¿Qué motivos tuvo entonces para cambiar su conducta y llegar a la traición? ¿Influyeron en su decisión las medidas sociales dictadas por Miguel Hidalgo?… Seguramente, puesto que el reclamo al cura fue generalizado entre los criollos, grupo social que resultaba tan perjudicado como los españoles peninsulares con la libertad de los esclavos, la restitución de las tierras comunales a los indígenas y sobre todo con darles un papel protagónico a las clases desposeídas.

El 6 de enero de 1811 el caudillo insurgente Mariano Jiménez derrotó en Agua Nueva, en los territorios del norte, a un importante contingente realista y tomó preso al gobernador de la Provincia de Nuevo León, junto con algunos colaboradores. Entre éstos se encontraba el capitán Ignacio Elizondo, identificado entonces como oficial realista.

Elizondo, un hijo de español, probablemente originario de aquella región, vio con sorpresa el trato humanitario que Jiménez dio a los prisioneros, empezando por el gobernador Cordero, y conociendo de la causa insurgente, decidió unirse a ella. Su arrojo y dedicación le valieron el reconocimiento de sus nuevos compañeros. Con el tiempo llegó a ser el subalterno más destacado de Mariano Jiménez, alcanzando el grado de teniente coronel.

Como muchos otros criollos, Ignacio Elizondo se sintió atraído por el grito libertador del cura Miguel Hidalgo. En el llamado a la independencia creyó ver una respuesta a sus propias ambiciones; imaginó una sociedad sin españoles y por lo tanto con espacios vacíos, disponibles en las áreas de mayor influencia, para los llamados españoles americanos.

Así, en Elizondo fue posible contar con un colaborador brillante que conforme a su visión se adhirió al movimiento rebelde y aun más, contribuyó a que otros lo hicieran en los actuales estados de Coahuila, Nuevo León y Texas.

¿Qué motivos tuvo entonces para cambiar su conducta y llegar a la traición? ¿Influyeron en su decisión las medidas sociales dictadas por Miguel Hidalgo?… Seguramente, puesto que el reclamo al cura fue generalizado entre los criollos, grupo social que resultaba tan perjudicado como los españoles peninsulares con la libertad de los esclavos, la restitución de las tierras comunales a los indígenas y sobre todo con darles un papel protagónico a las clases desposeídas.

Sin embargo, la defección de Elizondo debe situarse en el contexto más inmediato de la derrota insurgente en Puente de Calderón, cuya dispersión se dejó sentir más allá del campo de batalla, entre los adeptos que buscaban, ante el fracaso, la mejor de las salidas. Uno de ellos fue el traidor de las Norias de Baján.

Además, Elizondo estaba inconforme con su grado de teniente coronel y había solicitado a Ignacio Allende el de teniente general, mismo que creía merecer por los servicios prestados. ¿Era justa la petición? … Probablemente sí; pero, no se le concedió porque era colocarlo a la altura de Mariano Jiménez, quien era ya teniente general y su inmediato superior; lo que hubiera derivado en un conflicto mayor, pues los méritos de Jiménez eran sin duda mayores.

Además, Elizondo estaba inconforme con su grado de teniente coronel y había solicitado a Ignacio Allende el de teniente general, mismo que creía merecer por los servicios prestados. ¿Era justa la petición? … Probablemente sí; pero, no se le concedió porque era colocarlo a la altura de Mariano Jiménez, quien era ya teniente general y su inmediato superior; lo que hubiera derivado en un conflicto mayor, pues los méritos de Jiménez eran sin duda mayores.

Angustiado ante la derrota del movimiento en el centro y el occidente, así como resentido, Ignacio Elizondo escucha los consejos de la reacción, representada por el obispo de Linares, Primo Feliciano Marín, y conociendo la revuelta contrainsurgente de José Manuel Zambrano que había recuperado San Antonio en Texas, decide encabezar un movimiento similar en Monclova.

Así, el 19 de marzo de 1811, Elizondo entra a Monclova al frente de doscientos soldados, donde son recibidos sin ningún recelo. En la noche, en medio de un baile, toman presos al gobernador Pedro Aranda, que había sido nombrado por Jiménez, y a sus allegados, y al grito de ‘Viva el rey’ se apoderan del lugar. La traición había iniciado.

Miguel Hidalgo y los otros jefes insurgentes, desconociendo este hecho, salen de Saltillo el día 17 en una columna compuesta por 1 mil 500 efectivos, 24 cañones y custodiando medio millón de pesos. De acuerdo con lo planeado, cuentan con el paso libre por Coahuila y Texas para llegar a los Estados Unidos y no esperan ningún contratiempo. Viajan confiados y sedientos, a paso diferente según se resiste la inclemencia del desierto.

El 21, Elizondo y su pequeño contingente de 341 elementos les esperaron en el oasis de Baján y les fueron tomando prisioneros uno a uno, casi sin resistencia, en una acción que muestra la vileza de aquel jefe renegado; pero también su indiscutible inteligencia.

Reincorporado a las filas del rey, Ignacio Elizondo fue nombrado comandante general de las Provincias Internas de Oriente por el virrey Calleja. Entonces marcha a Texas a combatir las guerrillas que se habían apoderado de San Antonio. Recupera este sitio, muestra su crueldad al fusilar a la mayoría de los prisioneros; pero a mediados de septiembre de 1812 es asesinado en Ojo de Agua de los Brazos por Miguel Serrano, teniente español que había enloquecido ante los excesos cometidos en la campaña.