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Las cosas van quedando claras entre los gobiernos de México y Estados Unidos con respecto a qué está haciendo el presidente Andrés Manuel López Obrador y su gabinete de seguridad en materia de combate al narcotráfico y erradicación de drogas. Cada mes, desde diciembre y cuando menos hasta que inicie la primavera, el procurador estadounidense, William Barr, estará revisando si los compromisos de los mexicanos realmente se están cumpliendo. Barr estuvo el viernes pasado en la Ciudad de México y regresará en febrero. No se recuerda que haya existido antes un marcaje personal y sistemático sobre las acciones de un presidente mexicano por parte de Estados Unidos, y la amenaza de represalias si no se ajustan a los intereses de la Casa Blanca, permanecen.

Los datos sobre erradicación de drogas, en especial el fentanilo que es lo que motivó la nueva embestida del gobierno de Estados Unidos contra México, todavía no muestran cambio, pero presuntamente ya se reiniciaron las acciones para frenar el tráfico a aquella nación. Ya comenzaron a extraditar presuntos criminales buscados por la justicia estadounidense –el lunes pasado se anunció la inusual extradición de un paquete de ocho personas-, y en vísperas de la visita de Barr en diciembre pasado, el Centro Nacional de Inteligencia reactivó sus equipos de espionaje, incluidos los sistemas de la empresa ‘Rafael’, y el famoso ‘Pegaso’, del Grupo NSO, ambos israelitas.

La reactivación de los sistemas de inteligencia tiene alcances con la combinación de ambos programas que no se habían visto en este país. Mediante la utilización de ambos, se están pudiendo intervenir todas las conversaciones telefónicas de los números objetivo –salvo las llamadas por WhatsApp que aún no pueden decodificarse-, así como también se pueden leer todos los mensajes de texto o chats a través de la misma plataforma o de otras a las cuales muchos se están mudando como Telegram. La información disponible permite afirmar que el CNI, que sustituyó al CISEN, no está utilizando la información con fines políticos, sino en contra de la delincuencia organizada, y junto con la Marina, que ha sido reactivada, están proporcionando inteligencia útil contra cárteles de la droga y narcomenudistas, particularmente en la Ciudad de México.

La Marina, el CNI y el Ejército, como pidió Barr en la reunión del 5 de diciembre, están trabajando directamente con la CIA y el FBI, dentro de un proceso de restauración de la cooperación bilateral que se había interrumpido, y que motivó mensajes duros y cáusticos desde Washington. Uno de ellos, por ejemplo, cuando el gobierno mexicano, en la oscuridad absoluta, pidió información inmediatamente después de la captura del exsecretario de Seguridad, Genaro García Luna, y un funcionario del Departamento de Estado respondió: “Los que piden información, no quieren cooperación”. El trabajo de inteligencia es fundamental en el combate a la delincuencia organizada, y ha costado enorme trabajo explicar para matizar los prejuicios del presidente Andrés Manuel López Obrador y varios de sus colaboradores cercanos que es lo mismo que el espionaje político.

El comunicado del Departamento de Justicia, a diferencia del emitido por la Secretaría de Relaciones Exteriores, aporta, aunque de manera sutil, más información sobre los acuerdos alcanzados, como “esfuerzos conjuntos contra el narcotráfico, así como esfuerzos para combatir las organizaciones criminales trasnacionales”. El de la Cancillería, farragoso y enredado en su texto, informó que se está analizando la implementación de operativos no intrusivos, con alta tecnología en la frontera, que le ayuda a ventilar como logros de este tipo de reuniones los intentos por reducir el tráfico de armas a México. Barr está considerando seriamente la propuesta, a cambio de que se utilicen recursos de alta tecnología en puertos y aeropuertos mexicanos para frenar el tráfico de fentanilo. Los comunicados, si bien acordados por las delegaciones, no son idénticos. Un dato oculto en México y abierto en Estados Unidos, es que Barr regresará en febrero, la tercera reunión consecutiva que sostendrá.

La intervención de Estados Unidos está modificando la estrategia de seguridad que planteó el presidente López Obrador, lo que va a tener consecuencias si, en efecto, su gobierno cumple con los compromisos que están acordando con Barr. El regreso de la Marina al combate del crimen organizado así como el que tengan cooperación conjunta para enfrentar a los cárteles, llevará a que las Fuerzas Armadas combatan a la delincuencia organizada, dejando de lado la amnistía de facto que el presidente había decretado para los jefes de los cárteles de las drogas y los criminales.

