Juana Adriana Rocha

Guanajuato.- “Viajera, reticente a dormir, nihilista de medio tiempo”. Estudió diseño gráfico en la Universidad de Guanajuato. Vive y trabaja en la Ciudad de México. Tomó el Diplomado de Casa: Ilustración narrativa de las imágenes, en la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM.  Formó parte del taller de Cerámica Escultórica en la Antigua Academia de San Carlos. Ha expuesto en muestras colectivas en CDMX, Guanajuato, Nuevo León y Chile.

“Fue un flechazo”, así describe Gina Fuentes su acercamiento al barro. En 2018 recibió la invitación para intervenir piezas en una exposición de ilustradoras y ceramistas.

Así, la diseñadora gráfica recibió el impulso definitivo para arrancar un proyecto que llevaba tiempo planeando: “la construcción de una marca de objetos y prendas donde el dibujo era protagonista, y de pronto, tenía ante mí esta posibilidad que me resultaba infinita”.

Descubrió que la cerámica le permite plasmar “volumétricamente” y desde otras perspectivas su talento para la ilustración y el dibujo.

Gina abrazó el oficio, “al inicio no pensé mucho acerca de todo lo que implicaba comenzar a aprender cerámica desde cero, pero ha sido muy orgánico el proceso y me ha dado mucha satisfacción”.

Adiós a la hoja en blanco

Mientras Gina ejerció el diseño en todas sus vertientes (web, editorial, diseño de marca, identidad corporativa y empaque), procuró incluir la ilustración como parte de sus procesos.

Pero en el ambiente de las agencias, donde se trabaja contrarreloj, ‘para ayer’, “la creatividad florece enrarecida”.

Libre de esa presión, desapareció ‘el síndrome de la hoja en blanco’. Gracias a la cerámica dibuja con mayor libertad y a un nuevo ritmo que requiere sobre todo paciencia. “Yo puedo imaginar cómo va a quedar algo, planearlo, trabajar en ello, calcularlo todo y entonces, abro el horno y descubro que el fuego tuvo la última palabra. Aprendí a soltar y hacer partícipe de mi proceso creativo, desde el clima hasta las fuerzas de la naturaleza, por lo que suelto antes de cada quema lo que yo hice y acepto que será lo que quiere ser”, explica.

Formas femeninas

‘Mujeres montaña’ es una serie en la que colaboró con Bárbara Ayala, “representa la lucha por la igualdad y el empoderamiento de la mujer”. Este trabajo, que marcó su incursión en la cerámica, es de los más significativos para Gina.

“La montaña es un símbolo de sabiduría, permanencia y autoconocimiento. El camino hacia la cima es un trabajo individual que otorga fortaleza, perspectiva y claridad. Sobre las laderas de nuestra cordillera florecemos juntas, en diversidad. Nuestras ramas, hojas y raíces se entretejen para fortalecernos y descubrirnos en colectivo para mirar juntas hacia el bienestar común y el progreso social”, describe la artista.

Luego de un acercamiento tan íntimo al barro, surgió su propia línea: ‘Gina Fuentes’, objetos utilitarios y joyería que celebran las formas femeninas. “Me resultan significativos los aretes que simulan senos y las vulvas con menstruación, pero también las macetas de rostros sin cuerpo, que albergan vida”, comparte.

Conexión milenaria

“Nuestra fascinación y el respeto por lo que hacemos, sus procesos y resultados, nos puede conectar con los demás”, descubrió Gina a través de la impartición de talleres.

La creación de piezas involucra la interacción con los cuatro elementos, el agua, la tierra, el aire y el fuego. Gina disfruta acompañar a otros en este proceso que “nos conecta con partes muy primitivas y lúdicas de nuestro desarrollo humano, que hace a la actividad muy satisfactoria y un espacio para la introspección.”

La cerámica significa también el aprendizaje de técnicas ancestrales, “la arcilla o el barro que utilizamos para crear estuvo aquí, en la tierra, millones de años antes que nosotros hasta llegar a nuestras manos”.

Un refugio en la pandemia

El año pasado la enseñanza le resultó en particular reconfortante. Gina encontró un momento propicio para dar clases, “todos estábamos temerosos de los encuentros, pero una amiga ceramista, me ofreció dar clases en su casa-estudio. Tomé la oportunidad y los talleres se convirtieron en un sitio seguro para compartir y sanar los duelos que dejó el 2020”.

Gina confiesa que el terror invadió su discurso y la forma en que se dirigía a sus alumnos, al hablarles como si fuera un cuento de horror, acerca de las burbujas de aire que quedan durante el amasado. “Generaron un temor casi patológico (o una fantasía) a que las piezas estallaran durante la primera quema, la de sancocho. Supe que tenía que cambiar la forma de expresarme al respecto”. Por fortuna, la anécdota quedó sólo como algo gracioso que recordar.

Arte / artesanía

El mundo de la plástica está plagado de etiquetas. Al preguntarle a Gina Fuentes sobre la separación entre arte y artesanía que suele establecerse, respondió que para ella no hay una diferencia, sólo reacciones sensoriales antes los objetos. 

“Dejo que me conmuevan y me permito tener un lenguaje que no se compone por palabras. Admiro algunas cosas y expresiones culturales, por el simple placer de que existan”.