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Carlos Loret de Mola

Historias de reportero

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El arma secreta de Trump contra México

Al gobierno federal le urgía que se aprobara el nuevo TLC en el Congreso de Estados Unidos. Estaba urgido de una buena señal económica después de tantas malas que se habían acumulado y ya apuntaban a que no habría crecimiento sino decrecimiento del PIB. Era diciembre de 2019.

Sabedor de que tendría que ceder en terrenos que no iban a gustar, el subsecretario de América del Norte, Jesús Seade (quien en los últimos meses ha pasado más tiempo en China que en Estados Unidos, pero ese es otro tema), cortó la comunicación con los empresarios mexicanos, se desprendió del amplísimo grupo de asesores y expertos que apuntalaban la negociación, y se encerró en lo oscurito con los americanos para llegar a un acuerdo. Sucedió lo esperable: llegó a un acuerdo, logró que se aprobara en el Congreso el T-MEC, pero cedió mucho.

Yo soy de los que piensan que es mejor tener tratado que no tenerlo (pero también me pareció condenable que el gobierno mintiera sobre lo que México cedió a cambio de la aprobación, pero ese es otro tema).

Obviamente, al hacer el anuncio público de que se había logrado amarrar la aprobación del nuevo tratado, el subsecretario Seade quiso esconder lo que había cedido para lograrlo.

Pero quizá lo más grave que se escondió, es que, en papel y con firma, se dejó abierta la puerta a que Estados Unidos realice una estrategia masiva de juicios laborales contra México que están estructuralmente diseñados para que las empresas americanas los usen para obtener ventajas sobre las nuestras.

Según fuentes involucradas en la negociación, antes incluso de que brotara la crisis del coronavirus, el gobierno de Estados Unidos alistaba una ráfaga de juicios para sacar ventaja comercial sobre México. La preocupación ahora es que con la necesidad que tiene la Casa Blanca de reactivar su economía, esa estrategia se impulse aún más y ponga de rodillas a México, complicando su salida de una crisis económica cuyo prólogo es manufactura del presidente López Obrador y cuyo contenido central se llama coronavirus.

Durante los años de renegociación del TLC, trabajaron de la mano el sector privado y el gobierno (lo mismo en tiempos de Peña Nieto que de AMLO) para enfrentar a Estados Unidos. Esa colaboración que tanto sirvió a inicios del actual sexenio, está fisurada: el aeropuerto, los gasoductos, la expulsión del empresariado de la renegociación comercial, la rifa del avión, el manejo de Pemex, los otros datos, Constellation… el tono se ha ido endureciendo.

SACIAMORBOS

Que el presidente mande a casa con goce de sueldo a los mayores de 65 años es una medida en la dirección correcta para contrarrestar el virus, según coinciden todos los expertos tanto en salud como en economía. Ambos grupos de especialistas también coinciden en que no es suficiente: se necesita más aislamiento y más dinero a la gente que no tiene cómo hacer home-office.

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Carlos Loret de Mola

Once días después que la sociedad, el gobierno actúa

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Once días después que la sociedad, el gobierno actúa

Con la solemnidad que amerita el caso, ayer 24 de marzo de 2020, por la mañana, el gobierno federal anunció que México entró a la Fase 2 de la pandemia de coronavirus.

El general secretario del Ejército, el almirante secretario de Marina, el secretario de Hacienda, el de Salud (que sí existe), doctores, militares y servidores públicos, encabezados por el mismísimo presidente Andrés Manuel López Obrador, atestiguaron con rostros adustos el anuncio de lo que la sociedad mexicana estaba obligada a hacer por la Fase 2, declarada al detectarse (un día antes por la OMS, pero el anuncio oficial se lo reservaron para la mañanera) que ya existían contagios comunitarios y no solamente importados. La voz del parte solemne fue la del subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell:

“En primer lugar, proteger y cuidar a las personas adultas mayores y otros grupos de mayor riesgo…

“Lo segundo es suspender las clases en todo el Sistema Educativo Nacional…

“Suspender temporalmente eventos y reuniones de concentración de 100 personas o más…

“Todas las reuniones privadas, públicas, sociales o gubernamentales deben ser evitadas durante todo este mes para que se reduzca la propagación…

“Suspender temporalmente actividades laborales, pero ¿cuáles?, aquellas que impliquen la movilización de personas de sus domicilios al trabajo y de regreso…

“Se ha solicitado que todas las organizaciones, dependencias y entidades pongan en práctica sus planes de continuidad de operaciones…”.

Vaya, vaya. El gobierno anuncia con bombo y platillo medidas que la sociedad mexicana empezó a adoptar 11 días antes. El gobierno del presidente López Obrador lleva semana y media de retraso. Ha sido rebasado por la sociedad y lo de ayer fue una muestra nítida. La sociedad se ha tomado en serio el peligro, a diferencia de su líder político que sigue jugueteando con la pandemia.