Este giro probablemente vendrá con violencia. Al cancelarse el acuerdo no escrito con las organizaciones criminales de permitirles el narcotráfico a cambio de que comenzaran con un proceso de depuración –aniquilando a sus adversarios- y pudiera quedarse un cártel con el control del narcotráfico en el país –regresando al estado de cosas de principio de los 90-, a cambio que la organización criminal contribuyera a la pacificación de México, deberá esperarse una reacción. Si esto se cumple, como lo están acordando, situaciones como la de la liberación de Ovidio Guzmán, el hijo de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán, no deberían repetirse.

Aunque los compromisos con Barr están quedando sellados, no está claro si llegarán a cumplirse. López Obrador, que ha mostrado vulnerabilidad ante las amenazas del presidente Donald Trump, y puede conjeturarse que cumplirá con lo que están pactando, aunque vaya contra lo que ha pensado por mucho tiempo. El problema del consumo es de Estados Unidos y el de México es la violencia, decía. En su lógica, no combatir a los cárteles bajaría la violencia y del consumo, que se encargaran los estadounidenses. El análisis estaba equivocado, pero así lo creía, hasta que vino el ultimátum de Barr y, como hasta ahora, ha tenido que rectificar.

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AMLO y Madero, entre la devoción y la obsesión

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AMLO y Madero, entre la devoción y la obsesión

Envuelto en las crisis de feminicidio, seguridad y desabasto de medicamentos, el presidente López Obrador aprovechó ayer el aniversario luctuoso de Francisco I. Madero, uno de los héroes y expresidentes que más admira, para reafirmar su discurso conspirativo y reiterar que detrás de cada problema o reclamo social que lo rebasa, que se le desborda y se sale de control, está la mano “de los conservadores” los mismos que, dice, asesinaron a Madero y a Pino Suárez en el Palacio de Lecumberri después de apresarlos y encarcelarlos junto al Gral. Felipe Ángeles en Palacio Nacional.

No es la primera vez que el presidente expresa en un discurso público su admiración por la figura del llamado “apóstol de la democracia” y de que utiliza la figura de Madero para mandar mensajes que establecen un cierto paralelismo entre él y el expresidente originario de Parras, Coahuila.

Pero al mismo tiempo que le admira por sus ideales democráticos y su propuesta de justicia social –incluso al nivel que los otros dos expresidentes que son su referencia: Benito Juárez y Lázaro Cárdenas- López Obrador tiene una especie de obsesión con la incomprensión, el vilipendio público y “la traición golpista” de que fue objeto el coahuilense: Madero, aseguró, “fue un político extraordinario y fuera de serie, a pesar de que en su momento lo consideraron insignificante, inepto de la política, poca cosa, desequilibrado mental y hasta loco”.

Apenas en la semana pasada, el presidente había conmemorado el también aniversario luctuoso de Gustavo A. Madero y Adolfo Bassó, ambos asesinados el 18 de febrero de 1913 por las fuerzas golpistas de Victoriano Huerta. Un día después, reunido en el Zócalo de la Ciudad de México con los mandos y tropas del Ejército mexicano, les agradeció a los militares del país “que no hayan escuchado el canto de las sirenas y dar la espalda a la traición y al golpismo”.

Todos estos discursos conectan sí con su devota filia maderista, pero también con su personalidad de mártir y su obsesión personal y permanente por una posible conspiración o reacción de sus adversarios en su contra.

López Obrador es un conocedor y apasionado de la historia de México y recurre a ella de manera constante no sólo para sus discursos y mensajes políticos, como cuando llamó a la oposición “moralmente derrotada”, sino también para definir su estrategia política.

Así es que acostumbrémonos a que cualquier crisis que le estalle a este gobierno, producto de sus errores, fallas o decisiones, sea respondida con el expediente de la “reacción conservadora” ante los cambios que está haciendo la 4T. Y nadie duda que hay intereses y reacciones de grupos económicos y de poder que se están viendo afectados con las decisiones de este gobierno y que algunos de ellos tienen la fuerza y la capacidad de intentar desestabilizar a la administración lopezobradorista; pero en la visión conspirativa del presidente, ningún reclamo social, popular o ciudadano, así sea de mujeres, padres de niños enfermos, madres de niños de guardería o pobladores que se oponen a una de sus obras, será válido ni legítimo porque todos los que cuestionen a su gobierno estarán bajo sospecha de ser “conservadores” y “adversarios”.

