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Carlos Loret de Mola

Historias de reportero

Once días después que la sociedad, el gobierno actúa

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Once días después que la sociedad, el gobierno actúa

Con la solemnidad que amerita el caso, ayer 24 de marzo de 2020, por la mañana, el gobierno federal anunció que México entró a la Fase 2 de la pandemia de coronavirus.

El general secretario del Ejército, el almirante secretario de Marina, el secretario de Hacienda, el de Salud (que sí existe), doctores, militares y servidores públicos, encabezados por el mismísimo presidente Andrés Manuel López Obrador, atestiguaron con rostros adustos el anuncio de lo que la sociedad mexicana estaba obligada a hacer por la Fase 2, declarada al detectarse (un día antes por la OMS, pero el anuncio oficial se lo reservaron para la mañanera) que ya existían contagios comunitarios y no solamente importados. La voz del parte solemne fue la del subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell:

“En primer lugar, proteger y cuidar a las personas adultas mayores y otros grupos de mayor riesgo…

“Lo segundo es suspender las clases en todo el Sistema Educativo Nacional…

“Suspender temporalmente eventos y reuniones de concentración de 100 personas o más…

“Todas las reuniones privadas, públicas, sociales o gubernamentales deben ser evitadas durante todo este mes para que se reduzca la propagación…

“Suspender temporalmente actividades laborales, pero ¿cuáles?, aquellas que impliquen la movilización de personas de sus domicilios al trabajo y de regreso…

“Se ha solicitado que todas las organizaciones, dependencias y entidades pongan en práctica sus planes de continuidad de operaciones…”.

Vaya, vaya. El gobierno anuncia con bombo y platillo medidas que la sociedad mexicana empezó a adoptar 11 días antes. El gobierno del presidente López Obrador lleva semana y media de retraso. Ha sido rebasado por la sociedad y lo de ayer fue una muestra nítida. La sociedad se ha tomado en serio el peligro, a diferencia de su líder político que sigue jugueteando con la pandemia.

Y mientras, la amenaza infecta países, colapsa los sistemas de salud pública y manda a terapia intensiva las economías.

Todas las naciones han anunciado planes de contingencia para revivir sus economías, rescatar a los trabajadores y evitar la quiebra de empresas chicas, medianas y grandes.

Bueno, no todas las naciones. México no. Primero el presidente dijo que él confiaba en que Donald Trump resolviera el asunto, y luego declaró que tiene 400 mil millones de pesos en la caja, de lo que se ahorró por corrupción (antes eran 500, ahora 400, pero jamás ha aclarado dónde está ese dinero, y el año pasado, que se supone también estaban los 500, nunca aparecieron en la economía, y ésta quedó brutalmente estancada). Si los tiene, se está tardando en repartirlos entre la gente. Si no los tiene, que pida prestado: en Estados Unidos el crédito es a tasa cero.

Hasta ahorita en México la única medida real de apoyo económico a la gente vino –quién lo iba a pensar- de los bancos que plantearon una tregua de 4 meses en el cobro de intereses. El gobierno podría ayudarles no obligándolos a hacer reservas. Basta con un oficio de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores.

El gobierno federal podría, además de apoyar a las familias en riesgo, cancelar proyectos improductivos (refinería, tren) para dar ese dinero a la gente que lo necesita, diferir el pago de impuestos, permitir la deducibilidad del 100% de las inversiones en el primer año que se hagan, condonar impuestos a quienes no despidan trabajadores o contraten a más, y una larga lista de etcéteras que circulan en los planes de rescate de todos los países… que se están tomando en serio el impacto económico del coronavirus.

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Carlos Loret de Mola

AMLO trata de prometer un futuro… recordando al pasado

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AMLO trata de prometer un futuro… recordando al pasado

Más vale no ver el presente. La pandemia rompe récords y su gobierno se contradice sobre su impacto y duración. La economía inicia su desplome y su administración no quiere comprar los paracaídas. La inseguridad sigue subiendo y no cambian estrategia ni discurso. La corrupción salpica a sus más cercanos y él prefiere hacer como que no ve.

