Aunque nunca hubo una respuesta pública del presidente Joe Biden —como la que anunció y esperaba el gobierno de México— el gobierno de Estados Unidos comunicó en privado, al presidente López Obrador, que “es imposible que asistan todos los Jefes de Estado del continente” a la Cumbre de las Américas que se llevará a cabo el 6 y 7 de junio en Los Ángeles, California; en vez de eso, ayer en Palacio Nacional, con la presencia del embajador Ken Salazar y del canciller Marcelo Ebrard, se propusieron al mandatario mexicano “opciones a negociar” para que Cuba, Nicaragua y Venezuela estén representados en la Cumbre, pero “no por sus presidentes”.

La propuesta que transmitió el embajador de Estados Unidos al gobierno de México es coincidente con lo que ayer filtró un funcionario de la administración Biden en Washington, quien dijo a medios estadounidenses que “el primer tramo de invitaciones para la Cumbre de las Américas salió la semana pasada. Todavía estamos evaluando opciones sobre cómo incorporar mejor las voces de los pueblos cubano, venezolano y nicaragüense en el proceso de la Cumbre”, dijo a la agencia AFP el funcionario de la Casa Blanca.

Es decir, que para cumplir el requisito de “inclusión de todos los países” que demandó primero López Obrador y que retomaron después los presidentes de Bolivia, Argentina y Honduras, además de algunos países del Caribe, el gobierno de Biden estaría contemplando invitar a algunos “representantes” o “voces de los pueblos” de Cuba, Nicaragua y Argentina, pero no así a los presidentes de esos países. Eso sería lo que ayer le habría propuesto al mandatario mexicano el embajador Salazar, para que retirara su amago público de no acudir personalmente a la Cumbre si no se invitaba a todos los gobiernos del continente.

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La propuesta le fue planteada al presidente y, de acuerdo con fuentes cercanas del gobierno, “se está analizando y negociando una salida alternativa, pero la asistencia de todos los jefes de Estado se ve prácticamente imposible”. Tras varias horas de reunión no se llegó a un acuerdo y las negociaciones entre el embajador y la Presidencia de México seguirán hasta encontrar una solución que satisfaga a los dos gobiernos y que permita la presencia del presidente López Obrador en la Cumbre.

Mientras tanto, la versión sobre la invitación que el gobierno de Estados Unidos habría hecho a España, para que asista a la Cumbre de las Américas en calidad de “observador” aumentó la polémica entre los países del continente que exigen la inclusión de todos los gobiernos y fue interpretada también como una forma de presión desde la Casa Blanca ante los intentos de boicot al evento por parte de los gobiernos izquierdistas de Latinoamérica.

Las fuentes del gobierno mexicano consultadas dicen que aún no se toma una decisión sobre si López Obrador acudirá presencialmente o mandará como su representante al canciller Marcelo Ebrard, a pesar de que tanto en la Cancillería como entre diplomáticos, analistas y especialistas en la relación MéxicoEstados Unidos, hay consenso sobre que sería “un error grave” que el mandatario no acudiera a la Cumbre y enviara un representante.

Veremos si López Obrador cede y negocia con la administración Biden una presencia simbólica de Cuba, Venezuela y Nicaragua o si, en su cruzada personal el presidente mexicano antepone la defensa de esos tres gobiernos cuestionados por represivos y dictatoriales, a los intereses estratégicos y económicos de México con su principal vecino y socio comercial.