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Carlos Loret de Mola

Historias de reportero

El truco de Bartlett para esconder nuevos contratos

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El truco de Bartlett para esconder nuevos contratos

El presidente López Obrador ha dicho que no quiere fideicomisos en su gobierno. Que son un nido de corrupción. Mandó cancelar todos para ahorrarse dinero.

Sin embargo, la semana pasada, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) anunció la creación… ¡de un fideicomiso! Le llamó Fideicomiso Maestro de Inversión. Más allá de que conocemos los privilegios de Manuel Bartlett, director general de la CFE, el asunto esconde un motivo muy preocupante: este Fideicomiso va a depender de CFEnergía, que es una empresa filial de CFE. Esto quiere decir que tiene muchos mayores márgenes de maniobra para evadir las obligaciones de transparencia que cualquier dependencia del gobierno federal, facilitando por ejemplo que no se realicen licitaciones. Por esa vía se pueden “colar” muchos actos de corrupción… y estando Bartlett al frente, pues ni qué decir.

Quizá sea pertinente recordar que justo para evadir la transparencia plena, en tiempos de la Presidencia de Felipe Calderón, la construcción de la polémica Estela de Luz se pagó a través de una empresa filial de Pemex. Se llamaba III Servicios (triple i, se pronuncia). A esa empresa este gobierno sólo le cambió el nombre. Le puso PTI Infraestructura. Es la encargada, ni más ni menos, que de repartir los contratos de la refinería de Dos Bocas. Hasta hace unos días, el director de PTI Infraestructura era Jorge Arganis Díaz Leal. Hoy es el flamante secretario de Comunicaciones y Transportes que entró en relevo de Javier Jiménez Espriú.

Recuerdo que por aquel asunto de la Estela de Luz, López Obrador hizo un muy justificado escándalo público. Hoy sería un gran opositor a sí mismo, que usa idénticos métodos para evadir la transparencia.

Baste citar que en este gobierno, que promete ser el gran parteaguas del fin de la corrupción en México, 9 de cada 10 contratos se otorgan por adjudicación directa, lo que abre la puerta, justamente, a actos de corrupción.

La otra gran paraestatal, Pemex, presentó antier resultados. Pero hay un elefante en la sala del que nadie quiere hablar: las deudas con proveedores. Estas deudas no recibidas o que no les permiten a los proveedores facturar a Pemex son de entre 80 y 100 mil millones de pesos, según me reconocen fuentes con conocimiento del estado de la petrolera mexicana. ¿Qué quiere decir esto? Que si reconocieran tal deuda, el estado de resultados presentado antier en vez de llevar una pérdida de 10 mil millones de dólares, tendría una deuda de hasta 15 mil millones de dólares. De ese tamaño la manipulación de las cifras. A esto se suma el escándalo de la “depreciación positiva”, una jugada contable tan pero tan irregular que dejó atónitos a propios y extraños. Es como decir que una computadora, conforme pasa el tiempo, vale más y más dinero. ¡Es justo al revés! Por eso se llama depreciación. Bueno, pues Pemex habla como si fuera una bodega de vinos: lo que se hace viejo, ¡vale más! Luego se quejan de que los trae en la mira el organismo regulador de Estados Unidos, la US Securities and Exchange Commission (SEC). Pues cómo no iba a ser, con tanto cochinero.

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Carlos Loret de Mola

Ese país bananero

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Ese país bananero

El Departamento de Estado de Estados Unidos, la CIA y el Pentágono tendrían que estar horrorizados, planteándose una intervención para salvar del colapso a un país del continente que empieza a tener visos de “estado fallido”. La Casa Blanca y en general el gobierno de Estados Unidos siempre se han tomado muy a pecho eso de andar rescatando democracias, tumbando tiranos e interviniendo en países, incluso militarmente, para salvar del colapso a millones de ciudadanos y velar por la estabilidad geopolítica. Se me ocurren quince ejemplos de botepronto.

Sólo que esta vez tienen un pequeño problema. El país que está dando tumbos, cuya democracia se ve amenazada, y que tiene a su ciudadanía al borde del colapso con el consabido riesgo a la estabilidad geopolítica… es el propio Estados Unidos.