Andrés Manuel López Obrador no quiere conjugar ningún verbo en presente. No tiene cómo. Está inmerso en una realidad que muestra crisis para donde voltee. Por eso, para trazar un futuro, para convencer a los mexicanos de que no hay que perder la esperanza en su gobierno, no le queda más que mirar al pasado.

Ahogado por la coyuntura, el presidente recibe oxígeno político de los escándalos del sexenio anterior: el exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, promete cooperar con la Fiscalía General de la República y contar todo lo que sabe; mientras el investigador en jefe del caso Ayotzinapa, Tomás Zerón, está prófugo y con orden de captura internacional.

Por eso, el pasado ocupa un lugar preponderante en el discurso de ayer miércoles para conmemorar los dos años de su victoria electoral: a falta de resultados que presumir, volver a lo que conquistó el voto: miren qué mal lo hacían con la inseguridad, miren qué mal lo hacían con la corrupción.

López Obrador empezó a hablar del pasado en el primer minuto de su discurso. Es literal. En el minuto uno empezaron a desfilar conceptos como otros gobiernos, neoliberalismo, y el recuerdo doloroso de Ayotzinapa.

Por sexta vez en el sexenio, un informe acartonado, al viejo estilo, sin autocrítica, que podría ser de Salinas, Zedillo, Calderón, Peña Nieto, Echeverría… aunque se agradece que este haya sido mucho más breve, aunque no nos salvamos de escuchar otra vez que si ya no hay Estado Mayor ni Cisen, que si es austero y no usa avión presidencial, que si Santa Lucía es más barato que Texcoco, que Dos Bocas va muy bien, que si canceló las pensiones de los exmandatarios, que si los impuestos en la frontera, que si bajó 95% el huachicol, que si los árboles frutales y maderables, que si Los Pinos ya es centro cultural; la novedad es que agregó el asunto de los factureros.

En un desapego asombroso a la realidad soltó frases como que en la pandemia se ha informado con precisión, que ya no hay corrupción ni impunidad, que ya se vive un Estado de Derecho, y que como abren más Oxxos, la economía está creciendo.

Si no lo vio, no se preocupe. El 1 de septiembre hay otro igual..

Saciamorbos

“Nunca se había insultado tanto a un presidente. La respuesta ha sido la tolerancia y no la censura”. Ja.

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Carlos Loret de Mola

Los nada sutiles mensajes entre Harfuch y el cártel Jalisco

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Los nada sutiles mensajes entre Harfuch y el cártel Jalisco

 Los dos grupos se han mandado el mismo mensaje: esto no ha terminado. Lo que sigue está pintado de sangre para la Ciudad de México.

Desde su cama del hospital en la que se recupera del atentado del que fue víctima el viernes, el secretario de Seguridad Ciudadana de la capital del país, Omar García Harfuch, ha publicado dos fotografías. Una con su jefa, la gobernante de la ciudad Claudia Sheinbaum. Y otra con Santiago Nieto, titular de la Unidad de Inteligencia Financiera y, según ha publicado EL UNIVERSAL, parte de la lista de “objetivos” del cártel Jalisco Nueva Generación. En ambas imágenes, García Harfuch posa sonriente, con el gesto tranquilo y luce sano. En la segunda, como no queriendo, aparece en un rincón, atrás de ambos funcionarios, el equipo de guerra.

No pueden considerarse casualidades. El jefe policiaco de la capital del país está mandado un mensaje a los criminales que buscaron asesinarlo: no me duró el ataque, y estoy alistándome para ir por ustedes.

Del otro lado, fuentes del gobierno federal me confirman que los cuerpos de inteligencia han recibido mensajes del cártel Jalisco Nueva Generación: no lo vamos a perdonar.

