Óscar Jiménez

Estado.- Al inicio del nuevo milenio (año 2000), en Guanajuato había registradas 18 mil 345 motocicletas según el padrón vehicular del Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Hoy en día, y ante peticiones y políticas para el cuidado del medio ambiente, la ‘movilidad activa’ y otras situaciones, paradójicamente, el registro se ha multiplicado 22 veces.

De acuerdo a lo especificado en el último censo del INEGI en el pasado 2020, la cifra de motocicletas en circulación por alguno de los 46 municipios de la entidad ya alcanzó las 410 mil 166 unidades.

Esto pone a Guanajuato como el cuarto estado con mayor preferencia por este vehículo motorizado, sólo detrás de los registros que prevalecen en el Estado de México con más de 755 mil vehículos del tipo, Jalisco con menos de 600 mil y la CDMX que apenas rebasa a Guanajuato con 497 mil motos en circulación.

Un mal síntoma

Inicialmente, por ocupación de espacio en la vía pública, e inclusive, por emisiones como contaminantes no se ha juzgado a la motocicleta. Más bien, se cataloga como un vehículo peligroso.

Ante ello, Ernesto Ramírez, cofundador de la asociación URBE, que busca mejorías en el rubro de la movilidad, indicó que más allá que un beneficio, lo que se presenta con el uso mayoritario de las motocicletas en la región es un mal síntoma.

Foto: Luis Telles

“Son tres temas; el ambiental por cuanto consumen de recursos y cuánto emiten de gases contaminantes, el otro es el uso del espacio público y finalmente, es la seguridad vial. Por estos tres temas, la motocicleta no sirve para planear, más bien es un síntoma de una mala movilidad”, considera Ernesto ante las situaciones negativas que implica en ‘acumular’ motocicletas como el medio de transporte ‘predefinido’ en ciudades importantes como León, Irapuato, Celaya, entre otras.

Incluso, este aumento en la adquisición y el registro vehicular de las motocicletas en Guanajuato se ha puntualizado mayormente en los últimos seis años, al grado de duplicarse. Los registros indican que, apenas en 2015 había un total de 207 mil 866 vehículos de este tipo con permiso para circular por el estado; ya para 2017 eran más de 300 mil, y recientemente, se rompió -con creces- la barrera de los 400 mil.

Tiene sus razones

¿Y a qué se debe este fenómeno que se ha planteado con parámetros similares en estados como Jalisco, Nuevo León o la Ciudad de México?

Como respuesta, hay dos grandes rubros.

Inicialmente, Ernesto Ramírez, estudioso del tema, comparte que el aspecto económico, en la actualidad, se ha vuelto fundamental para definir la forma de transporte. Es más barato, por supuesto, comprar una motocicleta que un auto. Ni se diga el gasto en combustible.

Pero no es lo único. La infraestructura vial y las apuestas gubernamentales -con puentes vehiculares y demás- no ha sido el mejor desarrollo, y esto a su vez, orilla que la motocicleta se vuelva ese objeto fundamental de deseo.

“Una es el mercado y la otra son las decisiones que se toman a través del gobierno. En el caso de Guanajuato sabemos el gran loving político de las grandes manufactureras automotrices, y más bien, tendríamos que ni siquiera usar vehículos, sino más bien tener las ciudades lo suficientemente conectadas y con transportes públicos y movilidades activas con la bicicleta o el peatón”.

“Lo veo como una mala distribución en los recursos de la infraestructura pública, porque realmente la infraestructura pública es lo que podría permitir que la ciudad no estuviera desparramándose”, considera Ernesto Ramírez.

Rodar y rodar

En relación al tamaño más compacto comparado con un automóvil, la motocicleta se presenta, al menos en apariencia, como un vehículo ‘ahorrador’, y, sobre todo, con la creencia de que sus contaminantes no son mayores para el medio ambiente. Eso es erróneo.

De acuerdo a los datos referidos y trabajados por URBE, la motocicleta genera de 85 a 120 gramos de CO2 mientras que un automóvil apunta a los 100 y hasta los 175 gramos, dependiendo de diversos factores. La diferencia no es mayor, y, por lo tanto, la consecuencia contaminante es prácticamente igual.

“Nos dimos cuenta que usualmente en ciudades como ésta de talla mediana, donde se beneficia mucho los puentes vehiculares, las calles más rápidas para atravesar la ciudad lo que incentiva eso es que la gente piense que lo que más convenga es un coche, pero si no alcanza se va por esa similitud que tiene la motocicleta”, concluye Ernesto.

Preocupa su seguridad

En lo que va del año se han suscitado 58 accidentes de motociclistas, cuyo saldo además de las pérdidas materiales ha cobrado la vida de tres personas y de los conductores lesionados.

El director de Tránsito y Policía Vial, Francisco Frías Méndez, señaló que la mayoría de los accidentes son originados por imprudencia de los conductores de las motocicletas y porque no respetan las señalas de tránsito. Mencionó que, en menor medida, los causantes son los que manejan vehículos.

La mayoría de los motociclistas accidentados no portaban casco de seguridad y en el caso de las personas que han fallecido, ninguno ha traído este aditamento que sirve de autoprotección.

Por otro lado, señaló que en tres días se levantaron 100 multas de motociclistas que no portaban su equipo de seguridad y destacó que antes eran multas de cortesía, pero al ver que los conductores eran reincidentes, se determinó que ahora sí serán sanciones económicas.

El Artículo 47 de Tránsito y Policía Vial que se refiere al apartado de motocicletas establece que: se debe llevar a bordo solamente el número de personas que indique la tarjeta de circulación y en su defecto, máximo dos.

Muchos de los ciclistas y motociclistas no traen casco, van tres o cuatro tripulantes por vehículo, invaden carriles, no respetan los señalamientos de tránsito y hasta hacen acrobacias, poniendo en riesgo no sólo su vida sino la de otros.

Tan solo en agosto una pareja a bordo de una moto participaron en un accidente en donde al parecer un camión de transporte público le pegó a la moto y la mujer cayó muriendo casi al instante por el impacto en la cabeza.