Nuestro vecino del norte ha dado a últimas fechas reiteradas muestras de estar caminando hacia el estatus de “estado fallido”, de país bananero, como se les conoce con desprecio:

1.- Esta semana, el presidente Donald Trump, que busca su reelección, puso otra vez en duda la aceptación de los resultados de los comicios, en caso de que no le sean favorables. Previamente, su rival opositor, Joe Biden, se mostró seguro de que en caso de que Trump no acepte una eventual derrota electoral, el Ejército iría por él y lo sacaría por la fuerza de la Oficina Oval de la Casa Blanca.

2.- Por todo el país se han detonado protestas contra el racismo, con episodios de violencia de los manifestantes y de los policías, en buena medida debido a que el presidente Trump ha echado más gasolina al fuego: fustiga a los manifestantes como enemigos de la patria, justifica las actitudes discriminatorias y represoras de los cuerpos policiacos, y ha reforzado el despliegue militar para enfrentar a los contingentes de quienes ejercen su derecho a la protesta. Como en las más destacadas dictaduras tercermundistas, agentes vestidos de civil detienen manifestantes y los suben a camionetas oscuras sin identificación ni placas. Analistas advierten que el presidente está empujando al país hacia una guerra civil.

3.- Como si se tratara de una nación sin recursos abandonada a su suerte, Estados Unidos es el peor país del mundo en el manejo de la pandemia. No había terminado la primera ola de contagios cuando está desatada la segunda. Hospitales saturados donde hubiera sido impensable, de nuevo cifras de mil personas muertas al día por la pandemia, y una vuelta al encierro donde empezaba a reabrir la economía.

4.- La compleja situación sanitaria ha puesto en entredicho la posibilidad de realizar las elecciones y contar con resultados certeros la noche de la jornada electoral. Existe una disputa sobre las maneras de votar. Biden y los suyos empujan que, para evitar aglomeraciones en las casillas, se promueva el voto adelantado por correo. Trump y simpatizantes dicen que esto abre la puerta al fraude electoral, animando aún más la expectativa de desconocimiento de los resultados.

5.- Ambos contendientes coinciden en algo: existe interferencia extranjera en las elecciones.

Con estos cinco factores a cuestas, si fuera cualquier otro país, Estados Unidos estaría evaluando una intervención política, amagando con que “todas las opciones están sobre la mesa” para coquetear con una presencia militar. El problema es que ese país bananero es Estados Unidos.

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Carlos Loret de Mola

Viene nuevo golpe en el caso Cruz Azul

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Viene nuevo golpe en el caso Cruz Azul

El gobierno federal prepara un nuevo golpe en torno al escándalo del Cruz Azul. Fuentes de primer nivel me confirman que desde hace varios meses, la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda ha estado dibujando una matriz de empresas, algunas reales y otras fantasmas, a las que habría llegado dinero de la Cooperativa cementera de manera irregular.

Son muchas transferencias y muchas personas físicas, según la información a la que tuve acceso, y los investigadores están terminando de cuadrar todos los movimientos financieros. Los delitos que podrían fincarse incluyen evasión fiscal y operaciones con recursos de procedencia ilícita, es decir, lavado de dinero.

Hasta este momento, me dan a conocer, no han “amarrado” que en este entramado de empresas y dinero estén directamente involucrados Guillermo “Billy” Álvarez, su hermano Alfredo y su cuñado Víctor Garcés, los tres directivos cruzazulinos que formaron parte de la primera denuncia.

Este sería un segundo piso de esa primera denuncia, esa primera investigación que le revelé en diciembre del año pasado en estas Historias de Reportero y que se oficializó hace un par de meses. En diciembre de 2019, cuando di a conocer en esta columna lo que vendría, la respuesta virulenta de Guillermo Álvarez incluyó dos ataques: en varias entrevistas dijo que no era cierto lo que aquí yo había publicado y además presentó una denuncia en mi contra.

En esas andábamos cuando vino la pandemia, y en medio de ésta, la realidad lo alcanzó: a finales de mayo, la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) congeló las cuentas de “Billy” Álvarez. Luego vino un descongelamiento con el objetivo de que la Cooperativa pudiera seguir operando y los sueldos de los empleados no quedaran atrapados como víctimas de la disputa legal entre el gobierno y el directivo.

