Forja con sus manos los rostros de ‘El Torito’

La elaboración de cada rostro, incluso la de ‘El Torito’ lleva un proceso especial, pues a cada una le pone el cariño y entusiasmo por salvar esta tradición. Foto: Karla Silva

El artista silaoense no baila en esta tradición, pero le da forma y rostro a cada uno de los participantes al crear las máscaras; Antonio Ibarra aprendió esta actividad de su papá, pero con el tiempo le ha dado a sus obras un toque especial

Karla Silva

Silao.- Antonio Ibarra Juárez tiene una pasión especial por la Danza de ‘El Torito’, tradición que según la historia popular, surgió hace más de cuatro siglos en la Hacienda de Chichimequillas.

Este artesano se enamoró de los nueve personajes con el recuerdo de ver a su padre elaborar máscaras en cartonería.

Hoy en día, ha trabajado el patol tallado a mano, la madera y ahora el barro combinado con la fibra de vidrio, al que ya convertido en una masa que despide un olor fresco y que evoca a nuestras raíces, le demuestra a cada golpe su intención de moldear la historia de Silao. Con ello, busca el punto exacto para hacer el ‘bulto’ y de ahí, de 12 a 13 horas el periodo de reposo que le permitirá comenzar a darle forma.

Usa el barro como molde y luego lo viste con la fibra de vidrio. “Es el tiempo que más o menos nosotros calculamos en llevar el proceso de alguna máscara, para al tiempo de aplicar la fibra, no se nos venga o se desprenda. Ahorita no le hemos dado ‘al clavo’ a sacarle el aire al barro, porque sí se nos quiebra o se nos parte”, explica en su inexperiencia con la mezcla de agua y tierra.

Con concentración y de acompañamiento canciones de la década de 1990, poco a poco surgen las “monumentales” creaciones que espera sean colocadas en el jardín principal durante la Semana Santa.

“Me empiezo a motivar recordando cuando mi papá las hacía (máscaras) y, dándole y dándole, ahí van las cosas. Al barro lo golpeo y a veces me acuerdo de alguien”, comenta entre risas.

Le pone su toque

Ibarra, como es conocido, crea rostros a estilo propio, distintos a las danzas que salen a las calles a divertir a los silaoenses. Intenta cambiar la imagen pero no alterarla como en el caso del ‘Diablo’, pues no debe asustar a los niños que son quienes más disfrutan del ritmo que traen a su paso el ‘Hacendado’, el ‘Caporal’, la ‘Maringuía’, la ‘Borracha’, el ‘Jorobado’, el ‘Viejito’ y la ‘Muerte’. Tiene el deseo de tallarlos a gran escala en patol.

‘El Torito’ es muy conocido en Jalisco y en algunas ciudades de los Estados Unidos, hasta donde han llegado sus obras. “En Guadalajara fue muy sonado, en cuanto escuchaban la música de ‘El Torito’ la gente se acercaba a ver la danza”, narra.

También expresa que actualmente, personas se han interesado en el gran tamaño e incluso tiene clientes potenciales.

El día que los trabajos se expongan podría representar un homenaje para su difunto padre J. Loreto Ibarra Barrón.

“(Me recuerda) muchas cosas, cuando yo llegaba de la escuela y él ya estaba haciendo sus máscaras; hubo muy pocas ocasiones en que yo me acercaba a él y ahora sí digo: ‘Si hubiera estado en ese tiempo con él, a lo mejor fuera otra parte o ya tuviera más agilidad en el proceso de la máscara. Se enorgullecería al ver que las máscaras “gigantes” pueden triunfar”, dijo.

Ahora, “de a ratitos”, sus dos hijos y su esposa se acercan y lo ayudan en la tarea de preservar la tradición. La familia de artesanos hace “equipo”.

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