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El pantano de López Obrador

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El pantano de López Obrador

Culiacán, desabasto de medicinas y feminicidios, es la trilogía de fenómenos que ha sacudido al presidente Andrés Manuel López Obrador y de la cual no se puede salir. Al contrario. Como en un pantano, entre más rápido nada, más se hunde. Su último discurso, machacando que detrás de la convocatoria para el paro nacional de mujeres hay “mano negra” y está organizado por “conservadores”, es patético, reflejo solo de la incomprensión de asuntos públicos que no procesa salvo en el marco de su racional reduccionista y maniquea. La realidad lo está arrollando porque no sabe afrontarla, mientras su administración se llena de contradicciones.

La más visible fue la de su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, que primero apoyó a la convocatoria de las mujeres y después se cambió de bando, en respaldo a una convocatoria antídoto de la primera. El presidente justificó que ella tenía su propio criterio, lastimándola más: ¿qué buen criterio cambia 180 grados en cuestión de horas? No era un asunto de criterio, como mal explicó el presidente, sino de realineamiento político. Pero tampoco eso saben hacer. El mejor ejemplo, la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, al ridículo auto denigrante para apoyarlo: si hay paro, habrá tentaciones entre las mujeres de lavar platos. Su capacidad intelectual ha quedado en entredicho.

Parecería como si el gobierno se empezara a caer en cachitos. El muro es grande y fuerte, pero ya se le ven los hoyos por todos lados. En la semana que terminó, tan peor como las anteriores, el jefe de Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo, lo tuvo que descalificar públicamente ante inversionistas para apelar a que inviertan. “Dejen la ideología en su casa”, les dijo inútilmente. ¿Alguien lo escucha? La ideología es lo que impregna el discurso de López Obrador, e impacta la gestión eficiente en su administración.

Paseo de la Reforma fue bloqueadoen la semana por padres de víctimas del VIH, porque no hay medicamentos, y los padres de los niños con cáncer se levantaron indignados de una mesa de negociación en la Secretaría de Gobernación porque les mintieron que sí había. López Obrador acusa a las distribuidoras de medicinas del desabasto, que en efecto no distribuyen, pero no por sabotaje, sino porque no hay medicinas qué distribuir. El gobierno canceló compras, por órdenes de López Obrador desde el año pasado, y personas de varias edades con cáncer y sida están en riesgo de morir por una política de austeridad que, como admitió Romo, es “calcutiana”.

Todos los temas le están brincando al presidente y generando crisis. Junto con la convocatoria se dio la cancelación de un acuerdo para apoyar a pacientes con cáncer de mama, que lo metió en otro problema aún sin resolver plenamente, y el cese del director del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía, una eminencia mundial a quien López Obrador señaló como eminencia sólo en corrupción, en un ataque infundado –hasta que prueben lo contrario-, ruin, y cuyo único antecedente público es la queja de que no tenían medicamentos, como decía el gobierno que había. La represión y purga contra quien protesta, la marca de la casa.

Es un gran estudio de caso el de López Obrador y sus decisiones: un país lleno de desigualdad, corrupción en las más altas esferas y crecimiento mediocre, empeoró en un año. ¿Cómo lo hizo? No ha resuelto lo primero, y ha añadido agravantes en su gestión por causas aún sin explicación clara. La empatía con criminales y desdén con las víctimas, es un patrón de comportamiento. A los presuntos feminicidas de Fátima los mantuvieron casi 48 horas en prisión sin que hubiera orden de aprehensión, pero a Ovidio Guzmán López, el hijo de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán, lo dejaron libre el 17 de octubre en Culiacán, porque no tenían orden de aprehensión. No extraña que el embajador de Estados Unidos, Christopher Landau, regañara hace unos días al secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, porque las muchas reuniones que han sostenido no llevaron a resultados. “Es francamente deprimente”, le dijo. “Esto no puede seguir así”.

El presidente ha pasado de estar muy enojado, a también estar preocupado, de acuerdo con personas que han platicado con él recientemente. Tiene razón en estarlo, pero debería de ocuparse también. López Obrador cree que gobernar es pararse hora y media en la mañana en una comparecencia pública y dar un reporte de gasolineras, de medicamentos, de llevar a miembros del gabinete a que muestren algunas de las cosas que están haciendo. Pero también se sube a la montaña rusa a responder preguntas relevantes e intrascendentes, críticas y zalameras, a denostar y difamar, a pelearse y a retar, como si fuera una pelea en el lodo donde él es igual a todos.

No lo es. López Obrador es el jefe del Ejecutivo mexicano, con la responsabilidad de gobernar un país y para todos los mexicanos. Su misión no es pelearse diariamente con quien sea –hasta con su propio equipo a veces-, ni pensar que si todos van en sentido contrario a él, quien tiene el problema son los demás, no él. López Obrador es presidente de la República, no un pandillero. Debe actuar en consecuencia y gobernar, que es el mandato que tiene.

