Opinión Otras voces

Humanidad aumentada

En pleno siglo XXI son pocas las cosas que nos sorprenden. Nuestra capacidad de adaptarnos a las novedades del entorno hacen posible que contemplemos el mundo a nuestro alrededor como algo normal, que no requiere expresiones de asombro de nuestra parte. Sin embargo cada uno de los avances de la ciencia y la tecnología de los últimos cien años podría dejar a cualquier persona educada del siglo XIV perplejo y pensando en brujerías o eventos místicos. Conforme va avanzando la humanidad nos vamos adaptando al cambio.

Precisamente a un año del anuncio de la gran pandemia del COVID-19, muchos de nosotros hemos experimentado las ventajas y desventajas del aislamiento, buscando mantener a raya un virus que ha causado mucho daño.

Afortunadamente las condiciones en las que nos encontramos con esta condición de salud global son diferentes a las que se vivieron hace cien años en 1918 con la pandemia de la gripe española, que por cierto no fue gripe ni fue española.

Para empezar por lo más obvio, a finales de la primera guerra mundial no se contaba con la tecnología actual. Computadoras e Internet ni siquiera eran algo imaginable en el momento, ni pensar por supuesto en la idea de tener videoconferencia con cualquier persona del mundo al instante. Todo eso podría haber sido una idea en mentes futuristas como las de Julio Verne o H.G. Wells, pero no una realidad.

Ya en temas más comprensibles para la época tenemos el agua potable y la electricidad, que eran recursos a los que no todos tenían acceso fácilmente, perjudicando enormemente la contención de una epidemia como estas. Y no hablemos de los avances en la medicina de ese tiempo, considerando que Alexander Fleming no descubriría la penicilina hasta 1934, salvando a millones de morir por infecciones al día de hoy sencillas de controlar.

Un punto importante para diferenciar es el acceso a la información. Se estima que en la pandemia de la gripe española murieron a nivel mundial, entre 50 y 100 millones de personas en el transcurso de tres años. Te preguntarás ¿cómo podría tenerse tanta variación en las cifras de fallecimientos? Muy simple, sin computadoras, ni sistemas de comunicación como los actuales, era prácticamente imposible identificar, contabilizar y concentrar cada caso de contagio, y mucho menos la pérdida humana. Los periódicos eran una industria relativamente reciente y las noticias podían tardar semanas en cruzar el Atlántico, considerando que, aunque el teléfono ya se había inventado para la época, fue hasta 1927 que se realizó la primer llamada trasatlántica de la historia.

Algo para reflexionar es el impacto de todas estas tecnologías y descubrimientos en nuestra vida cotidiana, y como las damos por sentadas en el día a día. A cualquier chico o chica nacidos después del año 2000 le cuesta comprender la existencia de un mundo sin Internet, redes sociales o selfies. Y es normal. La tecnología y la ciencia han servido para subirnos en los hombros de gigantes y alcanzar a ver un horizonte más amplio. En la actualidad hemos sentido mucha inquietud por la posible pérdida de empleos derivado de las nuevas tecnologías, como la robótica y la inteligencia artificial; sin embargo hemos olvidado todo lo que hemos avanzado como sociedad y como individuos, de la mano de las tecnologías existentes que hoy contemplamos como algo rutinario. Es importante considerar algunos elementos fundamentales para las oportunidades que se abrirán para la humanidad en los próximos años. Uno muy importante esta en recordar que la ciencia y la tecnología están al servicio de la humanidad y su beneficio. Son un medio para lograr un objetivo, una meta establecida por las personas.

En muchos casos estos objetivos obedecen a intereses empresariales y se traducen simplemente en utilidades de grandes corporativos, lo cual puede dejar en segundo término el bienestar de los individuos. Aquí entra la importancia de reconocer el mayor beneficio para el mayor número de personas como motor del desarrollo.

Otro elemento que influye y debemos propiciar es la poderosa habilidad del ser humano por compartir conocimientos y experiencias. Todo lo que hemos comentado hoy se ha distribuido por el mundo en la medida en que somos capaces de compartir el conocimiento. No es el dinero o la tecnología, sino el conocimiento lo que permite a las comunidades desarrollarse rápidamente, siendo más capaces y preparadas para los cambios. Finalmente la educación entra a cubrir un punto indispensable para que el futuro que viene nos agarre bien parados. Es una realidad impostergable que en los años por venir, la necesidad de aprender constantemente, de desaprender y de adaptarnos a la realidad social y laboral será una actividad necesaria y permanente.

Otro elemento que influye y debemos propiciar es la poderosa habilidad del ser humano por compartir conocimientos y experiencias. Todo lo que hemos comentado hoy se ha distribuido por el mundo en la medida en que somos capaces de compartir el conocimiento. No es el dinero o la tecnología, sino el conocimiento lo que permite a las comunidades desarrollarse rápidamente, siendo más capaces y preparadas para los cambios. Finalmente la educación entra a cubrir un punto indispensable para que el futuro que viene nos agarre bien parados. Es una realidad impostergable que en los años por venir, la necesidad de aprender constantemente, de desaprender y de adaptarnos a la realidad social y laboral será una actividad necesaria y permanente.

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