Conecta con nosotros

Carlos Loret de Mola

Historias de reportero

En México, el coronavirus se encontrará un sistema de salud debilitado

Periodico Correo

Publicado

En

En México, el coronavirus se encontrará un sistema de salud debilitado

México sabe qué hacer frente a una amenaza como la que supone la inminente llegada del Covid-19 porque el brote de influenza por el virus A (H1N1) de 2009 dejó enseñanzas importantes que el personal de salud del Estado tiene bien aprendidas. El problema es que las decisiones políticas del último año han debilitado la capacidad de respuesta de ese aparato, en términos de financiamiento y de disponibilidad de instrumentos.

Los protocolos de acción resultantes de la aplicación al pie de la letra del manual de la Organización Mundial de la Salud durante la emergencia de hace 11 años están en pie y listos para ejecutarse, y hay en existencia medicamentos para tratar los casos de contagio.

Pero la infraestructura médica no está en su nivel óptimo debido a los recortes presupuestales y la instauración precipitada del nuevo sistema con el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), lo que hace prever un escenario en el que pese a que se sabe cómo responder no se podrán concretar las acciones necesarias. Los tiempos de espera para la atención de pacientes son más largos hoy que hace un año y medio, y si bien se cuenta con personal suficiente de médicos y enfermeros, tienen menos presupuesto disponible. Los pilares de la atención en salud pública son cobertura, calidad y financiamiento. Al debilitarse este último, se ven afectados los dos primeros.

El coronavirus del brote actual tiene un índice de letalidad menor que el coronavirus del SARS surgido en 2003, pero mayor que el del virus A (H1N1). Es decir, del número de personas infectadas, son más los casos que desembocan en la muerte, y su capacidad de diseminación es igual de elevada que la de la influenza que afectó a México.

El personal especializado en respuesta a una emergencia epidemiológica existe y está capacitado. Una buena parte estaba ya en el sistema de salud en 2009. Pero, por ejemplo, la capacidad instalada de unidades de terapia intensiva que se requerirán para los casos graves podría resultar insuficiente, así como la disponibilidad de instrumental para proporcionar a esos enfermos asistencia respiratoria permanente. Y el presupuesto necesario para atender ese flanco tampoco está garantizado.

El otro aspecto central para enfrentar una amenaza como la del Covid-19 es la decisión política. En Estados Unidos ayer mismo vimos cómo fue corregida la actitud inicial del presidente Trump de minimizar el riesgo y aparentar que con su sólo liderazgo personal y con ayuda del clima nada pasaría. Ante la opinión de los expertos sobre la seriedad del riesgo, Trump elevó a rango del vicepresidente Mike Pence la

coordinación general de la estructura responsable de asegurar una respuesta adecuada, oportuna y suficiente. No es que la infraestructura de salud estadounidense cambie con ese nombramiento, pero la manera en que fluyen los recursos y se toman decisiones de carácter nacional sin duda agiliza la aplicación de las medidas concretas.

En 2009 hubo la decisión política de aplicar los protocolos para responder al peor escenario posible. La coordinación federal con los sistemas estatales y del entonces Distrito Federal y la voluntad de tomar medidas drásticas como suspender clases en todo el país y cancelar eventos masivos ayudó a evitar una propagación mayor del virus. Pero también produjo una afectación económica del tamaño de un punto del PIB nacional.

Hoy, el gobierno de López Obrador tiene que decidir cómo enfrentará el arribo del Covid-19 desde el sistema de salud y desde el más alto nivel político, que es la Presidencia de la República. No está claro aún cuál será el camino a seguir pero tendrá que haber una definición pronto. El virus ya llegó a Estados Unidos. No hay duda de que llegará a México.

No se trata de arrastrar al pánico a la población sino de ofrecerle un plan de acción y de información que le dé confianza y le permita saber qué hacer desde la casa, la escuela y el trabajo y cómo proceder en caso de presentar los síntomas de la infección y a dónde acudir para recibir atención médica.

En este brote epidemiológico no hay cabida para acusar a un virus de ser de derecha, conservador o golpista y no hay margen para buscar culpables si las cosas no se hacen como se debe. El gobierno tiene que coordinar la respuesta médica y social adecuada con el aparato de salud del Estado y brindarle al esfuerzo el liderazgo político que requiere.

Comentarios

Continuar Leyendo
Publicidad

Carlos Loret de Mola

Un éxito, la visita

Periodico Correo

Publicado

En

Por

Edición

Un éxito, la visita

Tras haber sido derrotado ampliamente en la elección presidencial, Andrés Manuel López Obrador ha renovado bríos como el contrapeso más importante al presidente José Antonio Meade, y convocó a una Asamblea Informativa Urgente en el Hemiciclo a Juárez de la Ciudad de México para contestar políticamente a la visita que el mandatario priista realizó a Donald Trump en Washington.

