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Carlos Loret de Mola

Historias de reportero

Dosis moderadas de aerosol defensivo natural

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Dosis moderadas de aerosol defensivo natural

Las palabras importan: lo que dice el presidente pesa y tiene consecuencias. Lo he expresado muchas veces.

El miércoles vimos un episodio que lo demuestra. Alguien en el equipo de seguridad del presidente decidió que era buena idea arrojar gas lacrimógeno a un grupo de alcaldes que se manifestaban frente a Palacio Nacional y exigían ser recibidos por el mandatario para pedirle que se asignen más recursos a los municipios del país.

La protesta era mayoritariamente de alcaldes panistas, pero había de varios partidos. Incluso tres de Morena.

Es posible que la ecuación haya funcionado más o menos así: Alcaldes = políticos. Panistas = corruptos. Opositores = fifís. Como sea, el equipo de seguridad del Presidente los recibió con gas cuando empezaron los empujones en la Puerta Mariana de Palacio Nacional.

“No pasó nada grave, no hubo heridos, no hubo violencia…”. ¿No pasó nada grave? Nadie piensa que lo ordenó el Presidente. Hubiera sido muy sencillo para él reprobar la acción y seguir a otra cosa, pero cuando le preguntaron en la mañanera, justificó la agresión y, como hace cada vez que hay un cuestionamiento, descalificó a los alcaldes: agresivos, provocadores, desesperados.

¿No es grave lo que ocurrió? Este presidente se conmueve por el sufrimiento de los delincuentes más sanguinarios y de sus mamás cuando son encarcelados, los considera “pueblo” y rechaza usar la fuerza contra ellos porque sería “represión” pese a que ellos sí que echan mano de la violencia y las armas para atropellar, despojar, extorsionar, aterrorizar y asesinar a ciudadanos.

Este presidente rechaza mover un dedo en contra de los maestros de la CNTE cuando bloquean vías del tren y causan pérdidas de miles de millones de pesos a la economía, cuando bloquean el Congreso y las calles, cuando vandalizan instalaciones oficiales. Él no los va a “reprimir”. Al contrario, les da todo lo que exigen

–dinero, plazas, privilegios- y les regala el control de la educación pública de México.

Este presidente desecha por completo el uso de la fuerza o la acción legal contra los normalistas que secuestran a 90 personas por más de una semana y se apoderan de autobuses. Él nunca va a “reprimir” al pueblo de México. Al contrario, les manda a un alto funcionario a dialogar, les regala plazas automáticas, les garantiza impunidad por sus delitos.

Este presidente descarta usar la fuerza legítima del Estado contra los cárteles mexicanos, que están entre las organizaciones criminales más poderosas del mundo, porque él no va a “reprimir al pueblo”. Por el contrario, les manda abrazos, los respeta, los deja ir.

Pero este presidente, a la primera señal de empujones, recibe con gas lacrimógeno a las autoridades elegidas del primer nivel de gobierno, el que está en contacto más directo con la gente. Tan legítimos como él. ¿Qué hubiera dicho si estuviera en la oposición? ¿Estaríamos ya a las puertas de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos?

Es preocupante, diría que ominoso. Y no se trata de caer en el juego de empezar a buscar qué alcaldes de los que estaban ahí son aceptables moralmente para los tramposos y cambiantes estándares religiosos del régimen y quiénes no. Estaban pidiendo audiencia, son autoridades elegidas por los ciudadanos –por “el pueblo”, pues- y no cometieron ningún delito. No hay justificación para arrojarles gas desde la casa del presidente. Ni aunque haya sido poquito, como con perversidad sugirió el estrambóticamente orwelliano-kafkiano comunicado oficial de Presidencia: “Se dispersó una dosis moderada de aerosol defensivo natural en el ambiente, que no puso en riesgo la vida de ninguna persona”. Ah, bueno.

SACIAMORBOS

Hace unos días, el juez noveno de Distrito de Baja California, Miguel León Bio, determinó echar para abajo la titulación de mil 700 hectáreas de la Bahía de San Quintín, que realizó la Sedatu, en tiempos de Rosario Robles, en favor de personajes vinculados al PRI. Los terrenos eran propiedad privada y no importó en esa Secretaría. Cerraron la venta, a 74 pesos la hectárea. Lo denunciamos en Despierta, en la tele, en octubre de 2017. Después de un largo juicio, seguirán siendo áreas de conservación natural, como lo decidió su dueña original, la organización proambiental, Terra Peninsular. Y ahora sabemos que la UIF va contra la exsecretaria por este asunto.

