Carlos Vertti

León.-La larga espera por la fiesta brava en esta ciudad fue bien recompensada, con la brillante actuación que tuvieron los cuatro alternantes en la corrida de aniversario de la plaza de toros Revolución. El gran triunfador de la tarde fue el joven André Lagravere ‘El Galo’.

El coso irapuatense se llenó de arte en este festejo de sus 80 años. Los burladeros y tableros fueron pintados con retratos de las grandes leyendas del toreo. Luis Miguel Dominguín, Juan Silveti, Manolete, Rodolfo Gaona, Lorenzo Garza y otros artistas legendarios decoraron el ruedo.

Joselito, arte sin suerte

Foto: Carlos Vertti

Abrió plaza Joselito Adame. El ímpetu y el arte que derrocha el aguascalentense conectaron bien con la afición local. En el primero de su lote, de nombre “80 Aniversario”, ejecutó un toreo alegre. Saludó con verónicas y redondeó una buena faena con el capote. En la labor de muleta, el astado daba mejor juego por naturales y así lo entendió Joselito, quién lamentablemente titubeó a la hora de matar y falló desafortunadamente.

Su mala suerte se repitió con el segundo de su lote, quinto de la tarde, fanea en la que escuchó aviso y tuvo que recurrir al descabello.

Sin embargo, su entrega se llevó los aplausos y saludo al tercio en ambos.

Juez regalón

La categoría de la plaza Revolución se abarata tanto como el juez de plaza concede los apéndices. Obedece al contentillo del público y así concede la primera oreja de la tarde a Diego Silveti, tercer  alternante, pese a un pinchazo. El apéndice obedeció, eso sí, a la elegancia de su toreo en el primer tercio, al desempeño con la muleta, péndulos, desplantes y derechazos incluidos, además de que en todo momento los tendidos cobijaron al torero de casa.

Con su segundo toro, de nombre “Tigre Juan” para la honra ancestral, Diego sacó lo mejor que pudo de un toro difícil, como por lo general lo fueron todos los de Begoña esta tarde. Volvió a pinchar y luego colocó una estocada a fondo, fulminante aunque tendida y trasera. Esta vez no hubo oreja, pero sí saludó desde el tercio al público que definitivamente se le entregó.

Payo, odiado y amado

Foto: Carlos Vertti

Octavio García saludó con chicuelinas a un toro aparentemente bien presentado de 515 kilos y de nombre Revolucionario. Sin embargo a los primeros muletazos dejó ver que venía mal de los cuartos delanteros.

El público pidió el cambio y por ende el juez hizo lo mismo. Aun así “el Payo” pidió a los subalternos cumplir los dos primeros tercios, pese al abucheo de la gente, que se prolongó durante toda su faena. Para su mala suerte falló con el acero y se convirtió en el villano de la tarde… momentáneamente.

El Payo se reivindicó con su segundo toro, el sexto de la tarde, de difícil Lidia, distraído y huidizo, Pero que el queretano supo entender iniciar bien por naturales, elaborando una faena a ratos elegante y a ratos arriesgada, pero siempre brillante.

Aunque pinchó, el juez obedeció al capricho de los tendidos, principalmente del área de sol, donde poco antes habían hasta insultado al torero, y finalmente otorgó una oreja.

Para El Payo lo más importante fue haber cambiado los abucheos por aplausos y gritos de “¡torero, torer!”.

Los últimos, los primeros

Foto: Carlos Vertti

André Lagravere, la joven figura de la tarde, era cuarto en el orden, pero esta vez estuvo por encima de los otros diestros.

El Galo domina los tres tercios, y ese talento fue reconocido y agradecido, especialmente en una tarde en la que los banderilleros habían estado eventualmente erráticos al colocar sus correspondientes pares.

André banderilleó a sus dos toros y lo hizo de forma impecable.

Las ganas de los irapuatenses por el regreso de la fiesta brava los tenían eufóricos, al grado de presionar lo más posible la autoridad para que fuera generosa en los trofeos.

 Así le fueron concedidas dos orejas con su primer toro a Lagravere. Era un cárdeno bragado cuya bravura se prestó para una faena variada que rubricó con una estocada certera.

En su segundo toro, el yucateco tuvo el genial detalle de ofrecer la faena a su alternante Diego Silveti, brindis sellado con fraternal abrazo. El toro “Caminos de Guanajuato”, de lidia complicada, fue bien llevado por André y la mejor estocada de toda la corrida estuvo aquí, completa y bien colocada, que hizo rodar al burel en cuestión de segundos. Obtuvo una oreja, su tercera de la tarde, y el merecimiento para salir a hombros de la plaza Revolución.

Grato sabor

El festejo de aniversario dejó a todos contentos. La empresa vio una entrada más que aceptable, la ganadería cumplió (a pesar de un encierro disparejo), los matadores se encontraron con un público deseoso de fiesta brava, y la afición irapuatense vivió jubilosa esta corrida conmemorativa.

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