La indignación explotó en México y entre los mexicanos que viven en Estados Unidos cuando, en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca, el presidente Meade dijo a Trump: “Quise estar aquí para agradecerle a usted y su gobierno por ser cada vez más respetuosos con nuestros paisanos mexicanos”. Le dijo que desde que llegó al poder, él y México han recibido de Trump “comprensión y respeto”.

A la mañana siguiente, mientras AMLO convocaba con urgencia a la manifestación en el Hemiciclo (que se encuentra coincidentemente frente a la Secretaría de Relaciones Exteriores), legisladores de Morena tomaron la tribuna del Congreso con una caricatura gigante de uno de sus moneros militantes en la que aparecía Trump como el amo y Meade como su mascota. Los morenistas y aliados llegaron todos con cubrebocas con la leyenda: “soberanía”.

En la tarde, ya en el mitin, subieron al templete frente a López Obrador varios dirigentes de organizaciones migrantes que en una sucesión de discursos retrataron las constantes vejaciones de Trump hacia la comunidad mexicana en Estados Unidos. AMLO prometió que si gana en la próxima elección presidencial, “vamos a cambiar la política bilateral con Estados Unidos; no va a ser, para empezar, de subordinación”. Los miles de simpatizantes estallaron en aplausos y vítores: “¡Fuera Trump! ¡No al muro!”. Atrás, las juventudes de izquierda saltaban al grito de “¡el que no brinque es yanqui!”.

Mientras estaban en pleno mitin, a través de Twitter les llegó la noticia de que Trump había vuelto a llamar criminales a los migrantes indocumentados y había anunciado 750 kilómetros de nuevo muro en la frontera. Cuando uno de los oradores lo mencionó a micrófono abierto, la rechifla inicial se volvió pronto un “¡se dobló, se dobló, el priista se dobló!”.

“Cada vez que haga lo que hizo Trump, va a tener respuesta, directa, no le voy a mandar a decir con el canciller, va a tener que aprender a respetarnos”, sentenció López Obrador, quien recordó que desde hace años ha sido crítico del generoso trato que ha recibido Trump de los dos presidentes priistas: Enrique Peña Nieto y José Antonio Meade. “Eso va a cambiar muy pronto”, lanzó lacónico.

El presidente Meade no habló frente a Trump ni del muro ni de la migración ni del tráfico de armas. “Si no fue a defender los intereses de México, ¿a qué fue?”, se preguntó López Obrador.

Al regresar de Washington, el presidente Meade fue brevemente entrevistado por los reporteros que siguen sus actividades: “la gira fue un éxito”, resumió, “representamos a México con dignidad y defendimos la soberanía nacional”.

SACIAMORBOS

Este artículo es fruto de la insana imaginación del autor (parte 17).

Continuar Leyendo

Carlos Loret de Mola

Ganar tiempo, el objetivo de AMLO en la visita a Trump

Periodico Correo

Publicado

En

Por

Edición

Ganar tiempo, el objetivo de AMLO en la visita a Trump

Hay varios parámetros para medir el éxito o fracaso de la visita del presidente López Obrador a su homólogo Donald Trump. Sin duda una de las que más importa es el objetivo que buscaron el propio presidente y su equipo.

¿A qué fue AMLO a Washington? A ganar tiempo. Así me lo sintetizan varias fuentes diplomáticas del gobierno federal mexicano. Ganar tiempo de julio a enero. ¿A qué se refieren? A que durante este periodo —que es el mínimo que permanecerá Donald Trump en la Casa Blanca— el presidente americano no se lance contra México, no desestabilice la de por sí maltrecha economía mexicana con amenazas comerciales, facilite el uso del TMEC para enganchar a México a la recuperación post-pandemia el poderoso vecino y que no agarre a México de piñata en la campaña política que encabeza en pos de su reelección.

El presidente López Obrador no podía decir que no a la invitación de Trump, comentan en su círculo cercano, después de que Trump había metido el hombro por México al enviar cientos de ventiladores para enfrentar la pandemia y al ofrecer cubrir la cuota de recorte a la producción petrolera mexicana en la OPEP (así lo interpretan en el gobierno, aunque los expertos dicen que más que barriles de petróleo fueron de saliva).

López Obrador, me explican, aceptó la visita con el único objetivo de ganar tiempo frente a un impredecible Donald Trump. Entonces esa es para el gobierno la medida del éxito o fracaso: que Trump no se meta con México en medio año. Arriesgada apuesta que no pueden dar por ganada salvo que en los próximos seis meses no se den amenazas comerciales que disparen el tipo de cambio, si no presiona a México con temas migratorios o de drogas (como expusimos el viernes pasado en estas Historias de Reportero, ambos asuntos se dejaron fuera de la agenda deliberadamente para que no se pelearan los dos mandatarios), si no inventa un nuevo tópico para agredir al vecino del sur. Agregaría con mención especial el tema de los migrantes: si en ese lapso Trump los sigue persiguiendo e insultando, para el presidente López Obrador aumentará el costo político de haberle dicho a su nuevo mejor amigo que es cada vez más respetuoso y comprensivo con los paisanos.