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Carlos Loret de Mola

Los nombres secretos del gabinete

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Los nombres secretos del gabinete

Los secretarios tenían nombres claves. Louis Vuitton era Luis Videgaray, el secretario de Hacienda, que compartía iniciales con la carísima marca. Miguel Osorio Chong, el titular de Gobernación, era Michael Kors, por ser tocayo del prestigiado diseñador. Gerardo Ruiz Esparza (q.e.p.d.) era Richard Gere, por su parecido físico con el famoso actor hollywoodense.

Y así se referían a ellos en chats y llamadas telefónicas los legisladores involucrados en el Pacto por México, en el arranque del sexenio de Peña Nieto: “estuve con el señor Kors”, “Louis Vuitton me dijo que me buscaba mañana”, “¿ya te reuniste con Richard Gere?”. Eran tiempos de amarres para aprobar una andanada de reformas. Así me lo revelan varias fuentes consultadas sobre dichas negociaciones.

Ese periodo de la vida política mexicana está ahora bajo escrutinio tras la captura del entonces director general de Pemex, Emilio Lozoya. El gobierno del presidente López Obrador ha generado la expectativa de que Lozoya contará, con pelos y señales, los presuntos actos de corrupción cometidos en el marco del Pacto, y presentará pruebas contundentes, incluso videos.

Lozoya aparentemente siempre sintió una atracción por las grabaciones clandestinas. Según me revelan fuentes con acceso a esta información, hasta sus “oficinas alternas”, ubicadas en la calle de Montes Urales de las Lomas de Chapultepec, solían llegar bolsas con toda suerte de aditamentos para grabar sin que el interlocutor se diera cuenta: cámaras escondidas en corbatas de las que tienen el nudo hecho de fábrica, dispositivos de video y audio en plumas de marca…

Por la narrativa gubernamental que ha acompañado a la detención de Lozoya y su integración como testigo colaborador —tras una breve estancia en el hospital, ya está en casa el exfuncionario—, la mira está puesta en el PAN y algunas de sus principales figuras. Parecen ser los primeros objetivos a debilitar. Pura lógica electoral de cara al 2021. “Louis Vuitton” y “Michael Kors” no parecen ser la prioridad del gobierno morenista.

SACIAMORBOS

Curiosamente, tampoco parecen ser la prioridad del caso Lozoya las figuras del Partido Verde Ecologista de México, que en tiempos del Pacto Por México eran socios indivisibles del régimen de Peña Nieto y ahora, en esa inempatable pericia para saltar a las filas del bando ganador, son aliados del presidente López Obrador.

Me cuentan las mismas fuentes que el Partido Verde era como el apestado del Pacto. Los partidos “grandes” (PAN, PRD, incluso PRI) no querían ni que apareciera el logotipo del tucán en los actos reformistas. No sé si esa era la principal preocupación de “los verdes”, tanto como participar en el esquema de “moches”, los recursos etiquetados del presupuesto federal para obras que determinado político decidía a dónde debían irse a cambio de que un porcentaje del monto se le quedara como ganancia por fungir de intermediario. Relatan que la cuota de los integrantes del Verde involucrados en esta trama empezó siendo del 10%… y para el final del sexenio había escalado a 70%. ¿Estará el presidente listo para exhibir a sus hoy aliados, o guardará esos y otros nombres en el cajón de los secretos?

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Carlos Loret de Mola

El enojo contra Gatell… dentro del gobierno

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El enojo contra Gatell… dentro del gobierno

Hugo López-Gatell, el subsecretario de Salud y vocero ante la pandemia, sigue generando chispas dentro del gobierno del presidente López Obrador. Varios de los colaboradores de mayor confianza del primer mandatario han chocado con él.

La principal fuente de tensión es que aparentemente López-Gatell no sabe trabajar en equipo y no cumple con los acuerdos a los que llega con sus colegas. “Al subsecretario estrella ya se le subió la fama”, dicen. Pero sobre todo, el problema que subyace en las disputas es que por su culpa, todos en Morena están pagando una alta factura política ante una pandemia fuera de control.

El secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard; el vocero presidencial, Jesús Ramírez; y el director general del IMSS, Zoé Robledo; son algunos de los funcionarios de alto nivel que han tenido raspones con López-Gatell en las últimas semanas, según me cuentan varias fuentes. Es normal que lo nieguen públicamente. Pero ya ve lo que sucedió con la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum: cuando hace dos meses publicamos sus disputas, ambos lo negaron ante los medios de comunicación; sin embargo, apenas este fin de semana la jefa de Gobierno aceptó que “hay diferendos, pues sí, sí hay diferendos, pero eso no se tiene que traducir en pedir la renuncia de un subsecretario”. La pura verbalización del asunto es un mensaje. Agregue “los diferendos” con los gobernadores morenistas de Baja California, Puebla y Tabasco. Éste último incluso captado en video diciendo: “yo ya no puedo con Gatell”.

