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Carlos Loret de Mola

Historias de reportero

El linchamiento de “los arrepentidos”

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El linchamiento de “los arrepentidos”

Uno de los deportes favoritos en las redes sociales es burlarse de quienes votaron por Andrés Manuel López Obrador y ahora critican su desempeño.

El más reciente episodio sucedió la semana pasada, cuando gobierno federal y Morena en el Congreso buscaron desaparecer de un machetazo los fideicomisos, afectando por ejemplo a personalidades del mundo del cine, muchos de los cuales apoyaron la candidatura presidencial de AMLO y ahora se quejaban enérgicamente de la medida anunciada.

Ha pasado también con voces feministas cuando el presidente se lanzó contra las marchas contra la violencia hacia las mujeres, así como con liderazgos pro-derechos humanos que se vieron sorprendidos por el talante militarista de la administración federal, y muchos otros sectores de la sociedad.

Así pues, cuando alguien que votó por López Obrador lo critica por acciones de su gobierno, le llueven sarcásticos “no podía saberse” y otras burlas. Me parece una mala práctica en el debate público por varias razones:

1.- El falso pecado de haber creído en AMLO. Frente a las lamentables gestiones del PRI y el PAN, era perfectamente entendible buscar sacudirse la corrupción y la violencia buscando una tercera ruta. En campaña, AMLO fue lo suficientemente vago en sus definiciones políticas para no perder a los duros y ganar a un buen tramo de los moderados.

2.- El falso pecado de seguir creyendo en él. López Obrador recibió un país al borde del colapso: la economía estable, pero con crecimientos mediocres, la inseguridad desatada y la corrupción en niveles récord. Nadie en su sano juicio pensaría que algo así puede resolverse en un año de gestión (aun cuando el candidato lo haya prometido).

En lo personal, pienso que López Obrador tiene al país peor de como lo recibió, y va en mala ruta. Pero más del 50% de la población, según las encuestas, cree en él y tiene esperanza de que sus medidas resuelvan los problemas. No es gente que está cegada: las mismas encuestas señalan que la mayoría reprueba los resultados económicos y de seguridad. Es sólo que permanece la esperanza.

3.- Votar no es extender un cheque en blanco. Prefiero un país que no piense que la democracia es un ejercicio de diez minutos cada tres años. Prefiero una ciudadanía que participe en los temas, que se entere, que debata. El carácter polarizador del presidente anima esa discusión. Haber votado por alguien no te quita el derecho de reprocharle, exigirle, criticarle; de hecho, a mi manera de ver, le da un peso específico distinto.

4.- De la crítica al arrepentimiento hay mucha distancia. Una crítica, un reclamo o un deslinde ante el presidente, emanado de una voz que le ha apoyado, no necesariamente significa que se retira ese apoyo, o que ya se arrepintió de haber votado por él: hay muchos que se arrepintieron, es cierto, y no tiene nada de malo; también hay desencantados, pero no al grado de retirarle el respaldo; y hay quienes disienten con alguna medida en particular, pero que siguen tremendamente esperanzados en un nuevo rumbo para el país. No merecen la descalificación ni la estigmatización.

Así planteado, sirve que existan momentos de pluralidad dentro del obradorismo que operen como contrapesos (internos) para remodelar la política pública y orillar a corregir.

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Carlos Loret de Mola

El show del pasado

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El show del pasado

Como ya se acabaron las series de Netflix en la larga cuarentena, el gobierno del presidente López Obrador pone a disposición del público una triple cartelera para el entretenimiento ciudadano: Lozoya, Duarte y Zerón.

Que nadie malinterprete: ojalá se haga justicia y se borre todo asomo de impunidad en los delitos que se imputan a los tres personajes. Pero como el mismo presidente AMLO sostuvo en su larga trayectoria como opositor, “en política no hay casualidades”:

En un momento en que López Obrador prefiere que el pueblo no vea lo que está sucediendo en el presente, se alinean tres espectáculos políticos para recordar el ominoso pasado y resucitar el discurso que lo llevó a arrasar en las elecciones de 2018. Como no tiene ningún resultado que presumir en el presente, lo que le queda es apostar por recordar el pasado: corrupción, corrupción, corrupción.

