Es curioso como aquello que los pueblos aborrecen a la vuelta de los años lo vuelven a amar. Yo no sé qué pasa con esos liderazgos autocráticos que hacen gala del culto a la persona, que son demagógicos y populistas tienen tanta aceptación entre la gente. No deja de sorprenderme la victoria de Ferdinand Marcos Júnior y Sara Duterte-Carpio. Se consolida en Filipinas la continuidad de un régimen nacional-populista.

No dejó de llamar mi atención el resultado de las elecciones presidenciales y parlamentarias celebradas en Filipinas. Tal vez, para muchos hoy en día los nombres de Ferdinand e Imelda Marcos no les signifiquen algo. Es posible que el mundo haya olvidado a estos personajes que fueron extravagantes en sus comportamientos, escandalosos en su riqueza y crueles en su forma de gobernar. Por esta razón, se me antoja que el sufragio del pueblo filipino deja un panorama sombrío para un país que recuperó la democracia hace 35 años, después de haber padecido la sangrienta y corrupta dictadura de Ferdinand Marcos.

¿Qué pasó en el país asiático? No creo que los filipinos no tengan memoria, aunque es probable que los jóvenes hayan desestimado las advertencias de los viejos que sufrieron los estragos de ese gobierno. Es posible que el deterioro democrático e institucional que dio inicio en 2016 con Rodrigo Duterte, —quien ejerció un mandato de ultranacionalista de esos que han sido tan efectivos para llevar al poder a gente que promete mucho y cumple poco— los haya encandilado. Lo cierto es que a veces lo que debiera entenderse, nada más no se entiende.

La receta nos es conocida, los ingredientes son similares a los que se usan en todo el mundo: una campaña electoral caracterizada por la desinformación; un discurso que usa como piedra fundamental a la demagogia y por supuesto el discurso del miedo con el que se azusa a la población.

Así estuvo la elección de Ferdinand Marcos Júnior, a quien se le conoce en su tierra por el apodo de Bongbong. El hijo del dictador es ahora el nuevo presidente de Filipinas. Por si las cosas no fueran suficientes, Sara Duterte-Carpio, hija del polémico presidente saliente, quedó como vicepresidenta. El mundo ve con ojos cuadrados rumbo a Filipinas. Ambos personajes tan cargados por sus propias historias familiares comenzarán a ejercer sus funciones el próximo 30 de junio. La victoria fue arrolladora, como las que consigue este tipo de populistas. El escrutinio provisional emitido por la Comisión de Transparencia Electoral da la victoria de Marcos Júnior con más de treinta millones y medio de votos sobre los catorce y medio millones que obtuvo la reformista Leni Robredo.

Filipinas camina a una reinterpretación de su propia historia que nos resulta difícil de entender a quienes recordamos los años de mandato de Marcos. Se edulcora y glorifica una dictadura que, amparada por una arbitraria ley marcial, detuvo, torturó y asesinó a miles de filipinos. ¿Será que no hay memoria o será que quieren darle una oportunidad de reivindicarse al hijo de un torturador?

Para muestra un botón o varios. Ferdinand Marcos despliega el triste y amargo récord del mayor saqueo de las arcas públicas por parte de un gobernante durante el siglo XX: se estima en unos nueve mil quinientos millones de euros al tipo de cambio actual. Los números no dejan lugar a dudas: son fríos y objetivos. Claro que hay voces que intentan recordar. Pero, no parecen ser escuchadas.

De nada han servido las constantes acusaciones de Robredo, actual vicepresidenta, quien ha sido víctima de una brutal y eficaz campaña de desinformación propagada por las redes sociales desde donde se ha abusado de las palabras y se ha llegado hasta a acusarla de asesinar a su marido y de estar vinculada a grupos terroristas comunistas.

Ya lo sabemos: los chismes y ataques Red no han tenido límites. No ha habido respeto. Han usado supuestos vídeos sexuales de las hijas de la vicepresidenta, reconocida abogada de los derechos humanos. Y, el pueblo obnubilado olvida y se fanatiza a tal grado que cuando las promesas que se hicieron no se cumplen, justifican a los tiranos. Eso es lo que sucedió en Filipinas, se dieron saltos para atrás.