Cuando uno piensa en Haití, esta preciosa nación antillana, no entiende como ese pedacito de paraíso en el Caribe puede ser un país tan convulso en el que su gente padece pobreza extrema, sufre violencia y resiste los embates de la naturaleza. Después de la crisis humanitaria que se desató con la pandemia, llegó la temporada de huracanes que devastó la isla. Además, la población se ve amenazada por bandas delincuenciales que roban, secuestran y asesinan. Nadie está a salvo, ni siquiera el presidente quien fue asesinado a tiros en su domicilio.

Mientras Jovenel Moïse dormía con tranquilidad junto a su esposa la una de la madrugada en su domicilio, en Puerto Príncipe. un comando que hablaba español e inglés asaltó la elegante vivienda del mandatario. El grupo conocía el objetivo y era un enjambre de profesionales. No dejaron nada a la improvisación. Entraron directo a la habitación y disparóaron contra él. El presidente, un hombre de 53 años, falleció al instante y su esposa tiene una bala fragmentada dentro del cuerpo.

La historia que sacudió la isla antillana y al mundo entero deja varias preguntas en el aire. ¿Cómo entraron, qué pasó con la guardia del presidente? En fin, todos se cuestionan si alguien de su equipo abrió la puerta de la habitación o fue una violenta operación ejecutada en forma quirúrgica, si fue organizada por alguno de sus muchos enemigos, si fuero locales o se trató de algo orquestado desde el extranjero. En fin, todo sigue siendo un misterio varias horas después del magnicidio. El testimonio de su hijo, que fue uno de los primeros en llegar a la habitación y ver lo sucedido, así como algunas grabaciones filtradas son las únicas pruebas existentes hasta el momento. Lo demás son conjeturas, opiniones, ilusiones.

El hermoso mar del Caribe antillano se tiñe de rojo y como si las penas de la isla no fueran pocas, ahora se añade una adicional. El asesinato del mandatario haitiano ha indignado a las clases políticas y diplomáticas en el país, y también ha sorprendido ya que se produce en un momento extraño: a poco más de dos meses de las elecciones presidenciales y legislativas convocadas para el próximo 26 de septiembre. El crimen no tiene sentido. El hombre iba de salida ya que era claro que en esos comicios Moïse no podía ser candidato y, por tanto, era conocido y aceptado que dejase la presidencia para dar salida a la crisis.

Según el embajador de Haití en Estados Unidos, Bocchit Edmond, el comando estaba integrado por mercenarios “profesionales bien entrenados, asesinos” que fingían ser funcionarios de la agencia antidrogas estadounidense (DEA) y que hablaron entre sí en español durante el ataque. Una vez más, esta organización se ve sumida en actos dudosos que dan sospechas de intervencionismo.

La oposición acusaba a Moïse de aferrarse al poder y gobernar por decreto desde que disolvió la Asamblea. Este asesinato sume al país a una etapa de incertidumbre profunda. El caos político se instala en el país más pobre de América que también es una de las más pobres del mundo. El primer ministro haitiano, Claude Joseph, había prometido a los haitianos que los asesinos del presidente “pagarán en los tribunales por lo que hicieron”.

La policía de Haití se movió rápido. La noche del miércoles informó de la muerte de cuatro presuntos “mercenarios” y la captura de otros dos, acusados de dar muerte a al presidente Tres policías que habían sido tomados como rehenes fueron recuperados”, ha dicho el director general de la policía haitiana, Léon Charles, en un comunicado leído por televisión. Charles ha revelado además que sus hombres realizan un operativo de captura en la capital, Puerto Príncipe.

Pareciera que nos estamos frente al guión de una película de complots en la que nos sería difícil dar crédito a que un presidente fuera asesinado, mientras dormía en la paz de su casa tan vigilada. Pero, es verdad. En Haití las cosas se ponen peor, en una nación de belleza extrema y condiciones de terror.