Las mismas fuentes me dicen que aún no hay fecha para la presentación del segundo expediente —el que tiene que ver con la red de empresas vinculadas al dinero de la Cooperativa— pero que están en la recta final de la indagatoria.

El manejo de este caso ha sido también motivo de una disputa al interior del gobierno de la apodada “4T”, entre el fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, y el titular de la UIF, Santiago Nieto.

SACIAMORBOS. “Veneno embotellado”, le dicen ahora. Pero en 2019, el presidente López Obrador festejó y presumió como una muestra de confianza en su gobierno sendas inversiones de Coca-Cola y Pepsi. En 2003, como jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, expropió terrenos para dárselos a la cooperativa de otro refresco: Boing. El asunto de la expropiación llegó hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que revirtió la decisión de López Obrador. La votación quedó 10-1 en contra de AMLO. ¿Sabe de quién fue el único voto a favor que cosechó? De la entonces ministra Olga Sánchez Cordero.

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Carlos Loret de Mola

¿Quién manda aquí? Ya sabemos…

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¿Quién manda aquí? Ya sabemos…

Cuando dio el golpe de la cancelación del aeropuerto de Texcoco, el entonces presidente electo López Obrador mandó un mensaje en un video que subió a sus redes sociales que se volvió un símbolo de su llegada al poder. Declaraba la separación del poder económico y el poder político con la portada de un libro: ¿Quién manda aquí?.

López Obrador manda. Basta un vistazo a la mañanera de ayer miércoles:

Escena 1. Se dio a conocer lo que se presentó como una muy buena noticia para los trabajadores. En conjunto con la iniciativa privada, Hacienda y el Poder Legislativo buscan que las pensiones se incrementen sin que esto signifique un costo para los empleados. En el sentido más neoliberal, es algo más que deseable. Salvo un par de “pequeños” problemas: el acuerdo deja fuera a los 24 millones de trabajadores informales, presiona a la población de 40-50 años que está trabajando y apuesta a que habrá una rápida recuperación económica de esta crisis al cargarle todo el costo a las empresas. Ojalá no resulte contraproducente y termine todo fomentando más la informalidad, el desempleo y el subempleo.

Escena 2. Sesión de preguntas y respuestas. Ante un provocador cuestionamiento sobre el uso del cubrebocas, el presidente no dudó un momento en volver a ridiculizar en público a su Secretario de Hacienda. Tercera desmentida en público: las tenencias, la refinería y ahora con el uso de cubrebocas como condición para la reapertura y recuperación económica. Un día antes ante empresarios, el secretario Arturo Herrera recomendó el uso de tapabocas. El presidente le dijo en su cara que estaba exagerando. Un golpe más a la autoridad de su secretario de Hacienda.

Escena 3. Le tocó al Legislativo. Reclamó al líder de Morena en la Cámara, Mario Delgado, por no haberle dado su lugar en el periodo extraordinario de sesiones a la iniciativa para cancelar los Fideicomisos Públicos. Se entiende. Él manda y necesita dinero. Hay que pagar programas sociales y la economía no va a dar ingresos ni por petróleo ni por impuestos y, pues es necesario hacerse de esos guardaditos. Ya vienen las elecciones.

¿Quién manda aquí? Está claro. Pero una cosa es mandar y otra gobernar. Y gobernar no se mide en sometimiento, sino en muertes por la pandemia, muertes por inseguridad, desempleados por la crisis económica…

SACIAMORBOS

El presidente zarandeó ayer a sus legisladores porque no han aprobado su iniciativa para cancelar los Fideicomisos. Justo un día antes, la CFE aprobó la creación del “Fideicomiso Maestro de Inversión”. Lo que hace es mantener las ganancias de CFE fuera del alcance del presidente y de Hacienda para dedicarlas a la construcción y compra de centrales eléctricas. Parece adecuado para la consecución del objetivo de una mayor generación de energía. Pero el presidente no quiere fideicomisos. Entonces, ¿quién manda aquí? Bueno, Manuel Bartlett. Ya se sabe que él juega con sus propias reglas.

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