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Carlos Loret de Mola

Historias de reportero

El “golpe eléctrico”, ¿será el punto de quiebre?

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El “golpe eléctrico”, ¿será el punto de quiebre?

Hace poco más de un año, cuando súbitamente el gobierno federal decidió cancelar los contratos de los gasoductos, los moderados más cercanos al presidente López Obrador se juntaron para advertirle con gran preocupación que una medida así podría significar el fin de su pretendida Cuarta Transformación, una ruptura tal con el capital privado que detonaría una crisis de confianza en el gobierno que estaba empezando. “Es mucho peor que el aeropuerto”, le sintetizaron voces como Urzúa, Scherer, Ebrard, Romo. Estos “moderados” del obradorismo se enfrentaban así con los radicales (Nahle, Bartlett, etc.) que exploraban coquetamente la ruta de la nacionalización de la industria petrolera. El presidente entendió y dio marcha atrás.

Con el “sabadazo” —así se llamaba en tiempos del régimen de partido único, PRI, a las sorpresas económicas que se revelaban en viernes en la noche o sábado para agarrar a la opinión pública distraída— contra las energías limpias, el gobierno se vuelve de nuevo el gran monopolista de la energía eléctrica y patea inversiones internacionales que generan en México 75 mil empleos. La ruptura es como la de los gasoductos, si no es que peor.

En los próximos días sabremos si el presidente rectifica. Si no lo hace, estará claro que comienza ya un punto de quiebre en su manejo económico: sin tapujos, va de lleno al nacionalismo revolucionario, al modelo de hace 60 años que ha causado estragos en buena parte de la Latinoamérica bolivariana. El presidente de México confirmará que, fracasado el neoliberalismo (que lo está, de eso no hay duda), fue incapaz de impulsar al país hacia un futuro de libertad económica con responsabilidad social (hacia donde han avanzado los países con menor pobreza, desigualdad, corrupción e impunidad) y no se le ocurrió otra sino regresar el reloj al pasado… muy pasado.

Además, si no rectifica, este manotazo presidencial, este “golpe eléctrico” pondrá de nuevo a prueba al Poder Judicial mexicano. Es previsible que las empresas afectadas, respaldadas por sus poderosos países (Alemania, Francia, Canadá, España, Italia, Japón, aparentemente Estados Unidos también), busquen amparos frente a este súbito cambio de reglas, como parte de una estrategia de defensa legal que podría escalar hasta instancias internacionales de protección de inversiones entre países.

Desde el “golpe eléctrico” del viernes por la noche, el presidente ha ido endureciendo el discurso: el “ensayo” sobre su modelo económico, la propuesta del censo anti-ricos de Morena, las declaraciones de ayer en la mañanera. Veremos si forma parte de una negociación… o de un parteaguas.

SACIAMORBOS

El “súper secretario” Bartlett. El funcionario más cuestionado del gobierno del presidente López Obrador es el “gran ganón” de la remonopolización. El botín que se agenció el gobierno el viernes por la noche ha sido puesto en manos de Manuel Bartlett Díaz, director general de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

Hay muchos secretarios de Estado que no tienen el poder que ha acumulado Bartlett y más aún, el que va a tener si se concreta esta medida: la gestión de la CFE implicará un enorme poder económico y un enorme poder político. Y todo quedará depositado en Bartlett, quien se ha vuelto símbolo de la corrupción del actual gobierno: 23 casas, 13 empresas, mecenas de López Obrador en campaña, papá del contratista consentido y escándalos que sigan brotando en el camino… (el Inegi tendrá que hacer especial esfuerzo para medir la riqueza de este ciudadano).

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Carlos Loret de Mola

El tapabocas de López Obrador

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El tapabocas de López Obrador

Washington DC.- Al presidente López Obrador le gustan los símbolos. La cancelación del aeropuerto de Texcoco fue eso. El paso de Los Pinos a Palacio Nacional, la venta del avión presidencial, los vuelos comerciales, el Tsuru y luego el Jetta, todo es simbólico y lo maneja con habilidad.

Pero en su primer viaje al extranjero como presidente de México perdió el control: el símbolo de su gira de agradecimiento a Donald Trump terminó siendo uno que no le gusta: el tapabocas.

