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Carlos Loret de Mola

Historias de reportero

Vamos a acabar con la corrupción… ayudados por Bartlett

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Vamos a acabar con la corrupción… ayudados por Bartlett

El presidente acusó corrupción del pasado para justificar la decisión del director Manuel Bartlett y la secretaria Rocío Nahle de recuperar la discrecionalidad para consentir a la contaminante (y cara) generación de energía de la Comisión Federal de Electricidad contra las energías renovables. Escuchamos una argumentación que suena conocida: que si son empresarios abusivos, que si son contratos leoninos, que si es para poner orden porque hubo corrupción, corrupción, corrupción…

Un breve comparativo.

Opción A: la corrupción que acusa López Obrador. No hay duda que venimos de un régimen priista brutalmente corrupto, que rompió todos los récords y límites. Sin embargo, en particular para la asignación de estos contratos de energías limpias se realizaron tres subastas con reglas públicas y criterios de adjudicación que no fueron objetados, se publicó en el Diario Oficial de la Federación el Manual de Subastas de Largo Plazo, las subastas fueron abiertas, los participantes pudieron revisar el algoritmo que seleccionó las ofertas ganadoras y se dieron en eventos públicos que contaron con la participación de decenas de empresas nacionales e internacionales. Entre las 3 subastas hubo casi 1,000 ofertas y sólo 90 fueron adjudicadas. Quizá lo más sintomático de todo: no hubo ni una sola queja de corrupción por parte de las empresas perdedoras. De hecho, los resultados fueron avalados por el Instituto Politécnico Nacional y por Transparencia Mexicana. A esto se atribuye que se obtuvieron precios entre los más baratos del mundo (menos de 20 dólares/MWh en la última subasta) que se traducen en recibos de luz más baratos para los mexicanos. Lo anterior, sin considerar que antes de la reforma energética hubo contratos legados, autoconsumos y productores independientes de energía.

Opción B: la no corrupción de López Obrador: el “golpe eléctrico” del famoso Acuerdo para remonopolizar la generación de energía eléctrica se dio en lo oscurito, por sorpresa, en viernes en la noche, sin participación de nadie, apostando por la generación con carbón porque así lo cabildea un poderoso senador de Morena y deja todo… ¡en manos de Bartlett!

¿Dónde habrá más corrupción? ¿A o B?

Lo que hemos visto con el famoso Acuerdo –el “golpe eléctrico”- es que se toma como pretexto la autoridad moral contra la corrupción y como cortina de humo la pandemia para pasar por encima de la ley y seguir avanzando el plan de renacionalización del sector eléctrico, que sistemáticamente ha ido dando pasos de manera muy planeada desde el inicio del gobierno federal actual.

La numeralia es abundante: el sector eléctrico requiere inversiones por 5 mil millones de dólares, y CFE sólo puede proveer 1,500. ¿De dónde saldrá la diferencia en un momento de crisis en las finanzas públicas?

Si el gobierno quería reforzar a CFE –una gran idea, a la que tenía todo el derecho- sin agraviar a la inversión privada, pudo haber buscado mejorar en aquellas actividades en las que mantiene el monopolio: la transmisión, distribución y suministro de energía eléctrica. Y vaya que hay de dónde cortar: se sigue desperdiciando mucha energía en el camino, por no hablar de los recibos de luz inexplicables, un problema que se ha vuelto más notorio en la pandemia, con recibos de luz carísimos que llegan a negocios… cerrados.

Pero no, optaron por el golpe, por generar desconfianza y lo están logrando: en la última colocación de bonos que hizo el gobierno federal nos dieron tasas de interés de países sin grado de inversión, cuando oficialmente aún lo tenemos.

El problema no estallará de inmediato. Las plantas generadoras tardan tres-cuatro años en operar. Hoy hay luz por las inversiones que se hicieron en el sexenio pasado, pero desde que asumió el poder el presidente López Obrador, no ha habido una planta nueva grande. Esto pone en grave riesgo de escasez de energía eléctrica en la recta final del sexenio actual y el inicio del próximo.

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Carlos Loret de Mola

El tapabocas de López Obrador

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El tapabocas de López Obrador

Washington DC.- Al presidente López Obrador le gustan los símbolos. La cancelación del aeropuerto de Texcoco fue eso. El paso de Los Pinos a Palacio Nacional, la venta del avión presidencial, los vuelos comerciales, el Tsuru y luego el Jetta, todo es simbólico y lo maneja con habilidad.