Odebrecht, Fertinal, Agronitrogenados de Lozoya. Los ranchos, el banco, el dinero a las campañas priistas de Duarte. Ayotzinapa, los interrogatorios, la verdad histórica de Zerón. Cada serie tiene varios capítulos y varias temporadas. La detención, el encarcelamiento, la extradición, el traslado, los videos, las declaraciones incriminatorias de Emilio Lozoya. La huida a Nuevo México y Florida, la aprehensión en el lote de autos, la cirugía plástica, la vida americana de César Duarte. Los nuevos hallazgos, la tortura, el escondite, la búsqueda y llamado a cuentas de Tomás Zerón.

Hay show para rato. Así la gente se distrae un poco. Se olvida de que el gobierno dijo que serían máximo 6 mil muertos por la pandemia y ya vamos en 36 mil, seis veces más. Se olvida que el gobierno prometió crecimiento económico y antes del coronavirus, ya nos tenía al borde de la recesión. Se olvida que el gobierno se quedó cruzado de brazos y a diferencia de casi todos los países del mundo, no lanzó un programa de rescate económico para la gente por el Covid; esa inacción ya quitó ingresos a 20 millones de mexicanos. Se olvida de las cifras récord de inseguridad mientras se consiente a criminales. Se olvida de que Trump se lleva elogios, pero las feministas y los papás de niños con cáncer se llevan insultos.

La narrativa ya puede ser otra. La de un presidente que cumple con su principal promesa de campaña: combatir la corrupción. Y así nos acordamos del pasado al que no queremos volver. Y así las encuestas empiezan a reflejar buenos vientos para la popularidad presidencial.

Solo que hay que recordar lo que dicen los encuestadores: este tipo de golpes de efecto no sirven de mucho si el gobierno no da resultados. Ahí está el principal reto del presidente. Por mucho que estire la trama de estos tres thrillers políticos, si no logra que mejoren las condiciones de la economía y la inseguridad, no le alcanzará.

Por ahora, a disfrutar el espectáculo.

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Carlos Loret de Mola

Un éxito, la visita

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Un éxito, la visita

Tras haber sido derrotado ampliamente en la elección presidencial, Andrés Manuel López Obrador ha renovado bríos como el contrapeso más importante al presidente José Antonio Meade, y convocó a una Asamblea Informativa Urgente en el Hemiciclo a Juárez de la Ciudad de México para contestar políticamente a la visita que el mandatario priista realizó a Donald Trump en Washington.

La indignación explotó en México y entre los mexicanos que viven en Estados Unidos cuando, en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca, el presidente Meade dijo a Trump: “Quise estar aquí para agradecerle a usted y su gobierno por ser cada vez más respetuosos con nuestros paisanos mexicanos”. Le dijo que desde que llegó al poder, él y México han recibido de Trump “comprensión y respeto”.

A la mañana siguiente, mientras AMLO convocaba con urgencia a la manifestación en el Hemiciclo (que se encuentra coincidentemente frente a la Secretaría de Relaciones Exteriores), legisladores de Morena tomaron la tribuna del Congreso con una caricatura gigante de uno de sus moneros militantes en la que aparecía Trump como el amo y Meade como su mascota. Los morenistas y aliados llegaron todos con cubrebocas con la leyenda: “soberanía”.

En la tarde, ya en el mitin, subieron al templete frente a López Obrador varios dirigentes de organizaciones migrantes que en una sucesión de discursos retrataron las constantes vejaciones de Trump hacia la comunidad mexicana en Estados Unidos. AMLO prometió que si gana en la próxima elección presidencial, “vamos a cambiar la política bilateral con Estados Unidos; no va a ser, para empezar, de subordinación”. Los miles de simpatizantes estallaron en aplausos y vítores: “¡Fuera Trump! ¡No al muro!”. Atrás, las juventudes de izquierda saltaban al grito de “¡el que no brinque es yanqui!”.

Mientras estaban en pleno mitin, a través de Twitter les llegó la noticia de que Trump había vuelto a llamar criminales a los migrantes indocumentados y había anunciado 750 kilómetros de nuevo muro en la frontera. Cuando uno de los oradores lo mencionó a micrófono abierto, la rechifla inicial se volvió pronto un “¡se dobló, se dobló, el priista se dobló!”.

