Conecta con nosotros

Carlos Loret de Mola

Historias de reportero

La derrota de los farsantes

Periodico Correo

Publicado

En

La derrota de los farsantes

Nos ha tocado vivir en un mundo  en  el  que  se  ha puesto  de  moda  cuestionar  la  globalización. Candidatos  que  apelan  al  nacionalismo,  que  apuestan  a  la  polarización  entre  pensamientos  distintos, que  reivindican  la  soberanía  como sinónimo  de  yo  soy  yo  y  depender de alguien más es un peligro.

Nos ha tocado vivir en un mundo  en  el  que  la  ciencia  ha  perdido su  lugar  de  honor.  Porque  los  líderes  niegan  lo  que  los  científicos han  probado,  sea  el  calentamiento global,   sean   las   mediciones   económicas,  sea  la  contaminación.  Se recortan   presupuestos   a   la   ciencia  y  tecnología,  se  minimizan  sus aportaciones,  se  desdeñan  sus  resultados, se tachan de conspiración interesada sus evidencias.

Nos ha tocado vivir en un mundo  en  el  que,  dientes  para  afuera, todos  los  poderosos  dicen  que  hay que  cuidar  el  planeta.  Y  casi  nadie lo  hace.  Sentidos  discursos  sobre cómo el desarrollo económico ya no puede  generar  devastación  a  la  naturaleza, pero naciones de todos los tamaños siguen apostando a ello.

Nos   ha   tocado   vivir   en   un mundo   que   ha   encontrado   los métodos  más  eficaces  para  alejarnos  de  los  más  cercanos.  Para desfamiliarizarnos. Y para culpar de ello a la tecnología. Y entonces una  familia  que  no  convive,  que reduce  a  monosílabos  su  interacción,  tiene  la  excusa  fácil  de  culpar al celular, a las redes sociales, a  plataformas  que  distribuyen  videos  de  esta  permanente  captura de la mente individual.

Y en eso llegó el coronavirus.

Su peligro, su amenaza, su letalidad,  su  impacto,  han  demostrado al mundo que, en contra de los políticos   farsantes,   la   globalización es  irreversible,  que  estamos  conectados  a  pie,  por  avión  y  por  barco. Que  una  mujer  de  Wuhan  puede estar casada con un hombre de Chi-cago  y  mover  un  virus  entre  continentes, entre potencias rivales. Que dependemos todos de todos, que las fronteras no nos protegen de nada.

Que  frente  al  surgimiento  de la  pandemia,  científicos  de  todo el  planeta  son  los  que  tienen  la salvación,  y  ahora  sí  volteamos  a verlos con esperanza, les gritamos para que nos lancen su salvavidas en  medio  del  mar  agitado.  Que ahora  sí,  todo  el  dinero  que  necesiten, todo el apoyo, porque tienen toda la atención de quienes solían desdeñarlos.   ¿Y   cómo   trabajan? En   unidad,   haciendo   el   equipo más  grande  de  la  historia.  Que los  chinos  –quién  lo  iba  a  decir- ponen  a  disposición  de  todos  los científicos del mundo sus datos e investigaciones sobre el coronavirus. Y así los demás. Borrando las estúpidas  ideas  de  soberanía,  de autosuficiencia. Que dos mil cabe-zas  en  doscientos  países  piensan más  que  solo  un  puñado  en  una sola nación.

Que vamos a detener el mundo por  un  rato,  pero  –lástima,  Mafalda- nadie se puede bajar. Y entonces podemos vivir sin usar tanto el vehículo,  sin  contaminar  sin  control, sin desperdiciar lo más básico. Que muchos   podemos   trabajar   desde casa  y  ser  igualmente  productivos. Pero más solidarios. Que despierta una  conciencia  porque  este  virus quizá  deje  más  pobres  que  enfermos. Y que eso no puede ser.