Pero en su primer viaje al extranjero como presidente de México perdió el control: el símbolo de su gira de agradecimiento a Donald Trump terminó siendo uno que no le gusta: el tapabocas.

No sólo porque después de que se negó durante 4 meses a usarlo en México, aunque anduviera de gira por los estados, se lo tuvo que poner desde que abordó el avión para dirigirse a la capital estadounidense y no pudo evitar que le tomaran fotos, que circularon de inmediato por las redes sociales y los medios. Sobre todo porque durante toda la visita de día y medio anduvo con un tapabocas figurado que no le permitió decirle todas las verdades que prometió decirle a Trump cuando era candidato presidencial.

No le dijo que ha insultado, estigmatizado, discriminado y maltratado a los mexicanos. No le dijo que ha atropellado los derechos humanos de los migrantes que cruzan la frontera en busca de una vida mejor. No le dijo que sus descripciones de los mexicanos como narcotraficantes, polleros, violadores y asesinos no se nos olvidan.

No le reclamó por su crueldad de separar a las familias migrantes. No le echó en cara la insensible y artera agresión a los derechos de los “dreamers” que llegaron de niños a Estados Unidos y han hecho su vida en la tierra del “sueño americano”.

No se quitó el tapabocas para decirle que México no va a pagar por su “bello y grande” muro fronterizo, no lo encaró para aclarar la falsedad que tantas veces repitió de que los mexicanos abusamos durante dos décadas de los pobres estadounidenses y lucramos con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

No le recordó lo que en campaña le escribió en su libro “Oye, Trump”: que es un racista, un xenófobo y un autoritario.

No le reprochó la canallada de llamar “animales” a los migrantes mexicanos.

No le refrescó la memoria de sus amenazas de imponer aranceles que subirían gradualmente hasta asfixiar a la economía mexicana si no hacía algo para detener el flujo migratorio hacia el norte.

Por supuesto, no recordó la forma en que le torció el brazo a su gobierno para dar un giro nunca visto en la postura mexicana frente a la migración y realizar un imponente despliegue militar de miles y miles de elementos para detener y deportar migrantes indocumentados.

No le dijo lo que todos los mexicanos saben: que Donald Trump ha sido el presidente de Estados Unidos que más ha insultado y humillado a México y los mexicanos y que ha estado muy, pero muy lejos de comportarse como nuestro “amigou”.

El presidente de México sólo se quitó el tapabocas para agradecerle al personaje arriba descrito porque, según el discurso lopezobradorista, nos ha tratado “con respeto y comprensión”, “nunca ha intentado imponernos algo que viole nuestra soberanía” y porque “nos respeta cada vez más”.

Mejor se hubiera dejado puesto el tapabocas.

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Carlos Loret de Mola

Trump es el salvavidas de AMLO, no al revés

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Trump es el salvavidas de AMLO, no al revés

Para un hombre que en política es tan sagaz como el presidente López Obrador, y que privilegia la agenda nacional por encima de cualquier tema global, parecería una peligrosa ociosidad su visita al presidente Donald Trump en Washington. No hay ningún tema urgente entre ambos países, no se sabe de ninguna amenaza inminente, y la excusa formal de la gira, la conmemoración de la entrada en vigor del tratado comercial TMEC, es un mero trámite para el que ya hubo tres ceremonias protocolarias entre las tres naciones firmantes.

¿Por qué entonces el presidente López Obrador visita la Casa Blanca, en un costosísimo lance de política exterior que ha sido duramente criticado por el público tanto de México como de Estados Unidos? Porque de Trump depende la Cuarta Transformación. Me explico:

El presidente mexicano ya se dio cuenta de que la pandemia ha puesto en jaque el futuro de su gobierno. El manejo sanitario ha sido un desastre: se calculaban menos de 6 mil personas muertas y ya se superan los 30 mil. El manejo económico pinta aún peor: los especialistas calculan que México será de los que tengan una más grave crisis económica a consecuencia del coronavirus. Esto, sumado a las dificultades que ya venía acarreando la implementación de lo que el presidente López Obrador se complace en llamar La Cuarta Transformación de la Vida Pública del País, auguran un gobierno fracasado.

López Obrador no es de los que va a dejar que el sexenio se le escape de las manos. Su salvavidas, a esa conclusión parece haber llegado, es Donald Trump: Trump rescató a López Obrador con equipo médico para la pandemia cuando quedó exhibido que el gobierno mexicano había desaprovechado los meses que tardó en llegar el coronavirus y no encontraba ventiladores en el mercado internacional.