Los muros de su gobierno se van a colapsar de seguir la dinámica de ausencia de autocrítica, sin filtros y confrontación. Si revisara objetivamente lo sucedido en las últimas semanas, dentro y fuera de Palacio Nacional, vería la urgencia de actuar diferente a como lo ha venido haciendo. No se le pide que regrese a las formas del pasado, sino que haga un gobierno eficiente, incluyente y competente. Un presidente profesional, con un gobierno profesional. Es lo que se necesita.

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Alberto Aguilar

Priva pesimismo de IP en sondeo de KPMG y reprueban gobierno y lo fiscal

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Priva pesimismo de IP en sondeo de KPMG y reprueban gobierno y lo fiscal

En los próximos días la firma de auditoría y consultoría KPMG que comanda Víctor Esquivel dará a conocer su encuesta de Alta Dirección con las perspectivas para 2020, ejercicio de lo más interesante por el momento que se vive en el contexto de la administración de Andrés Manuel López Obrador.

Esta vez se incluyeron 1,036 encuestas. Récord con la opinión de presidentes, directores, gerentes y consejeros, en un trabajo que además cumple ya 15 años de realizarse.

El sondeo que se levanto entre octubre y noviembre estuvo a cargo de Celín Zorrilla cabeza de Clientes y Mercados de KPMG, con el soporte de Jorge Caballero, líder de Impuestos.

Un 85% de los consultados consideró que la Ley de Ingresos 2020 no impulsará la competitividad y el crecimiento de las empresas. Es más, 43% calificó el régimen fiscal como malo y muy malo.

Ahora que en SHCP de Arturo Herrera se habla de una reforma fiscal, 80% consideró que se debe seguir la tendencia global: disminuir impuestos directos (ISR) e incrementar indirectos (IVA).

En la encuesta 81% consideró que la actuación del gobierno en pro de la competitividad es negativa. Tres de cada 10 aluden la inestabilidad económica y la baja del consumo.

Para 2020, según el reporte de KPMG, 44% ven un escenario peor en lo económico, 33% igual a 2019 y sólo 23% mejor.
Tampoco para la economía global hay euforia: 44% lo ve igual a 2019 y 33% peor. En consecuencia seis de cada 10 compañías proyectan un crecimiento de sólo un dígito y 6% nulo. En rentabilidad 37% opina que se ha mantenido, 20% disminuido y 43% la han elevado.

En el diagnóstico 65% colocó este año la variable de la estabilidad económica como esencial para mejorar su competitividad, a la par de la mejora de la seguridad pública con 64%.

Claro que la inseguridad aún se cuece aparte en las decisiones de inversión, ya que 16% ha suspendido proyectos por ese mal y 41% las han cancelado.

En lo que hace a la expansión geográfica de los negocios en el territorio, 55% no tiene planes en los próximos tres años, lo que evidencia cautela, y en la global, 66% está en la misma tesitura.

Sin duda un ejercicio a considerar.

Interjet el viernes caos en 325 vuelos

Es conocida la problemática de Interjet de Miguel Alemán. El viernes resultó caótico para la aerolínea que dirige William Shaw, debido a la falta de aviones. Se reprogramaron 325 vuelos, de los cuales 72 tuvieron demoras de entre 60 y 320 minutos, como fueron los casos del 2160 de México-Monterrey y el 983 LA-Guadalajara. Este se retrasó 266 minutos. Además otros 16 vuelos se cancelaron como el 2931 Bogotá-México y el 580 Cancún-Lima. Si esto sucede en esta temporada, imagine lo que podría venir en el verano.

Concluye Liga Minera y mal sabor de boca

Ayer fue la final de la Liga Minera de Beisbol. El presidente Andrés Manuel López Obrador entregó el trofeo. Este primer ejercicio que empujó esa industria dejó un muy mal sabor de boca al interior de Camimex que preside Fernando Alanís. Y es que el gobierno federal empujó con todo al equipo de La Marina con una plantilla de semiprofesionales, a buena distancia de los equipos conformados por trabajadores.

Anaya presenta y campo otra vez un motor

Hoy presenta su reporte Perspectivas Agroalimentarias el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas de Juan Carlos Anaya. Por ahí Francisco de Rosenzweig, Pablo Sherwell y Enrique de la Madrid. Se concluye que a pesar de la atonía, el campo se mantendrá otro año como motor. Habrá una balanza superavitaria por sexto año consecutivo por más de 10,000 mdd. Además se cree que las políticas públicas en pro de la autosuficiencia alimentaria en granos y oleaginosas aún no tendrá ningún impacto.

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