantero o al turismo. Algo que deberán tener en cuenta autoridades y empresarios de dichos ramos en Guanajuato, que apuestan a una reactivación que les lleve a la normalización.

El diputado presidente de la Comisión de Hacienda del Congreso del Estado, Víctor Zanella Huerta, ha solicitado a la población gastar en lo prioritario y establecido que en el presupuesto estatal hay una partida de más de mil 700 millones de pesos en apoyo a las familias de escasos recursos, sin embargo, la pobreza irá en aumento, más personas necesitarán contar con una forma de sustento. Habrá que revisar si lo ofrecido será suficiente y si llegará, realmente, a quien lo necesita.