Y mientras, la amenaza infecta países, colapsa los sistemas de salud pública y manda a terapia intensiva las economías.

Todas las naciones han anunciado planes de contingencia para revivir sus economías, rescatar a los trabajadores y evitar la quiebra de empresas chicas, medianas y grandes.

Bueno, no todas las naciones. México no. Primero el presidente dijo que él confiaba en que Donald Trump resolviera el asunto, y luego declaró que tiene 400 mil millones de pesos en la caja, de lo que se ahorró por corrupción (antes eran 500, ahora 400, pero jamás ha aclarado dónde está ese dinero, y el año pasado, que se supone también estaban los 500, nunca aparecieron en la economía, y ésta quedó brutalmente estancada). Si los tiene, se está tardando en repartirlos entre la gente. Si no los tiene, que pida prestado: en Estados Unidos el crédito es a tasa cero.

Hasta ahorita en México la única medida real de apoyo económico a la gente vino –quién lo iba a pensar- de los bancos que plantearon una tregua de 4 meses en el cobro de intereses. El gobierno podría ayudarles no obligándolos a hacer reservas. Basta con un oficio de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores.

El gobierno federal podría, además de apoyar a las familias en riesgo, cancelar proyectos improductivos (refinería, tren) para dar ese dinero a la gente que lo necesita, diferir el pago de impuestos, permitir la deducibilidad del 100% de las inversiones en el primer año que se hagan, condonar impuestos a quienes no despidan trabajadores o contraten a más, y una larga lista de etcéteras que circulan en los planes de rescate de todos los países… que se están tomando en serio el impacto económico del coronavirus.

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Carlos Loret de Mola

La derrota de los farsantes

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La derrota de los farsantes

Nos ha tocado vivir en un mundo  en  el  que  se  ha puesto  de  moda  cuestionar  la  globalización. Candidatos  que  apelan  al  nacionalismo,  que  apuestan  a  la  polarización  entre  pensamientos  distintos, que  reivindican  la  soberanía  como sinónimo  de  yo  soy  yo  y  depender de alguien más es un peligro.

Nos ha tocado vivir en un mundo  en  el  que  la  ciencia  ha  perdido su  lugar  de  honor.  Porque  los  líderes  niegan  lo  que  los  científicos han  probado,  sea  el  calentamiento global,   sean   las   mediciones   económicas,  sea  la  contaminación.  Se recortan   presupuestos   a   la   ciencia  y  tecnología,  se  minimizan  sus aportaciones,  se  desdeñan  sus  resultados, se tachan de conspiración interesada sus evidencias.

Nos ha tocado vivir en un mundo  en  el  que,  dientes  para  afuera, todos  los  poderosos  dicen  que  hay que  cuidar  el  planeta.  Y  casi  nadie lo  hace.  Sentidos  discursos  sobre cómo el desarrollo económico ya no puede  generar  devastación  a  la  naturaleza, pero naciones de todos los tamaños siguen apostando a ello.

Nos   ha   tocado   vivir   en   un mundo   que   ha   encontrado   los métodos  más  eficaces  para  alejarnos  de  los  más  cercanos.  Para desfamiliarizarnos. Y para culpar de ello a la tecnología. Y entonces una  familia  que  no  convive,  que reduce  a  monosílabos  su  interacción,  tiene  la  excusa  fácil  de  culpar al celular, a las redes sociales, a  plataformas  que  distribuyen  videos  de  esta  permanente  captura de la mente individual.

Y en eso llegó el coronavirus.

Su peligro, su amenaza, su letalidad,  su  impacto,  han  demostrado al mundo que, en contra de los políticos   farsantes,   la   globalización es  irreversible,  que  estamos  conectados  a  pie,  por  avión  y  por  barco. Que  una  mujer  de  Wuhan  puede estar casada con un hombre de Chi-cago  y  mover  un  virus  entre  continentes, entre potencias rivales. Que dependemos todos de todos, que las fronteras no nos protegen de nada.

Que  frente  al  surgimiento  de la  pandemia,  científicos  de  todo el  planeta  son  los  que  tienen  la salvación,  y  ahora  sí  volteamos  a verlos con esperanza, les gritamos para que nos lancen su salvavidas en  medio  del  mar  agitado.  Que ahora  sí,  todo  el  dinero  que  necesiten, todo el apoyo, porque tienen toda la atención de quienes solían desdeñarlos.   ¿Y   cómo   trabajan? En   unidad,   haciendo   el   equipo más  grande  de  la  historia.  Que los  chinos  –quién  lo  iba  a  decir- ponen  a  disposición  de  todos  los científicos del mundo sus datos e investigaciones sobre el coronavirus. Y así los demás. Borrando las estúpidas  ideas  de  soberanía,  de autosuficiencia. Que dos mil cabe-zas  en  doscientos  países  piensan más  que  solo  un  puñado  en  una sola nación.

