La educación Normal, debe fortalecerse revisando continuamente el modelo de educación requerido para vigorizar la militancia del ciudadano, con el propósito de que su conciencia, sea nutrida permanentemente, para asumir posición crítica, ante las instituciones fundamentales de la sociedad, entre las cuales, la familia y la escuela, cobran gran importancia.

Los currículums de los políticos, deberán enriquecerse, para que tengan información sobre la importancia de pedagogía pertinente, para lograr la unidad progresiva de la sociedad, ante el reto que significa, prevenir y combatir, los efectos de una salud mental, crecientemente deteriorada, por omisiones, cuasi criminales en el área de la educación, a la que debe considerársele y darle lugar de privilegio en el contenido de las políticas públicas.

La tarea educativa debe fortalecer la participación del ciudadano,  para vigorizar las instituciones, preparándolo para realizar aportes constructivos  permanentemente. Es necesario defender la libertad de expresión, pero impidiendo que se convierta en instrumento para arruinar la paz social, promoviendo, sin distingos, aportaciones positivas y destructivas.

El ciudadano debe ser preparado por la educación que regule el Estado, de tal manera que fomente el espíritu crítico, con apoyo científico. Las personas que por su capacidad para dominar los escenarios, usen la libertad de expresión irresponsablemente, deben ser contenidas por ciudadanos preparados, para que no se fomente el encono, sino el diálogo, que dé lugar de preminencia a conclusiones derivadas del    juicio crítico, con respecto a la expresión contraria, al soporte ético.

Emprender un proyecto que comprometa al Estado a implantar la educación continua de la sociedad, requiere de un grupo de docentes preparados a conciencia, para robustecer el pensamiento lógico; primero entre los responsables de la educación, desde la cúpula, hasta el maestro de aula. Ello haría necesaria una estrategia de reclutamiento de perfiles adecuado, valiéndose de los métodos de selección más avanzados, e inmediatamente, crear condiciones para la educación de excelencia de los reclutados, que sería responsabilidad de una élite de personas, altamente calificadas por criterios de esmerada educación y vocación, regulada por la ética humanística.

Evidentemente que el proyecto implicaría una tarea de reeducación de la sociedad, que le permitiera ver con claridad los rezagos y las omisiones que impiden que la educación, ocupe lugar de privilegio entre los quehaceres de los órganos del Estado.

Fortalecer la educción Normal, es un imperativo de nuestro tiempo. No es hora para la crítica estéril, ni para la confrontación de burocracias anquilosadas; sino de que el diálogo entre pares por talento pedagógico, convoque a una cruzada por la salud mental de la sociedad, cuyas recomendaciones, nos beneficiarían a todos.

El fortalecimiento de la educación requiere esfuerzo continuo de una sociedad que, convencida de la bondad del proyecto, luche por cristalizarlo sin demora y sin pausa.