Historias de reportero

El (mal) carácter del presidente

El verdadero peligro para el presidente es que el episodio de Culiacán le rompió la racha. Desapareció ese López Obrador al que todo se le resbalaba. Lo que hemos visto desde la semana pasada es al Andrés Manuel que pierde los estribos, que inventa conspiraciones, al del “cállate, chachalaca” que aprovechó en 2006 el PAN para exhibirlo como un radical que despierte temor entre los electores.

A López Obrador se le resbaló haber dejado sin gasolina al país al arranque de su mandato. Le “hizo lo que el viento a Juárez” el estancamiento económico derivado de sus decisiones y señales negativas a los inversionistas. No le quitó un punto de popularidad que las cifras de violencia repuntaban. Aguantó ser amigo de Trump y hacerle el muro en la frontera sur con la Guardia Nacional. Y hasta le alcanzó para defender a Bartlett y solapar a Bonilla. Tremenda racha.

Un presidente feliz, feliz, feliz. Una máquina de hacer dichos y frases pegajosas que todo mundo repite. Una máquina de generar confianza en el ciudadano de a pie. Una máquina de comunicar y empatar con el ánimo de la gente.

Pero llegó Culiacán y todo cambió.

Se le nota enojado, descuadrado, de mecha corta, frustrado, radical. ¿Lo han visto recientemente en las mañaneras? Viernes, lunes, martes, miércoles. Es otra vez el López Obrador que explotaba iracundo en las plazas, que no generaba empatía ni confianza sino preocupación.

Ha tratado de sacudirse el acoso de la realidad. Tras el fracaso de Culiacán, ha intentado pelearse con la prensa, advertir vagamente sobre un supuesto golpe de Estado y denunciar una guerra “patito” de bots que lo atacan. Parecía que lo lograba, hasta que se le estrelló la realidad de la tragedia LeBarón. Así que ayer volvió a tratar de provocar a los periodistas críticos, ya sin éxito. Al mago le descubrieron el truco.

La realidad le va ganando a la narrativa del presidente. Ha fracasado en su intento de tender cortinas de humo. Eso parece que lo desquicia. Lo hace presentar la peor versión de sí mismo.

Ya no es sólo una gestión que tropieza, sino el carácter del presidente que la encabeza.

SACIAMORBOS

Las conferencias mañaneras pasan por una buena racha: de ejercicios de propaganda, a ejercicios de rendición de cuentas. Ojalá esta transformación sea duradera. Los reporteros que cuestionan, aún acosados por el presidente mismo y sus ejércitos en redes sociales, ganan notoriedad y respeto. Y la ciudadanía desde las mismas benditas redes, se burla incansablemente de los que adulan en vez de preguntar. El presidente, descompuesto, ya no sabe a quién cobrársela: no bien termina de preguntar un reportero de TVAzteca que ya está fustigando al medio, y le dedica un par de días a exhibir su rencor hacia ¡‘La Jornada’!

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