Que  ahora  hay  que  convivir  en familia.  Y  vernos  las  caras,  y  reconocernos,   y   platicar,   y   disfrutar-lo.  Que  se  extinguen  las  fugas,  se cierran  las  salidas  de  emergencia. Que  la  tecnología  es  aliada.  Que los aparatos pueden ser amigables, pero no son amigos ni tampoco son familia. Porque esos son de carne y hueso,  y  no  se  les  acaba  la  batería. Que las redes pueden ser fuente de temas de conversación, y no pretexto para no conversar.

Llega,  pues,  el  coronavirus,  y todo lo que creímos que era inamovible, se mueve.

Comentarios

Continuar Leyendo
Publicidad

Carlos Loret de Mola

Esos ricachones empresarios que no merecen ningún apoyo

Periodico Correo

Publicado

En

Por

Edición

Esos ricachones empresarios que no merecen ningún apoyo

En México hay un millón de tienditas de abarrotes, 600 mil fondas y restaurantitos para comer, 200 mil salones de belleza y 300 mil papelerías. Todos son datos oficiales, del Inegi.

Todos conocemos a alguien: yo le compro a doña Wendy, me gusta muchísimo comer en la fonda de Mariana, me cae muy bien Tarci que trabajaba en el salón de Guadalupe y no me queda muy lejos la papelería de Elia.

En México hay 4 y medio millones de empresas que no tienen más de diez empleados. De hecho, el 95% de las empresas del país no tienen más de diez empleados: son microempresas. Y en ellas trabajan 10 millones de mexicanos.

Luego están las pequeñas empresas, que emplean a 4 millones y las medianas que dan trabajo a otros 4 millones. En total, existen en nuestro país casi 5 millones entre micro, pequeñas y medianas empresas que emplean a 18 millones de mexicanos. Y esas empresas tienen dueños.

Ninguno de esos empresarios ha sido acusado de delincuente de cuello blanco en las conferencias mañaneras del presidente López Obrador. No tienen aviones privados, a ninguno lo rescató el Fobaproa, sus movimientos de dinero no ponen en riesgo la cotización peso-dólar, no tienen información privilegiada ni se codean con los poderosos. Ninguno forma parte del grupo de cien empresarios a quienes invitaron a Palacio Nacional a cenar tamales para extorsionarlos con una aportación mínima de 20 millones de pesos para salvar al presidente del lío en el que se metió con la rifa del avión.

Esos 5 millones de empresarios ya están pasando aceite y van a pasar más. Les está pegando ya el efecto económico del coronavirus, y saben que hacia adelante sólo se va a poner peor. Les aseguro que ninguno de ellos quiere despedir a un solo trabajador ni dejar de pagar a un solo proveedor: pero no les va a alcanzar el dinero para seguir gastando como si nada pasara, sin ingresar un solo peso.

Este problema mayúsculo no es exclusivo de México. Lo están enfrentando todos los gobiernos del mundo. La diferencia es que la mayoría de esos gobiernos no tienen como presidente a un hombre que cree que todo empresario es un delincuente impune. En la emergencia, el gobierno mexicano ha prohibido a las empresas despedir gente o rebajar sueldos, so pena de juicios. Preservar el empleo es plausible, la diferencia es que en el resto del mundo han establecido ambiciosos planes de apoyo financiero para impedir que se vayan a la quiebra estas empresas y dejen a sus millones de empleados sin nada: cheques directos a cualquiera que sea despedido, no cobrar impuestos para que las empresas puedan respirar durante la pandemia, exenciones fiscales a los que preserven o aumenten el empleo. En México, nada: la pura amenaza.

Ayer el presidente dijo en su mañanera que los empresarios lo tenían que hacer por su propio bien, porque él publicará una lista negra de los que despidan trabajadores y “van a quedar muy mal, y después de qué les sirve una campaña de publicidad de cientos de miles de millones de pesos, si en una emergencia actuaron de manera egoísta”.

¿Una campaña publicitaria de cientos de miles de millones de pesos? ¿La tiendita de doña Wendy, la fonda de Mariana, el salón de Guadalupe, la papelería de Elia?

