“Pero no dijo que se fuera, hizo esos señalamientos y que a pesar de esos señalamientos y de esas diferencias estamos trabajando coordinados. Yo me quedo con ese mensaje de que estamos trabajando con el ejército, con la guardia y con la delegación de la Fiscalía General de la república y como dije ayer, nosotros queremos hablar con resultados y dar resultados y ya hoy son 800 homicidios menos, comparados con el año pasado y ya de acuerdo al INEGI, bajamos la incidencia delictiva un 42% de acuerdo al propio secretariado no estamos en los primeros lugares, en los primeros 5 lugares, ni en incidencia ni en índice de homicidios en este último trimestre y vamos avanzando y nosotros queremos seguir trabajando con la Federación”

Diego Sinhue Rodríguez Vallejo

Justo hoy, el gobernador Diego Sinhue Rodríguez Vallejo llega a la mitad de su sexenio en un entorno muy distinto comparado con el de sus 2 antecesores, Miguel Márquez Márquez y Juan Manuel Oliva Ramírez.

Oliva llegaba en 2009 a la mitad de su mandato con un entorno político favorable, sin los nubarrones del crimen organizado como obstáculo, con un presidente de la república de su propio partido pero con mucho desorden al interior de su gabinete alentado por la confusión de jerarquías con el Yunque, nunca tan metido en un gobierno azul como entonces.

Y fueron estas contradicciones las que complicaron el control político de Oliva primero con la insubordinación de su secretario de Gobierno, Gerardo Mosqueda que le complicó la operación y sobre todo confundió jerarquías pero también con el partido donde tampoco tenía el control sino un líder (Fernando Torres) que le competía en influencia y presencia.

Pese a ello, pudo coincidir con el ahora diputado federal en el apoyo al delfín para sucederlo (Miguel Márquez) aunque ello todavía le costara varios dolores de cabeza en la segunda mitad de su mandato como el caso de la Expo Bicentenario y temas de corrupción que lo debilitaron seriamente.

Unos meses antes ya había sido designado Carlos Zamarripa Aguirre como procurador de Justicia.

Miguel Márquez mientras tanto pudo llegar a la mitad del sexenio a diferencia de Oliva con el control político de su gabinete aunque no absolutamente del PAN.

Recordemos que en 2015 no pudo lograr imponer a Diego Sinhue como el candidato a la alcaldía de León como era su deseo. La rebelión de Ricardo Sheffield apoyada por un comité ejecutivo nacional panista al mando de Gustavo Madero que no era incondicional de Márquez lo obligaron a cambiar de planes para poner un candidato alterno que resultó ser Héctor López Santillana.

En el gabinete, Márquez ya no tuvo las presiones de El Yunque que debió aguantar Oliva. Lo mismo ocurrió en la dirigencia estatal del partido pese a que en algún momento tuvo que entregarla a Humberto Andrade. Logró consolidar un control sobre su propia sucesión y pudo noquear sin problema a Fernando Torres Graciano cuando quiso rebelarse para competir por la nominación.

Fue Márquez el primer gobernador panista que mostró mano de hierro para sacar adelante sus objetivos como jefe de facto del partido y dominador de la escena futurista.

Hace 6 años, a la mitad de su mandato, Márquez tenía claro que no quería que el candidato fuese Fernando Torres mientras aparecía en escena Diego Sinhue Rodríguez Vallejo quien en febrero de 2015 había sido nombrado titular de la secretaría de Desarrollo Social y Humano.

Para entonces, ya la violencia comenzaba a mostrar signos preocupantes en la entidad aunque nadie imaginó que se convertiría en una pesadilla permanente.

Y llegamos a la mitad del sexenio de Rodríguez Vallejo que se cumple justo hoy en el que, oh paradojas, el control del gabinete y del partido es absoluto porque el gobernador manda a sus anchas y no tiene nubarrones en ambos frentes.

Pero no se puede decir lo mismo de otros flancos, en concreto el de la inseguridad que pese a la disminución de algunos homicidios dolosos, sigue siendo motivo de las embestidas desde Palacio Nacional, en concreto, hacia el Fiscal Carlos Zamarripa que se ha vuelto una obsesión para la 4T.

No es el único tema que representa una amenaza para el gobierno estatal; el flanco presupuestal con el cambio de enfoque del destino de los recursos que ha llevado a sepultar momentáneamente proyectos de infraestructura como El Zapotillo, ha obligado al gobernador a solicitar 2 endeudamientos que no servirán, según su dicho, para reponer los recursos que se destinaban a la entidad en sexenios anteriores.

Dicen que no se puede tener todo en este vida y en el caso de Rodríguez Vallejo, no sabemos si preferiría menos control político-partidista interno  con tal de enfrentar menos presiones desde la Federación que mantienen en posición vulnerable y hasta sacrificable al Fiscal.

Diego Sinhue llegó a Palacio de Gobierno sin un grupo político trabajado y consolidado como pudieron tenerlo Oliva y Márquez. A diferencia de ellos llega a la mitad del camino sin un delfín claro en el escenario de la sucesión 2024 como ya se perfilaba en 2015 y 2009.

En lo electoral, Guanajuato se ha reafirmado como un bastión panista. Lo que no sabemos es si ese rechazo guanajuatense al morenismo se mantendrá. Con más lentitud que en otros estados, pero Morena gana terreno en algunas franjas del estado. Todo por servir se desgasta.

Las asignaciones de diputaciones plurinominales que aprobó el consejo general del Instituto Estatal Electoral originalmente no tuvieron ninguna modificación. Ni en el Tribunal Estatal ni en la Sala Monterrey del Federal ni en la Sala Superior hubo cambios. Eso no ocurrió ni en 2012 ni en 2015 ni en 2018.

