Los partidos políticos deberán poner énfasis en la educación de sus cuadros, para fortalecer la representación del pueblo y colocar esa actividad en el centro de su interés, para afianzar en la opinión pública su importancia como factor vital en la organización de la sociedad, para que en ellos la población encuentre oportunidad para manifestarse como ciudadanía.

Por encima de los pequeños grupos de poder, debe prevalecer el interés general, en el que deben conseguir apoyo para legitimar su presencia, todos los grupos que responden al imán del beneficio particular.

 No siempre el interés individual, está reñido con las aspiraciones y requerimientos de la sociedad en su conjunto; pues en la medida que sea la moderación en las demandas de los poderosos, la que prive, la sociedad se manifestará con mayor cohesión, para enfrentar los problemas que el rezago en la construcción de la unidad social, se han vuelto manifiestos.

La unidad debe darse en la diversidad, pues aunque no se acepte por algunas posiciones radicales, es imposible eliminar al contrario y la lucha intestina entre quienes tienen poder, debilita a ambos; como ocurre con la violencia extendida, que afecta a todos por igual, en el disfrute de los derechos, especialmente cuando no se cumplen con las obligaciones jurídicas y morales.

Hay problemas que se resolverán o atenuarán sólo cuando la sociedad actúe como unidad en lo fundamental. Distinguir lo fundamental de lo accidental, implica la actuación de una sociedad aculturada, con sólidos principios éticos y la convicción de que el bien de todos se logra cuando de común acuerdo, se evita el encono.

En la sociedad existen elementos que evitan se actúe de manera solidaria. Se han acumulado inequidades que lastiman severamente a la mayoría del grupo social y las élites han renunciado a paliar las desigualdades, desoyendo el clamor de Morelos: moderar la miseria y la opulencia.

Es deseable que el sistema educativo se ocupe de ese objetivo político esencial pero, en la actualidad, se requiere mayor esfuerzo de los partidos políticos para actuar sobre la marcha; reeducando a sus cuadros y procurando, que la conducta de sus gobernantes, se apegue permanentemente a la autocrítica. Es necesario convertir la historia de Estados y municipios en maestra de su vida política. El gobernante debe arraigarse a su origen social, de manera más sólida, que al grupo político al que pertenece y, fortalecer a su partido, conduciéndose altruistamente, en su relación con la sociedad.