No sólo porque después de que se negó durante 4 meses a usarlo en México, aunque anduviera de gira por los estados, se lo tuvo que poner desde que abordó el avión para dirigirse a la capital estadounidense y no pudo evitar que le tomaran fotos, que circularon de inmediato por las redes sociales y los medios. Sobre todo porque durante toda la visita de día y medio anduvo con un tapabocas figurado que no le permitió decirle todas las verdades que prometió decirle a Trump cuando era candidato presidencial.

No le dijo que ha insultado, estigmatizado, discriminado y maltratado a los mexicanos. No le dijo que ha atropellado los derechos humanos de los migrantes que cruzan la frontera en busca de una vida mejor. No le dijo que sus descripciones de los mexicanos como narcotraficantes, polleros, violadores y asesinos no se nos olvidan.

No le reclamó por su crueldad de separar a las familias migrantes. No le echó en cara la insensible y artera agresión a los derechos de los “dreamers” que llegaron de niños a Estados Unidos y han hecho su vida en la tierra del “sueño americano”.

No se quitó el tapabocas para decirle que México no va a pagar por su “bello y grande” muro fronterizo, no lo encaró para aclarar la falsedad que tantas veces repitió de que los mexicanos abusamos durante dos décadas de los pobres estadounidenses y lucramos con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

No le recordó lo que en campaña le escribió en su libro “Oye, Trump”: que es un racista, un xenófobo y un autoritario.

No le reprochó la canallada de llamar “animales” a los migrantes mexicanos.

No le refrescó la memoria de sus amenazas de imponer aranceles que subirían gradualmente hasta asfixiar a la economía mexicana si no hacía algo para detener el flujo migratorio hacia el norte.

Por supuesto, no recordó la forma en que le torció el brazo a su gobierno para dar un giro nunca visto en la postura mexicana frente a la migración y realizar un imponente despliegue militar de miles y miles de elementos para detener y deportar migrantes indocumentados.

No le dijo lo que todos los mexicanos saben: que Donald Trump ha sido el presidente de Estados Unidos que más ha insultado y humillado a México y los mexicanos y que ha estado muy, pero muy lejos de comportarse como nuestro “amigou”.

El presidente de México sólo se quitó el tapabocas para agradecerle al personaje arriba descrito porque, según el discurso lopezobradorista, nos ha tratado “con respeto y comprensión”, “nunca ha intentado imponernos algo que viole nuestra soberanía” y porque “nos respeta cada vez más”.

Mejor se hubiera dejado puesto el tapabocas.

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Carlos Loret de Mola

Trump es el salvavidas de AMLO, no al revés

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Trump es el salvavidas de AMLO, no al revés

Para un hombre que en política es tan sagaz como el presidente López Obrador, y que privilegia la agenda nacional por encima de cualquier tema global, parecería una peligrosa ociosidad su visita al presidente Donald Trump en Washington. No hay ningún tema urgente entre ambos países, no se sabe de ninguna amenaza inminente, y la excusa formal de la gira, la conmemoración de la entrada en vigor del tratado comercial TMEC, es un mero trámite para el que ya hubo tres ceremonias protocolarias entre las tres naciones firmantes.

¿Por qué entonces el presidente López Obrador visita la Casa Blanca, en un costosísimo lance de política exterior que ha sido duramente criticado por el público tanto de México como de Estados Unidos? Porque de Trump depende la Cuarta Transformación. Me explico:

El presidente mexicano ya se dio cuenta de que la pandemia ha puesto en jaque el futuro de su gobierno. El manejo sanitario ha sido un desastre: se calculaban menos de 6 mil personas muertas y ya se superan los 30 mil. El manejo económico pinta aún peor: los especialistas calculan que México será de los que tengan una más grave crisis económica a consecuencia del coronavirus. Esto, sumado a las dificultades que ya venía acarreando la implementación de lo que el presidente López Obrador se complace en llamar La Cuarta Transformación de la Vida Pública del País, auguran un gobierno fracasado.

López Obrador no es de los que va a dejar que el sexenio se le escape de las manos. Su salvavidas, a esa conclusión parece haber llegado, es Donald Trump: Trump rescató a López Obrador con equipo médico para la pandemia cuando quedó exhibido que el gobierno mexicano había desaprovechado los meses que tardó en llegar el coronavirus y no encontraba ventiladores en el mercado internacional.

