Cristina Muñoz

León.- En el Tajo de Santa Ana un grupo de niños se reúnen en el cruce de, lo que bien podría ser un río, justo detrás de la colonia villas de Barceló segunda sección. Al menos cinco de ellos se acercan a los automovilistas que dudan atravesar el camino que da a la avenida Olímpica y los animan a cruzar a cambio de “lo que sea la voluntad” que ofrezcan los automovilistas en recompensa. Desde uno hasta 5 pesos, las monedas otorgadas a estos pequeños ya son ganancia.

A vehículos de todo tipo, pipas, taxistas o camionetas, y todo el que pase, le comienzan a chiflar para que pasen por el lugar menos profundo, lo calman y le aseguran que no hay problema, pues la profundidad “no es tanta”. Apenas poco más de medio metro debe alcanzar, pero para quien no conoce este camino, ver el agua hace que varios automovilistas piensen dos veces antes de aventurarse a cruzar.

Para los peatones y ciclistas (y motociclistas también) hay un puente a un costado que hace que la panorámica cause curiosidad por ver a los vehículos haciendo pequeñas olas en su andar.

Los niños afirman que siempre que hay lluvias ocurre esta situación, por lo que ellos sin duda aprovechan desde temprano y ya por la tarde, se les unen más amigos, todos vecinos de las colonias cercanas.

Desde un menor de 5 años hasta ya un adolescente de casi 15 se queda haciendo guardia en este charco inmenso, que resulta ser un método de diversión y de paso una manera para traer “un cinco” en el bolsillo.

Ahora que las clases siguen en línea y en casa no hay muchas actividades, por las mañanas buscan algo para distraerse… y, ¿por qué no? ‘sacar un varo’.

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