Las empresas de México están ahí, a la vista de todos, y no son sólo los consorcios gigantescos: son las historias de esfuerzo emprendedor de millones de mexicanos que, sin recibir en ningún sexenio ningún privilegio, han salido adelante y emplean a millones de personas.

SACIAMORBOS

Habrá recorrido los 2 mil 500 municipios del país, pero parece que no se iba fijando.

Continuar Leyendo

Carlos Loret de Mola

Lista incompleta de a quienes AMLO trata mucho peor que a ‘El Chapo’ y familia

Periodico Correo

Publicado

En

Por

Edición

Lista incompleta de a quienes AMLO trata mucho peor que a ‘El Chapo’ y familia

Mujeres de todas las edades y condiciones socioeconómicas, organizaciones feministas, papás de niños con cáncer a quienes les recortaron las quimioterapias por austeridad, pacientes con VIH a quienes les recortaron los antivirales por austeridad, directivos de hospitales que denunciaron el desabasto de medicamentos, médicos y enfermeras que se quejan de no tener tapabocas ni guantes para enfrentar el coronavirus, científicos a quienes les recortó el presupuesto, madres que dejaban a sus hijos en guarderías y estancias infantiles, trabajadoras de estas estancias, usuarios de comedores comunitarios que se quedaron sin alimento, comunidades indígenas que se oponen a un tren que rasurará la selva maya, familiares de víctimas del crimen organizado que le piden una cita y no se las da para no exponer su investidura (después de Badiraguato, el chiste se cuenta solo), ejidatarios que están en contra de que construya una central termoeléctrica porque temen quedarse sin agua, padres de familia que protestan porque no quieren que la CNTE sea la mandona en la educación en México, empresarios de todos tamaños, cualquiera que denuncie a un corrupto dentro de su gobierno o partido, cualquiera que ironice sobre la rifa de avión que no incluye ganar el avión, organizaciones de la sociedad civil que denuncian corrupción, organizaciones de la sociedad civil que exhiben que su estrategia contra el crimen ha generado más muertos, organizaciones de la sociedad civil que evidencian que hoy se hacen más compras sin licitación que antes, alcaldes que le piden cita y a quienes recibe con gases lacrimógenos a las puertas de Palacio Nacional, algunos gobernadores que no quieren que los mangonee, artistas que se quejaron por el recorte al presupuesto cultural, funcionarios públicos de organismos autónomos, funcionarios públicos que se atrevan a hacerle observaciones (ni siquiera críticas), deportistas a quienes recortaron las becas, ricos o cualquiera que tenga dinero, policías federales que protestaron porque no quieren volverse militares, migrantes que desean un futuro mejor en Estados Unidos, periodistas y medios de comunicación críticos tanto nacionales como internacionales, intelectuales que lo cuestionan, encuestadores cuando reflejan que su popularidad va a la baja, ambientalistas que protestan por la construcción de una refinería, agencias calificadoras internacionales que evalúan los tropiezos de su política económica, expresidentes de México, partidos de oposición y sus integrantes, ciudadanos que marchan para protestar por el rumbo de su gobierno, economistas que evidencian que son falsas las cuentas alegres de producción petrolera, trabajador de la salud que le quiere tomar la temperatura o le ofrece gel antibacterial para frotarse las manos, estudiantes que le contestan en un mitin que no han recibido sus becas, personas con discapacidad que le contestan en un mitin que no han recibido los apoyos prometidos.

Esta es una lista incompleta de quienes han sido objeto de calumnias, insultos, injurias, descalificaciones, burlas, por parte del presidente López Obrador, y que seguramente hubieran querido recibir de él un trato equiparable al que brinda a Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán Loera (con quien ha expresado públicamente su empatía al menos en un par de ocasiones), su hijo (a quien ordenó liberar minutos después de su captura), su señora madre (a quien le gestiona con Estados Unidos una visa humanitaria para que pueda ver a su hijo) y sus abogados (a quienes les consigue citas con secretarios de Estado para ver si logran su deseo de traer de regreso a una cárcel mexicana al líder del Cártel de Sinaloa).