Trump rescató a López Obrador ante la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) cuando quedó claro que Pemex no alcanzaría sus metas de producción petrolera y por tanto no era capaz de poner sobre la mesa un recorte a la altura de lo que le exigían los miembros de este grupo. (En primera plana, El Universal publica este martes que incluso la lopezobradorista Comisión Nacional de Hidrocarburos ya acepta que Pemex no llegará a las metas de producción petrolera prometidas por el presidente y su director general, Octavio Romero Oropeza).

La esperanza de AMLO es que Trump lo rescate otra vez. La única lógica detrás de que México no tenga un ambicioso plan fiscal de rescate económico por la pandemia es que López Obrador está calculando que Estados Unidos -que sí tiene un programa fiscal, y muy ambicioso- va a terminar acarreándonos, entre otras cosas, gracias a las ventajas que arroja el TMEC.

Frente a la crisis que viene, AMLO ve en Trump a su salvavidas. Y si para asirse a él y no ahogarse en medio de las salvajes olas de la pandemia hay que pagar el costo de ser visto como parte del tinglado electoral de Trump, pues se paga. El presidente de México evalúa que lo otro es peor para él.

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Carlos Loret de Mola

Aero-narco, la opción para pilotos en crisis

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Aero-narco, la opción para pilotos en crisis

A los pilotos les encanta subir a redes sociales sus fotos al mando de los aviones. Revisar la cuenta de Instagram de un piloto promedio es encontrárselo uniformado en cabina o posando sonriente a un lado de la nave. Esas fotos son símbolo de estatus, de éxito laboral, de los sueños cumplidos.

Pero también esas fotos dan pistas a los reclutadores del crimen organizado para ofrecer trabajo muy bien remunerado a pilotos que en plena pandemia atraviesan en la aviación comercial y privada un momento de crisis. Para que nos demos una idea: un piloto joven de Aeroméxico gana 18 mil pesos al mes, pero el narco ofrece casi 4 millones de pesos por un solo vuelo que cubra la ruta Venezuela-México.

Los reclutadores de “Aero-narco”, por llamar así a las redes aéreas al servicio del narcotráfico, se anuncian en redes sociales en general, pero también usan los hashtags de modelos de aviones en particular (#LearJet, #Hawker, #Cessna) para detectar a través de Instagram y Facebook a pilotos que sepan volar justo las aeronaves propiedad del cártel, y contactarlos para ofrecerles trabajo:

“Empresario solicita: 4 pilotos y copilotos. Al piloto se le paga 180 mil dólares por vuelo. Al copiloto 120 mil dólares por vuelo. Contratación inmediata. Son viajes a Venezuela y/o Panamá, están allá nada más una hora, el mismo día van y regresan. Solamente llevan dos o tres personas familiares de quien contrata. Regresan con carga. Salen de Monterrey, Celaya, Tabasco, Toluca. Se les paga el vuelo de donde estén, a Monterrey”.

Así reza uno de los anuncios que circula en redes sociales y que es de los muchos que llegan hasta por mensajes de Whatsapp a grupos de pilotos y expilotos, de acuerdo con varios con quienes tuve contacto y me pidieron mantener su anonimato por seguridad personal. Relatan que han recibido ofertas de hasta 400 mil dólares (casi 10 millones de pesos) por un solo vuelo de Venezuela a la frontera norte de México.

Incluso el emisario del cártel les ofrece 10 mil dólares de comisión por conseguir a una pareja piloto-copiloto que sí quiera hacer el trabajo. Según datos extraoficiales, un avión suele transportar en la carga de un solo vuelo hasta 100 millones de dólares en cocaína.

“Muchas veces te ponen aviones viejos, casi inservibles, que en el mercado casi se venden por tonelada, y te piden que los aterrices en carreteras, en caminos rurales, en milpas aplanadas… así que si no te mata el gobierno o te matan los narcos porque no quieren testigos, te matas en el avión”, me dice uno de los pilotos que fue contactado y rechazó la oferta por esta sucesión de temores.

Un expiloto de la extinta Mexicana de Aviación falleció en un accidente hace poco aparentemente en un trabajo de esta naturaleza, y este fin de semana un avión aterrizó y quedó en llamas en una carretera de Quintana Roo, según se dio a conocer. El avión presuntamente traía cocaína. En redes sociales y medios de comunicación tradicionales es fácil encontrar reportes de varios casos similares: “tienen el mismo modus operandi: aterrizan en carreteras y queman los aviones”, expresa uno de los pilotos que pidió anonimato.

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