Onofre Lujano Sotelo

Acámbaro.- A seis años y medio de su llegada a la Diócesis Chilpancingo-Chilapa, el obispo Salvador Rangel Mendoza, quien inició su sacerdocio en Acámbaro, se ha dedicado a promover el diálogo como instrumento para alcanzar la paz, lo cual ya ha dado los “primeros frutos”, pues en Guerrero se vive un estado de “relativa paz” por lo que su trabajo fue reconocido con la presea “Sentimientos del Pueblo”.

El pasado 13 de septiembre se le galardonó junto al periodista, corresponsal de la Jornada, Sergio Ocampo y el niño José Iván González, sobreviviente de las tormentas tropicales Ingrid y Manuel, que azotaron el estado de Guerrero en el año 2013.

La presea se entrega desde hace 14 años por la asamblea Popular de Pueblos Indígenas de Guerrero (APPG) a personalidades que se han distinguido por su lucha en favor de los Derechos Humanos, la Justicia y la paz.

“Se ha hecho un largo camino de casi seis años, yo podría decir, un camino oscuro, un camino a veces secreto, porque yo guardo muchas cosas que no puedo decir públicamente, sobre cómo hemos llegado a este clima de relativo de paz, pero satisfactoriamente ya se están viendo los frutos”.

Durante el evento el obispo reconoció su “admiración y respeto a todas las mujeres y hombres que a través de las luchas sociales y de muchos sacrificios han levantado la voz y la bandera de la justicia, la igualdad; mí admiración y respeto a los que han reconocido el valor de todas las personas como seres de igual dignidad y han luchado por la reivindicación de sus derechos humanos, civiles y laborales”.

Ante los representantes de la Asamblea Popular de los Pueblos de Guerrero (APPG), Rangel Mendoza ofreció la medalla de plata hecha por los artesanos de Taxco de Alarcón “para todos aquellos caídos en la lucha por las causas justas y nobles”.

Durante su mensaje, indicó que desde su llegada al estado “Se ha trabajado por la paz y la concordia en este territorio, por medio del dialogo, la honestidad y sobre todo, la verdad”. Y enfatizó que “el camino ha sido difícil y peligroso, hemos corrido el riesgo, muchos no lo han comprendido ni valorado, pero el juicio se lo dejo a la historia”.

Argumentó que la paz conlleva tolerancia, verdad, justicia y respeto, pues sin estos elementos no se puede avanzar.

El prelado consideró que la conmemoración de este día, fecha en que se promulgaron los Sentimientos de la Nación, debe ser motivo de esperanza y ejemplo para las nuevas generaciones. “Debemos decirles que por medio de los ideales justos y luchas sociales se ha forjado México, así se ha forjado Guerrero”.

Al paso del tiempo, aseguró que la lucha de los próceres guerrerenses no ha sido estéril, pues han sido consecuentes con sus ideales, de tal manera que el entorno en que hoy se vive, es resultado del sacrificio y la entrega de muchos mexicanos.

Salvador Rangel reconoció que no ha utilizado los medios más legales para buscar la pacificación entre los pueblos, pero defendió su estrategia al señalar que su interés siempre ha sido el bien común.

“Entonces el bien puede venir de cualquier persona, si por ejemplo autoridades han hecho caso omiso de buscar la paz, la tranquilidad, la concordia nosotros o yo como obispo, sobre todo como franciscano hago lo propio; ya decía San Francisco: Señor, hazme instrumento de tu paz, la misma biblia dice: busca la paz y corre tras ella”.

Reconoció que, lo ideal sería que las autoridades intervengan en territorios donde hay conflicto, particularmente donde se han asentado los grupos delictivos para de esa manera evitar que se den enfrentamientos armados.

“Lo ideal es que las autoridades intervengan con la ley en la mano y con valentía, pero sabemos que en Guerrero la situación está muy difícil, porque hay ciertas componendas con el crimen organizado y ciertos políticos con ciertas organizaciones”, expuso.

Hace 47 años llegó a Acámbaro

Fue en el año de 1974, cuando el fray Franciscano Salvador Rangel Mendoza, de apenas 27 años de edad llegó a la parroquia de la Soledad, donde transformó este barrio con obras como la cerámica; más tarde haría lo propio en la comunidad de Chupícuaro, en la parroquia de San Pedro; más tarde fue comisionado como párroco a Acámbaro a la iglesia de ‘San Francisco de Asís’.

Después de esto se marcharía a Israel por seis años y regresaría a Celaya un año como rector del seminario.

Después de esto fue llamado a Roma, como administrador de la Universidad Nuestra el Antoniano, y más tarde regresaría a Chupícuaro, luego a Acámbaro nuevamente de párroco y de ahí lo sería vicario Episcopal para la zona de Guanajuato y Michoacán.

Fue en este punto que se le nombró Obispo en Huejutla, Hidalgo, donde permaneció seis años, antes de que se le asignara al estado de Guerrero como Obispo de la Diócesis de Chilapa-Chilpancingo, donde lleva ya seis años y medio.

Vivencias en la Sierra

El padre franciscano Salvador Rangel Mendoza, recordó que las cuatro diócesis que existen en Guerrero: Acapulco, Ciudad Altamirano, Zotlapa y Chilpancingo-Chilapa. Todos juntos, contó, tomaron la decisión de luchar por la paz del estado, para poder atender a víctimas y también a victimarios.

Contó que el diálogo es necesario y de esta manera se consigue mucho más que a través de la pelea.

Además comentó que en su diócesis hay cuatro colectivos que buscan a sus seres queridos, en Iguala, en Chilapa, en Chilpancingo, Chichihualco, se dedican a buscar a los desaparecidos.

Entre sus logros, el religioso relata cómo ha conseguido salvar vidas de sus propios compañeros y otras personas mediante un diálogo que ha logrado forzar con grupos hostiles.

Afortunadamente para él, la religión y la fe que estos grupos profesan le ha servido para abrir camino, pues cuenta que casi todos son católicos, se bautiza, se casa, tienen sus funerales, quinceañeras y como sacerdotes nunca les hemos negado el servicio, lo que genera una relación de cierta amistad.

Señaló que en la Diócesis de Chilapa-Chilpancingo, hay una zona que se llama la montaña y otra la sierra “y nosotros los sacerdotes estamos hasta el último rincón y en los momentos más difíciles cuando ha arreciado el narcotráfico nunca los abandonamos y por eso como sacerdotes tenemos un peso moral por ellos y cuando se les pide un favor ellos nos atienden”.

“Vemos en Guanajuato, Michoacán, Aguascalientes, Querétaro hay un gran culto a la santa Muerte y acá no existe, vemos en aquellos estados como traen las imágenes de la santa muerte atrás en el vidrio”.

De acuerdo con el obispo, en Guerrero es lo contrario, “traen a la virgen de San juan, Señor Santiago, Judas, la virgen de Juquila, sabemos que en Guerrero hay algunas sectas”, pero la fe católica sigue siendo mayor.