En resumen, de los dos lados hay apetito de guerra y sed de venganza. Lo previsible para los analistas del gobierno federal es que en la Ciudad de México se registren episodios de mucha violencia, sobre todo tan pronto se reincorpore de lleno a sus tareas el secretario García Harfuch: es esperable que, de nuevo al mando y en operatividad plena, él busque dar golpes contundentes contra quienes le quisieron cobrar la vida, y el cártel Jalisco Nueva Generación, el más poderoso de los últimos años, ha exhibido que tiene la penetración, los recursos y la determinación de dar la pelea. En estos mensajes, el CJNG ha exhibido que se siente agraviado y objeto de un trato desigual: mientras a sus rivales de Sinaloa les liberan al hijo, saludan a la mamá y mandan los mejores deseos desde la mañanera al capo preso en Estados Unidos, a ellos les recetan plomo y la extradición del hijo.

Vendrán tiempos aún más violentos.

Del lado de la política, el atentado también ha movido fichas. Omar García Harfuch, con tantos elogios y solidaridad recogidos, con el público apoyo del presidente López Obrador y de la doctora Sheinbaum, queda claramente posicionado para ser considerado por el primer mandatario como uno de los relevos del secretario federal de Seguridad, Alfonso Durazo, en caso de que éste renuncie en unos meses para irse de candidato de Morena al gobierno de Sonora. La red de soporte que tiene García Harfuch, y que lo ha acompañado e impulsado en sus relevantes cargos durante gobiernos de varios partidos, ya trabaja en tejer esos hilos.

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Carlos Loret de Mola

Cómo piensa Trump revivir, ganar su elección y usar a AMLO

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Cómo piensa Trump revivir, ganar su elección y usar a AMLO

Donald Trump ha tenido un par de semanas en las que se le han acumulado las malas noticias. Quizá la peor de todas: si hoy fuera su reelección, la perdería. La buena para él, sin embargo, es que esa elección no es hoy. Faltan cuatro meses.

El diagnóstico es catastrófico para la campaña del presidente americano. Uno de los periódicos más críticos de su administración, The New York Times, publicó datos de una amplísima encuesta que pone a su rival, el demócrata Joe Biden, adelante en los estados clave para ganar la elección presidencial. Lo que es aún peor para Trump es que la encuesta del medio de comunicación más afín, Fox News, apunta en la misma dirección. ¿Quién hubiera pensado hace unos meses que Texas, Arizona, Florida, estarían marcados con ventaja para los demócratas?

Lo obvio es citar la sucesión de tropiezos. De entrada, sin duda, el reprobable manejo de la pandemia. Ningún político rival le hizo a Trump lo que el Coronavirus: lo exhibió a un alto costo de muertes que se tradujo en un alto costo político. El abuso policiaco, el racismo del que es uno de los más encumbrados promotores, los excesos en el ejercicio del poder, los fracasos en la Suprema Corte contra los dreamers y la comunidad LGBTTI, las revelaciones-confesiones de sus más cercanos. Todo le ha salido mal. En su manejo de la pandemia, en el desprecio a los migrantes que llegaron de niños a Estados Unidos y en el agitar un discurso racista, Trump ha apostado por mantener encendida a su base, pero ha perdido el toque: las encuestas muestran que el público en general, cada vez está más en contra de la opinión de Trump sobre estos temas. Su base ya no es tan robusta. Se ve lastimado ese instinto, ese olfato tan particular que le permitió leer la realidad y diseñar un discurso rupturista para conquistar la Casa Blanca en 2016. El de hoy es un Trump que parece haber perdido el toque con el que sorprendió a la élite política hace cuatro años.

Sin embargo, mal harían sus rivales en darlo por muerto. Desde la Casa Blanca empieza a diseñarse una estrategia para sacar a Trump del tema Coronavirus, en el que resulta perdedor. Para él ya terminó la pandemia, Estados Unidos ya está en la ruta de reapertura (aunque Texas, Florida y otros estados den pasos hacia atrás y un tercio de las entidades muestren rebrotes) y es momento de hablar del tema que le permitió obtener sus mejores puntajes de popularidad en el pasado: yo soy el presidente capaz de crear empleos, de mejorar la economía, ya lo he hecho y lo volveré a hacer. Por lo demás, China tiene la culpa de la pandemia y México tiene la culpa de la criminalidad.

En este contexto se dará la polémica visita del presidente López Obrador a su homólogo estadounidense. Trump necesita un cambio de narrativa. Apostará quizá a que su reunión con López Obrador se la dé. Veremos.

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