Agencias

Ciudad de México.- Las leyendas del beisbol se siguen ‘apagando’, ayer se anunció la muerte de Hank Aaron, legendario expelotero de Grandes Ligas y aún considerado por un sector de los aficionados como el ‘Rey de los jonrones’.

El exjugador disputó 23 temporadas en Grandes Ligas, en las cuales fue seleccionado en 21 ocasiones al Juego de Estrellas (de 1955 a 1975), fue nombrado Jugador Más Valioso y campeón en 1957, con los entonces Braves de Milwaukee, ganó tres Guantes de Oro y por cuatro temporadas lideró las estadísticas de cuadrangulares y carreras producidas en la Liga Nacional.

Hank forma parte del selecto grupo de peloteros con más de tres mil hits. En 1982 ingresó al Salón de la Fama de Beisbol.

Un legado imborrable

El 8 de abril de 1974, con casa llena en el Atlanta Stadium y en un partido transmitido en todo Estados Unidos, Aaron quebró el récord histórico de Babe Ruth como el máximo bombardero, al conectar su cuadrangular 715 ante el pitcher Al Downing, de los Dodgers de Los Ángeles.

“Downing era un pitcher fino (…) Creo que estaba tratando de lanzarme una screwball o algo así. Fuese lo que fuese, alcancé a conectarla” recordó Aaron poco antes del 30 aniversario de su cuadrangular más famoso.

Aaron terminó su carrera con 755 jonrones, un total que Barry Bonds superó en 2007, aunque muchos todavía consideran a Aaron como el verdadero rey de jonrones. Bonds cerró su carrera con 762, pero la marca está manchada por la polémica de supuesto dopaje.

Fue víctima de racismo

El camino que Aaron tuvo que recorrer hasta ese jonrón histórico no fue nada agradable. El toletero recibió correspondencia ofensiva mientras se acercaba a los 714 de Ruth, en gran medida porque Ruth era blanco y Aaron era negro.

“Si yo fuese blanco, Estados Unidos estaría orgulloso de mi”, dijo Aaron casi un año antes de superar a Ruth. “Pero soy negro”.

Aaron era siempre acompañado por guardaespaldas y se vio obligado a alejarse de sus compañeros. Guardó las cartas con ofensas, como recordatorio del abuso que tuvo que soportar.

“Eran muy ofensivas (las cartas)”, recordó. “Me decían ‘maldito negro’ y todo tipo de insultos. Esas cosas no se pueden ignorar, están allí. Pero así son las cosas para los negros en Estados Unidos. Es algo con lo que uno tiene que batallar toda la vida”.

Tras retirarse en 1976, Aaron se convirtió en una figura reverenciada y casi mítica, aunque nunca buscó los reflectores.

EZM