Se teme lo peor

No parece Estados Unidos: se habla de fraude electoral, de manifestaciones callejeras, de represión policiaca y posibles arrestos el día de los comicios. Comercios y casas han protegido sus cristales con tablones, el presidente en funciones coquetea con no dejar el cargo si pierde, el gobierno activamente margina del voto a las minorías, hay milicias urbanas racistas jugando políticamente, y los medios de comunicación no quieren anunciar un ganador de la contienda esta noche porque temen un caos en el conteo de boletas.

El escenario más probable, me dicen mis colegas de este país, es que hoy no haya un resultado definitivo. Y quizá la incertidumbre permanecerá varios días. Pero que al final gane Joe Biden. No es una apuesta ni un pronóstico. Es el escenario que consideran más probable. Los otros escenarios están vigentes: un sorpresivo triunfo de Trump, como hace cuatro años, o un Biden que arrase y permita hoy mismo anunciar que el republicano debe ir empacando porque se va de la Casa Blanca.

Si se cumple el escenario más probable, el presidente López Obrador debería poner sus barbas a remojar. Sus similitudes en estilo y forma de gobernar con Donald Trump -reconocidas por él mismo en la carta personal que le mandó al inicio de su sexenio-, constituirían un peligroso espejo de cara a las elecciones mexicanas del 2021: la sociedad estaría cobrando la factura del desprecio a la ciencia, de rechazar el cubrebocas, de que los muertos por la pandemia sean muchísimos y hayan sido minimizados, del desapego a la verdad, de desdeñar el medio ambiente, de tener una compleja relación con la verdad que le lleve a pelearse con la prensa, de sentirse tocado por la historia, el mejor jamás visto, de no asumir un solo error y culpar de todo al pasado, de confrontar y polarizar como primer impulso y sostenida estrategia.

Ya veremos. Para que conozcamos el destino de Trump falta poco. Para la elección intermedia mexicana, siete meses, más cerca de lo que parece.

Lunes en Washington. Frente al temor de lo que puede pasar el martes electoral, las calles lucieron vacías casi como en el peor momento de la pandemia. Ya habían recuperado algo de su vitalidad pero hay miedo. Se ve y se siente.

SACIAMORBOS.

1.- Mike Pompeo, secretario de Estado de Trump, escribió ayer en Twitter: “Estamos muy preocupados por los reportes de irregularidades electorales, arrestos por motivaciones políticas y violencia durante las elecciones… revisaremos las denuncias del uso de la fuerza contra civiles”. Menos mal que aclaró que era en Tanzania.

2.- ¿Quién engañó al presidente AMLO? ¿Quién le dijo que la renegociación del contrato de gasoductos había representado un ahorro para el país? Muchos expresamos desde entonces que implicaba una pérdida grave de dinero. López Obrador contestaba diciendo que los mexicanos nos habíamos ahorrado 4,500 millones de dólares gracias a este manotazo idea de Manuel Bartlett, director general de la Comisión Federal de Electricidad. Resultó una mentira. La Auditoría Superior de la Federación, después de analizar el asunto, reveló que la pérdida para el presupuesto público fue de más o menos 600 millones de dólares. Una vergüenza. ¿Quién le habrá dicho al presidente la mentira del ahorro?