Continuar Leyendo

Carlos Loret de Mola

López-G. vs. López O.

Periodico Correo

Publicado

En

Por

Edición

López-G. vs. López O.

López Gatell tenía un semblante de alarma y preocupación. Un inusual sentido de urgencia se detectaba en su entonación.

Era sábado por la noche y desde Palacio Nacional, el gobierno federal mexicano dio un giro a su comunicación sobre la pandemia por coronavirus. El subsecretario nombrado vocero ante la emergencia, anunció que, ahora sí, todo mexicano debe quedarse en casa como única vía para amainar el golpe que viene: la “transmisión extremadamente acelerada” con un crecimiento exponencial de los casos.

López Obrador es tal vez el único jefe de Estado del mundo que no ha encabezado el anuncio para decirle a su pueblo que debe permanecer en sus hogares. Incluso otros mandatarios que desdeñaron la peligrosidad del virus, lo hicieron: Trump, Boris Johnson, Bolsonaro. El presidente de México delegó el llamado a un subsecretario.

López Gatell no escatimó en contundencia, miró fijamente a la videocámara y resumió con énfasis: “quédate en casa, quédate en casa, quédate en casa”. Así, tres veces seguidas. Cada una más marcada que la anterior.

López Obrador no canceló su gira de fin de semana. ¿Quédate en casa? Estoy en Mexicali. ¿Quédate en casa? Voy a San Luis Río Colorado. ¿Quédate en casa? Mañana me sigo a Badiraguato.

López Gatell fue brutal: si no nos quedamos en casa, van a colapsar los hospitales y van a ser muchas muertes que pudimos haber evitado. Por ello, pidió a la población sólo salir si tiene actividades absolutamente imprescindibles.

López Obrador no estaba de gira abriendo hospitales contra el Covid-19, ni reuniéndose con doctores para desatorar el presupuesto para comprarles al menos guantes y tapabocas, tampoco recibiendo unidades de terapia intensiva. Sus actividades “absolutamente imprescindibles” consistieron en: supervisar las mejoras realizadas al polideportivo de la colonia Santo Niño en Mexicali, supervisar la edificación de viviendas en San Luis Río Colorado y supervisar los avances en la construcción de un camino de Badiraguato a Guadalupe y Calvo.

López G. vs. López O. Parecerían figuras de gobiernos distintos. Pero no. Tan no, que el subsecretario de Salud decidió cambiar las conclusiones internacionales sobre lo contagioso del virus con tal de proteger a su jefe: dado que el gobernador de Hidalgo dio positivo a Covid-19 y estuvo abrazando al presidente diez días antes, le hubiera tocado a López Obrador aislarse y, tratándose del jefe del Estado mexicano, hacerse una prueba para descartar el virus. Lo hizo el canadiense Justin Trudeau. Lo hizo el británico Boris Johnson. Pero como el mexicano no quiere ni que le echen desinfectante en las manos, López Gatell salió a decir que el gobernador no presentaba síntomas cuando AMLO se reunió con él, y que cuando el paciente infectado no presenta síntomas, pues casi casi no contagia.

Vaya sorpresa: en el mundo lo que han dicho sistemáticamente los científicos, la OMS y hasta el mismo López Gatell es que la enorme peligrosidad del coronavirus se debe a que sin síntomas, lo puedes tener y lo puedes contagiar.

AMLO dice que no se va a aislar porque eso es lo que quieren “los conservadores”: que deje el poder.

En medio de la crisis, quizá la petición es justo la contraria: que lo ejerza.

SACIAMORBOS

López-G. insistió en lavarse las manos y mantener la sana distancia, como vía central para contener la propagación del virus. López O. se acercó voluntariamente a saludar de mano a la nonagenaria madre del narcotraficante más famoso de México. El episodio merece columna aparte

Continuar Leyendo

Publicidad

Portada Impresa

Cartón

Publicidad

Publicidad

Marcador

Salud

Ciencia y Tecnología

Extravagario