Claramente y como era previsible, Trump ha aprovechado electoralmente la visita de un presidente mexicano popular entre los migrantes.

os desmedidos elogios del presidente AMLO son ya capitalizados por Trump para acercarse votos latinos. Si Trump gana las elecciones de noviembre —hoy eso se ve complicado, pero falta suficiente tiempo—, el cálculo del gobierno mexicano es que empezará el segundo cuatrienio trumpista como miel sobre hojuelas. Claro, López Obrador habría votado por el ganador. Pero si Trump las pierde, la optimista expectativa del gobierno mexicano es que la relación con México será tan importante para Estados Unidos, que un hombre con la experiencia y el conocimiento de México como Joe Biden será lo suficientemente inteligente quizá para no acercarse mucho en lo personal a AMLO —y cobrarle así su apoyo a Trump—, pero mantener la relación fluyendo binacionalmente por la importancia estratégica y complejidad que representa para ambas naciones.

Ganar tiempo. Veremos si lo ganó. Empieza la cuenta regresiva.

SACIAMORBOS

En la misma semana, los dos nuevos mejores amigos se pusieron al fin cubrebocas en público. Tan diferentes el uno del otro.

Continuar Leyendo

Carlos Loret de Mola

El tapabocas de López Obrador

Periodico Correo

Publicado

En

Por

Edición

El tapabocas de López Obrador

Washington DC.- Al presidente López Obrador le gustan los símbolos. La cancelación del aeropuerto de Texcoco fue eso. El paso de Los Pinos a Palacio Nacional, la venta del avión presidencial, los vuelos comerciales, el Tsuru y luego el Jetta, todo es simbólico y lo maneja con habilidad.

Pero en su primer viaje al extranjero como presidente de México perdió el control: el símbolo de su gira de agradecimiento a Donald Trump terminó siendo uno que no le gusta: el tapabocas.

No sólo porque después de que se negó durante 4 meses a usarlo en México, aunque anduviera de gira por los estados, se lo tuvo que poner desde que abordó el avión para dirigirse a la capital estadounidense y no pudo evitar que le tomaran fotos, que circularon de inmediato por las redes sociales y los medios. Sobre todo porque durante toda la visita de día y medio anduvo con un tapabocas figurado que no le permitió decirle todas las verdades que prometió decirle a Trump cuando era candidato presidencial.

No le dijo que ha insultado, estigmatizado, discriminado y maltratado a los mexicanos. No le dijo que ha atropellado los derechos humanos de los migrantes que cruzan la frontera en busca de una vida mejor. No le dijo que sus descripciones de los mexicanos como narcotraficantes, polleros, violadores y asesinos no se nos olvidan.

No le reclamó por su crueldad de separar a las familias migrantes. No le echó en cara la insensible y artera agresión a los derechos de los “dreamers” que llegaron de niños a Estados Unidos y han hecho su vida en la tierra del “sueño americano”.

No se quitó el tapabocas para decirle que México no va a pagar por su “bello y grande” muro fronterizo, no lo encaró para aclarar la falsedad que tantas veces repitió de que los mexicanos abusamos durante dos décadas de los pobres estadounidenses y lucramos con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

No le recordó lo que en campaña le escribió en su libro “Oye, Trump”: que es un racista, un xenófobo y un autoritario.

No le reprochó la canallada de llamar “animales” a los migrantes mexicanos.

No le refrescó la memoria de sus amenazas de imponer aranceles que subirían gradualmente hasta asfixiar a la economía mexicana si no hacía algo para detener el flujo migratorio hacia el norte.

Por supuesto, no recordó la forma en que le torció el brazo a su gobierno para dar un giro nunca visto en la postura mexicana frente a la migración y realizar un imponente despliegue militar de miles y miles de elementos para detener y deportar migrantes indocumentados.

No le dijo lo que todos los mexicanos saben: que Donald Trump ha sido el presidente de Estados Unidos que más ha insultado y humillado a México y los mexicanos y que ha estado muy, pero muy lejos de comportarse como nuestro “amigou”.

El presidente de México sólo se quitó el tapabocas para agradecerle al personaje arriba descrito porque, según el discurso lopezobradorista, nos ha tratado “con respeto y comprensión”, “nunca ha intentado imponernos algo que viole nuestra soberanía” y porque “nos respeta cada vez más”.

Mejor se hubiera dejado puesto el tapabocas.

Continuar Leyendo

Publicidad

Portada Impresa

Cartón

Publicidad

Publicidad

Marcador

Salud

Ciencia y Tecnología

Extravagario