Una buena noticia para el consejo del IEEG cuyo presidente, Mauricio Guzmán Yáñez se despide en unos meses.

REINVENTAR LEÓN CADA 3 AÑOS: DE SHEFFIELD A ALEJANDRA GUTIÉRREZ

Culpar al pasado de los problemas que no se pueden resolver en el momento es el deporte favorito de cualquier gobernante que no encuentra la brújula o que busca pretextos para explicar la falta de resultados.

El alcalde de León Héctor López Santillana solía decir cuando decidió ir por la reelección que 3 años era un tiempo “ridículamente corto” si se buscaba dar resultados en un municipio como León.

Dos años antes, en 2016 en su primer informe de gobierno, se quejaba por las herencias incómodas.

“Encontramos una administración municipal sin proyectos, sin recursos, con la práctica de viejas y malas costumbres, con escasa innovación y una casi inexistente utilización de herramientas digitales”, dijo el alcalde leonés en el arranque.

Y si eso dijo López Santillana, qué no dijo la alcaldesa priista Bárbara Botello durante los primeros meses de su administración.

Y vaya que ahí había una mayor justificación. Cuestionar casi 24 años de administraciones panistas era simplemente dar fe al voto del hartazgo panista que disfrutó Botello y que luego tiró por la borda.

“Atrás de la raya, que estamos trabajando”, decía Botello a los panistas que la criticaban a las primeras de cambio.

Pero ya 3 años antes, en 2009, pese a provenir del mismo partido que gobernaba, el entonces panista Ricardo Sheffield Padilla se lanzaba desde la tercera cuerda y tundía a sus antecesores.

“Sabíamos que necesitábamos un cambio. León no podía seguir la misma inercia, limitado de recursos, falto de proyectos, atado por reglamentos anacrónicos y con los esfuerzos dispersos”, dijo en su mensaje.

Y luego, embestía:

“Había que cambiar para evolucionar, para reinventarnos. Por eso, literalmente, estamos construyendo una nueva ciudad. Una ciudad más justa, donde la participación de todas y todos cuenta. De inicio, teníamos un gran reto: reconquistar la confianza de la ciudadanía. Por eso esta nueva ciudad está basada en un renovado pacto social entre sociedad y gobierno”.

El próximo 10 de octubre asume el cargo Alejandra Gutiérrez quien por cierto era parte del equipo estelar de Sheffield hace 12 años y no dude usted que en algún momento también lance su discurso reformista y le surta algún zape al sexenio de López Santillana.

LA NUEVA LEGISLATURA: NO TODO ES LO QUE PARECE

Arrancó ayer la LXV Legislatura local con sus nuevos perfiles y renovadas contradicciones.

Las 2 principales fuerzas, PAN y Morena incrementan su presencia en las curules con respecto a la anterior mientras el reacomodo de la chiquillada representa una incógnita en el perfil de los nuevos equilibrios en el palacio legislativo.

El PAN acertó en su decisión de cerrarse en estas elecciones a coaliciones que le quitaron 2 diputados hace 3 años. Ahora tendrá 21 y no 19 mientras Morena llega con 8 legisladores cuando hace 3 años solo tenía 5 porque la del PT nunca se alineó a ellos.

El PRI, con muchos trabajos, mantuvo los mismos 4 mientras que el Verde suma 2 y Movimiento Ciudadano que soñaba con más solo alcanzó uno.

La aplanadora azul tendrá nuevos desafíos con un pastor como Luis Ernesto Ayala que pondrá a prueba su poca experiencia en materia legislativa pero aún más, sus nulos antecedentes para ser jefe entre pares y no el mandamás en una dependencia de gobierno o en la alcaldía toda vez que ya fue presidente municipal de León en 2 ocasiones.

En algunos círculos panistas se cree que Ayala Torres tendría más problemas para gobernar su propia bancada que para pactar con sus adversarios en la Junta de Gobierno donde habrá 5 partidos representados. El empresario zapatero no está habituado a la talacha y las veleidades de las bancadas azules.

Ayala Torres coordinará por ejemplo a 7 panistas que se reeligieron y que ya conocen las entrañas del Congreso local. Hacia afuera, con las bancadas de los otros partidos, sabrá qué es lo que trae Morena con Ernesto Millán como coordinador, otro novato en lides legislativas como coordinador.

No será particularmente sencillo amalgamar 8 personalidades diametralmente distintas con diversa extracción de la onda grupera y algunos de ellos hasta enfrentados como el caso de Ernesto Prieto y  Alma Alcaraz.

Por cierto, Ernesto Prieto que es también dirigente estatal, no solicitará licencia de inmediato como se pensaba sino que esperará un mes más. Su doble papel va a generar tensiones.

El PRI (a excepción de Yulma Rocha) podría no representar como ha ocurrido, un desafío para la mayoría panista. Alejandro Arias tiene fama de negociador, de no ser intransigente ni un radical. No llega muy fortalecido en lo interno por su pleito con Yulma.

La dupla del partido Verde mientras tanto, encabezada por Gerardo Fernández a quien acompaña Martha Ortega pinta para integrar en realidad un trío con la priista Yulma Rocha que llega distanciada con 2 de los 3 priistas y que encontrará mejor sintonía con los del tucán.

Por su parte, Dessire Angel de Movimiento Ciudadano, teniendo un perfil mucho más cercano a lo empresarial, no pinta para incomodar al PAN-Gobierno. Su apuesta será ir con algunos puntos de la agenda de León Libre que empujó el excandidato a la alcaldía leonesa, Juan Pablo Delgado.