Trump rescató a López Obrador ante la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) cuando quedó claro que Pemex no alcanzaría sus metas de producción petrolera y por tanto no era capaz de poner sobre la mesa un recorte a la altura de lo que le exigían los miembros de este grupo. (En primera plana, El Universal publica este martes que incluso la lopezobradorista Comisión Nacional de Hidrocarburos ya acepta que Pemex no llegará a las metas de producción petrolera prometidas por el presidente y su director general, Octavio Romero Oropeza).

La esperanza de AMLO es que Trump lo rescate otra vez. La única lógica detrás de que México no tenga un ambicioso plan fiscal de rescate económico por la pandemia es que López Obrador está calculando que Estados Unidos -que sí tiene un programa fiscal, y muy ambicioso- va a terminar acarreándonos, entre otras cosas, gracias a las ventajas que arroja el TMEC.

Frente a la crisis que viene, AMLO ve en Trump a su salvavidas. Y si para asirse a él y no ahogarse en medio de las salvajes olas de la pandemia hay que pagar el costo de ser visto como parte del tinglado electoral de Trump, pues se paga. El presidente de México evalúa que lo otro es peor para él.

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Carlos Loret de Mola

Aero-narco, la opción para pilotos en crisis

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Aero-narco, la opción para pilotos en crisis

A los pilotos les encanta subir a redes sociales sus fotos al mando de los aviones. Revisar la cuenta de Instagram de un piloto promedio es encontrárselo uniformado en cabina o posando sonriente a un lado de la nave. Esas fotos son símbolo de estatus, de éxito laboral, de los sueños cumplidos.

Pero también esas fotos dan pistas a los reclutadores del crimen organizado para ofrecer trabajo muy bien remunerado a pilotos que en plena pandemia atraviesan en la aviación comercial y privada un momento de crisis. Para que nos demos una idea: un piloto joven de Aeroméxico gana 18 mil pesos al mes, pero el narco ofrece casi 4 millones de pesos por un solo vuelo que cubra la ruta Venezuela-México.

Los reclutadores de “Aero-narco”, por llamar así a las redes aéreas al servicio del narcotráfico, se anuncian en redes sociales en general, pero también usan los hashtags de modelos de aviones en particular (#LearJet, #Hawker, #Cessna) para detectar a través de Instagram y Facebook a pilotos que sepan volar justo las aeronaves propiedad del cártel, y contactarlos para ofrecerles trabajo:

“Empresario solicita: 4 pilotos y copilotos. Al piloto se le paga 180 mil dólares por vuelo. Al copiloto 120 mil dólares por vuelo. Contratación inmediata. Son viajes a Venezuela y/o Panamá, están allá nada más una hora, el mismo día van y regresan. Solamente llevan dos o tres personas familiares de quien contrata. Regresan con carga. Salen de Monterrey, Celaya, Tabasco, Toluca. Se les paga el vuelo de donde estén, a Monterrey”.

Así reza uno de los anuncios que circula en redes sociales y que es de los muchos que llegan hasta por mensajes de Whatsapp a grupos de pilotos y expilotos, de acuerdo con varios con quienes tuve contacto y me pidieron mantener su anonimato por seguridad personal. Relatan que han recibido ofertas de hasta 400 mil dólares (casi 10 millones de pesos) por un solo vuelo de Venezuela a la frontera norte de México.

Incluso el emisario del cártel les ofrece 10 mil dólares de comisión por conseguir a una pareja piloto-copiloto que sí quiera hacer el trabajo. Según datos extraoficiales, un avión suele transportar en la carga de un solo vuelo hasta 100 millones de dólares en cocaína.

“Muchas veces te ponen aviones viejos, casi inservibles, que en el mercado casi se venden por tonelada, y te piden que los aterrices en carreteras, en caminos rurales, en milpas aplanadas… así que si no te mata el gobierno o te matan los narcos porque no quieren testigos, te matas en el avión”, me dice uno de los pilotos que fue contactado y rechazó la oferta por esta sucesión de temores.

Un expiloto de la extinta Mexicana de Aviación falleció en un accidente hace poco aparentemente en un trabajo de esta naturaleza, y este fin de semana un avión aterrizó y quedó en llamas en una carretera de Quintana Roo, según se dio a conocer. El avión presuntamente traía cocaína. En redes sociales y medios de comunicación tradicionales es fácil encontrar reportes de varios casos similares: “tienen el mismo modus operandi: aterrizan en carreteras y queman los aviones”, expresa uno de los pilotos que pidió anonimato.

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