Que vamos a detener el mundo por  un  rato,  pero  –lástima,  Mafalda- nadie se puede bajar. Y entonces podemos vivir sin usar tanto el vehículo,  sin  contaminar  sin  control, sin desperdiciar lo más básico. Que muchos   podemos   trabajar   desde casa  y  ser  igualmente  productivos. Pero más solidarios. Que despierta una  conciencia  porque  este  virus quizá  deje  más  pobres  que  enfermos. Y que eso no puede ser.

Que  ahora  hay  que  convivir  en familia.  Y  vernos  las  caras,  y  reconocernos,   y   platicar,   y   disfrutar-lo.  Que  se  extinguen  las  fugas,  se cierran  las  salidas  de  emergencia. Que  la  tecnología  es  aliada.  Que los aparatos pueden ser amigables, pero no son amigos ni tampoco son familia. Porque esos son de carne y hueso,  y  no  se  les  acaba  la  batería. Que las redes pueden ser fuente de temas de conversación, y no pretexto para no conversar.

Llega,  pues,  el  coronavirus,  y todo lo que creímos que era inamovible, se mueve.

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Carlos Loret de Mola

Aquí no pasa nada

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Aquí no pasa nada

Estados Unidos anunció el martes un plan para reactivar su economía, equivalente a un billón de dólares (un trillón dicho en inglés). En México, el mismo martes el gobierno anunció que ya tiene disponibles 150 millones de dólares para comprar tapabocas y guantes para los doctores que atienden a pacientes con coronavirus.

Los presidentes de todo el mundo están dedicados de tiempo completo a hacer informes en cadena nacional y ruedas de prensa para dar a conocer nuevas y más drásticas medidas sanitarias y económicas contra el coronavirus. En México, ayer miércoles la conferencia mañanera empezó con una explicación de cómo va la construcción del aeropuerto de Santa Lucía.

El director general de la Organización Mundial de la Salud ha dicho que los gobiernos deben instruir a sus ciudadanos medidas de distanciamiento social, de permanecer en casa, como única vía para retardar los contagios y no colapsar los sistemas de salud. En México, ayer el presidente AMLO organizó un acto con 450 invitados para conmemorar el 82 aniversario de la expropiación petrolera.

El propio director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, pidió antier con un énfasis inusitado que los gobiernos del mundo hicieran todas las pruebas posibles de coronavirus a sus ciudadanos: “hagan pruebas, hagan pruebas, hagan pruebas”, dijo. En México el gobierno dice que hacer muchas pruebas es una pérdida de tiempo.

Donald Trump ya se convenció del peligro del coronavirus. Lo estuvo desdeñando todo lo que va del año. Esta semana sus discursos han sido de franca alerta. Era el único mandatario que faltaba en darle el golpe a la gravedad del asunto. Bueno, no: Bolsonaro en Brasil y López Obrador en México siguen pensando que el resto del mundo está exagerando.

Menos mal que Trump ya entendió la dimensión de la pandemia. Porque en México, ayer el presidente dijo que no hacía falta ningún plan fiscal extraordinario porque “nosotros pensamos que se va a estabilizar la economía mundial porque está interviniendo el gobierno de Estados Unidos… y van a hacer todo por estabilizar. Eso ayuda a todos los países del mundo, no le conviene a nadie que haya recesión mundial o crisis”.

Ayer en su conferencia matutina el presidente de México mostró una estampita religiosa, un amuleto protector, “detente, enemigo, el corazón de Jesús está conmigo”. Sería chistoso, hasta divertido, significaría un necesario brochazo de sentido del humor, si estuviéramos frente a un Jefe de Estado que hubiera entendido la gravedad de la pandemia, que hubiera realizado el mayor número de pruebas posibles para contar con un buen diagnóstico, que hubiera ordenado la suspensión de actividades para contener el virus y que hubiera anunciado un millonario plan de rescate a la economía. Pero no. Es López Obrador.

SACIAMORBOS

1.- Eso de que el gobierno de México no haga ningún plan de rescate económico para nuestro país confiado en que Estados Unidos va a hacer todo por estabilizar porque no le conviene que haya crisis, ¿no califica como cederle la rectoría del manejo económico mexicano a Donald Trump?

2.- No me quiero creer la versión de que no quisieron ordenar las medidas restrictivas para no parecerse a lo que hizo Calderón cuando brotó en México la influenza A-H1N1… porque eso ya sería mucho complejo.

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