“Cada vez que haga lo que hizo Trump, va a tener respuesta, directa, no le voy a mandar a decir con el canciller, va a tener que aprender a respetarnos”, sentenció López Obrador, quien recordó que desde hace años ha sido crítico del generoso trato que ha recibido Trump de los dos presidentes priistas: Enrique Peña Nieto y José Antonio Meade. “Eso va a cambiar muy pronto”, lanzó lacónico.

El presidente Meade no habló frente a Trump ni del muro ni de la migración ni del tráfico de armas. “Si no fue a defender los intereses de México, ¿a qué fue?”, se preguntó López Obrador.

Al regresar de Washington, el presidente Meade fue brevemente entrevistado por los reporteros que siguen sus actividades: “la gira fue un éxito”, resumió, “representamos a México con dignidad y defendimos la soberanía nacional”.

SACIAMORBOS

Este artículo es fruto de la insana imaginación del autor (parte 17).

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Carlos Loret de Mola

Ganar tiempo, el objetivo de AMLO en la visita a Trump

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Ganar tiempo, el objetivo de AMLO en la visita a Trump

Hay varios parámetros para medir el éxito o fracaso de la visita del presidente López Obrador a su homólogo Donald Trump. Sin duda una de las que más importa es el objetivo que buscaron el propio presidente y su equipo.

¿A qué fue AMLO a Washington? A ganar tiempo. Así me lo sintetizan varias fuentes diplomáticas del gobierno federal mexicano. Ganar tiempo de julio a enero. ¿A qué se refieren? A que durante este periodo —que es el mínimo que permanecerá Donald Trump en la Casa Blanca— el presidente americano no se lance contra México, no desestabilice la de por sí maltrecha economía mexicana con amenazas comerciales, facilite el uso del TMEC para enganchar a México a la recuperación post-pandemia el poderoso vecino y que no agarre a México de piñata en la campaña política que encabeza en pos de su reelección.

El presidente López Obrador no podía decir que no a la invitación de Trump, comentan en su círculo cercano, después de que Trump había metido el hombro por México al enviar cientos de ventiladores para enfrentar la pandemia y al ofrecer cubrir la cuota de recorte a la producción petrolera mexicana en la OPEP (así lo interpretan en el gobierno, aunque los expertos dicen que más que barriles de petróleo fueron de saliva).

López Obrador, me explican, aceptó la visita con el único objetivo de ganar tiempo frente a un impredecible Donald Trump. Entonces esa es para el gobierno la medida del éxito o fracaso: que Trump no se meta con México en medio año. Arriesgada apuesta que no pueden dar por ganada salvo que en los próximos seis meses no se den amenazas comerciales que disparen el tipo de cambio, si no presiona a México con temas migratorios o de drogas (como expusimos el viernes pasado en estas Historias de Reportero, ambos asuntos se dejaron fuera de la agenda deliberadamente para que no se pelearan los dos mandatarios), si no inventa un nuevo tópico para agredir al vecino del sur. Agregaría con mención especial el tema de los migrantes: si en ese lapso Trump los sigue persiguiendo e insultando, para el presidente López Obrador aumentará el costo político de haberle dicho a su nuevo mejor amigo que es cada vez más respetuoso y comprensivo con los paisanos.

Claramente y como era previsible, Trump ha aprovechado electoralmente la visita de un presidente mexicano popular entre los migrantes.

os desmedidos elogios del presidente AMLO son ya capitalizados por Trump para acercarse votos latinos. Si Trump gana las elecciones de noviembre —hoy eso se ve complicado, pero falta suficiente tiempo—, el cálculo del gobierno mexicano es que empezará el segundo cuatrienio trumpista como miel sobre hojuelas. Claro, López Obrador habría votado por el ganador. Pero si Trump las pierde, la optimista expectativa del gobierno mexicano es que la relación con México será tan importante para Estados Unidos, que un hombre con la experiencia y el conocimiento de México como Joe Biden será lo suficientemente inteligente quizá para no acercarse mucho en lo personal a AMLO —y cobrarle así su apoyo a Trump—, pero mantener la relación fluyendo binacionalmente por la importancia estratégica y complejidad que representa para ambas naciones.

Ganar tiempo. Veremos si lo ganó. Empieza la cuenta regresiva.

SACIAMORBOS

En la misma semana, los dos nuevos mejores amigos se pusieron al fin cubrebocas en público. Tan diferentes el uno del otro.

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