No hace falta elaborar en el tamaño de desastre del trabajo del doctor López-Gatell. El “científico del gabinete” se volvió el meme nacional: desde su incapacidad para proyectar los picos de la pandemia, pasando por su aversión a pruebas y cubrebocas, hasta llegar a su trágica predicción de que tendríamos máximo 6 mil personas muertas… y ya vamos a llegar a 50 mil. Una frase sintetiza el resultado de la gestión de la dupla López Obrador-López-Gatell del coronavirus: México es el tercer país con más muertos por la pandemia.

Pero con todo y estos números, y a pesar de estos pleitos, López-Gatell puede estar tranquilo. Desde un inicio quedó claro que su prioridad nunca ha sido el cuidado de la gente ni la construcción de amistades en el gabinete. Su auditorio es de una persona: el presidente. Abandonó la ciencia con tal de complacer el oído presidencial y casi medio año pandemia adentro, lo mejor que le pudo haber pasado, le pasó: nueve gobernadores de oposición y los tres partidos nacionales a los que pertenecen, pidieron su renuncia. Nada mejor para apuntalar su figura en el ánimo del presidente. Gatell se ha sumado al discurso de los intereses oscuros, de los medios de comunicación que conspiran, de los adversarios conservadores. La carta de los gobernadores es su mejor boleta de calificaciones frente a López Obrador.

Si su evaluación fuera epidemiológica, estaría reprobado. Pero como la evaluación es política, ha sabido hacer lo que se tiene que hacer en Morena para escalar: ganarse el visto bueno de un solo hombre, el presidente.

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Carlos Loret de Mola

El truco de Bartlett para esconder nuevos contratos

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El truco de Bartlett para esconder nuevos contratos

El presidente López Obrador ha dicho que no quiere fideicomisos en su gobierno. Que son un nido de corrupción. Mandó cancelar todos para ahorrarse dinero.

Sin embargo, la semana pasada, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) anunció la creación… ¡de un fideicomiso! Le llamó Fideicomiso Maestro de Inversión. Más allá de que conocemos los privilegios de Manuel Bartlett, director general de la CFE, el asunto esconde un motivo muy preocupante: este Fideicomiso va a depender de CFEnergía, que es una empresa filial de CFE. Esto quiere decir que tiene muchos mayores márgenes de maniobra para evadir las obligaciones de transparencia que cualquier dependencia del gobierno federal, facilitando por ejemplo que no se realicen licitaciones. Por esa vía se pueden “colar” muchos actos de corrupción… y estando Bartlett al frente, pues ni qué decir.

Quizá sea pertinente recordar que justo para evadir la transparencia plena, en tiempos de la Presidencia de Felipe Calderón, la construcción de la polémica Estela de Luz se pagó a través de una empresa filial de Pemex. Se llamaba III Servicios (triple i, se pronuncia). A esa empresa este gobierno sólo le cambió el nombre. Le puso PTI Infraestructura. Es la encargada, ni más ni menos, que de repartir los contratos de la refinería de Dos Bocas. Hasta hace unos días, el director de PTI Infraestructura era Jorge Arganis Díaz Leal. Hoy es el flamante secretario de Comunicaciones y Transportes que entró en relevo de Javier Jiménez Espriú.

Recuerdo que por aquel asunto de la Estela de Luz, López Obrador hizo un muy justificado escándalo público. Hoy sería un gran opositor a sí mismo, que usa idénticos métodos para evadir la transparencia.

Baste citar que en este gobierno, que promete ser el gran parteaguas del fin de la corrupción en México, 9 de cada 10 contratos se otorgan por adjudicación directa, lo que abre la puerta, justamente, a actos de corrupción.

La otra gran paraestatal, Pemex, presentó antier resultados. Pero hay un elefante en la sala del que nadie quiere hablar: las deudas con proveedores. Estas deudas no recibidas o que no les permiten a los proveedores facturar a Pemex son de entre 80 y 100 mil millones de pesos, según me reconocen fuentes con conocimiento del estado de la petrolera mexicana. ¿Qué quiere decir esto? Que si reconocieran tal deuda, el estado de resultados presentado antier en vez de llevar una pérdida de 10 mil millones de dólares, tendría una deuda de hasta 15 mil millones de dólares. De ese tamaño la manipulación de las cifras. A esto se suma el escándalo de la “depreciación positiva”, una jugada contable tan pero tan irregular que dejó atónitos a propios y extraños. Es como decir que una computadora, conforme pasa el tiempo, vale más y más dinero. ¡Es justo al revés! Por eso se llama depreciación. Bueno, pues Pemex habla como si fuera una bodega de vinos: lo que se hace viejo, ¡vale más! Luego se quejan de que los trae en la mira el organismo regulador de Estados Unidos, la US Securities and Exchange Commission (SEC). Pues cómo no iba a ser, con tanto cochinero.

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