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estrictamente_personal Raymundo Riva Palacio

La peor crisis de Peña (I)

Hace escasa una semana, un juez federal atendió la petición de la PGR y halló elementos para enjuiciar a dos funcionarios del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), como presuntos responsables de no haber emitido de manera oportuna la alerta para que se activaran los protocolos de emergencia que impidieran la fuga de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán. Sin el spin gubernamental en los medios, se difundió que un juez federal los dejó en libertad. La PGR apeló el fallo y se está en espera su resolución. Los funcionarios regresaron al CISEN donde pasarán por el polígrafo, por lo que para efectos públicos, el caso está casi cerrado.

La realidad es muy diferente. Este episodio es uno de los mejores ejemplos para explicar el colapso de los sistemas de seguridad y penitenciarios que sumió al presidente Enrique Peña Nieto y su triada de poder –el jefe de la Oficina de la Presidencia, Aurelio Nuño, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y el de Hacienda, Luis Videgaray-, en la peor crisis política del sexenio.

La presencia del CISEN en el penal de El Altiplano ayuda a entender el por qué el CISEN tiene que ver con los reclusorios, se responde con la decisión de Peña Nieto de cambiar el diseño institucional del gobierno, cuando durante el periodo de transición, aprobó que la Secretaría de Gobernación absorbiera la Secretaría de Seguridad Pública Federal. Gobernación y represión en la misma mano es una receta tóxica, pero la concentración del poder –la zanahoria y el garrote- influyó en la decisión. Sin que pareciera haber existido una mayor reflexión, se involucionó en materia de inteligencia y policial 20 años, cuando tras la corrupción de la vieja Policía política, la Dirección Federal de Seguridad, se fusionó en 1985 con la Dirección General de Investigaciones Política y Sociales, que dependía de Gobernación, en lo que fue la placenta del CISEN, que nació cuatro años después.

El CISEN fue creado como un órgano de inteligencia civil para recopilar información y procesarla para que aportara análisis, diagnósticos y opciones al presidente. Las tareas policiales dejaban de ser su función y responsabilidad, que recayeron en una subsecretaría dentro de Gobernación, que durante el gobierno de Vicente Fox se elevó al rango de secretaría. Pese a sus altibajos en la conducción y la insuficiencia de presupuesto, el CISEN se mantuvo fuera de la contaminación natural de las tareas policiales. Al llegar Peña Nieto y su triada al poder, volvieron a juntar todo. Políticos jóvenes con olor a naftalina y visión de Estado corta, nunca quisieron aceptar –porque críticas hubo en los medios-, que esa decisión era equivocada.

En el nuevo diseño institucional, Peña Nieto se creó la Comisión Nacional de Seguridad integrada a la Secretaría de Gobernación. Al absorber toda la parte operativa y táctica policial, se fueron simplificando los procesos y desmantelando los protocolos inherentes a la seguridad pública. Para efectos de este texto, una externalidad fue la desaparición de la llamada escuela de custodios, que se había separado de la Policía Federal para minimizar los riesgos de corrupción orgánica. Una segunda externalidad fue que los protocolos en las cárceles de máxima seguridad se empezaron a ver bajo una óptica política –en otras columnas se detallará el desmantelamiento de ellos- y no meramente policial. La tercera es que le asignaron al CISEN en los hechos –que no por decreto-, la responsabilidad de inteligencia dentro de los penales. De esta forma profundizaron más el retroceso de dos décadas, donde la inoculación del aparato de inteligencia civil de la inteligencia policial desapareció al quedar integrada bajo la misma dirección.

El presidente Peña Nieto designó al frente del CISEN, por petición de Osorio Chong, a Eugenio Ímaz, con nula experiencia real en temas de inteligencia, pero cuya carrera política fue de la mano del exgobernador de Hidalgo. Ímaz tomó el control de la inteligencia en los penales de máxima seguridad, como El Altiplano, de donde se fugó ‘El Chapo’ Guzmán, por lo que para efectos prácticos se puede argumentar que la evasión es también responsabilidad de él y del CISEN.

El CISEN desplazó al Ejército de las tareas de inteligencia en el exterior del penal, y de la vigilancia en el primer perímetro exterior de la cárcel. Tomó el control de una de las tres áreas de video monitoreo de una forma ilegal, porque no está en sus funciones y responsabilidades esa tarea, pero aún así –bajo la argumentación de que podría ser un tema de seguridad nacional-, falló en las tareas de contrainteligencia. El CISEN no se percató –o no quiso ver- el desmantelamiento de los sistemas y protocolos que comenzó el primer comisionado nacional de Seguridad, Manuel Mondragón, que permiten que una cárcel sea de máxima seguridad, y le pasaron de largo las decisiones que tomó en los procedimientos y las personas con las cuales los llevó a cabo. Hubo alertas sobre lo que estaba sucediendo y no se atendieron. La fuga de ‘El Chapo’ Guzmán no se consumó el 11 de julio. La fecha es anecdotaria. Las condiciones para que la realizara se construyeron aun antes de que lo capturaran.

 [email protected] | twitter: @rivapa

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El faraónico reto de los 2 millones de empleos

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El faraónico reto de los 2 millones de empleos

Nos cuentan expertos que las proyecciones del presidente Andrés Manuel López Obrador de generar 2 millones de empleos en los próximos ocho meses no sé ve por dónde pueda llegar. Dicen que la situación se ve negra tras las cifras de la titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, Luisa María Alcalde, de que en menos de un mes se borraron 347 mil puestos por el coronavirus. Basta señalar que un componente esencial para crear plazas es la inversión; sin embargo, la más reciente encuesta del Banco de México mostró que las perspectivas para apostar capitales en el país están por los suelos. Si se le suma la incertidumbre y el descontento de ciertos sectores empresariales con el gobierno, el panorama para generar empleos se ve faraónico, nos aseguran.

Dividendos en tiempos de Covid-19

Ahora que terminó el primer trimestre del año, se espera la temporada de reportes de las empresas que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), que tiene como director a José Oriol-Bosch. Nos cuentan que adicionalmente, muchos accionistas se frotan las manos porque también se pagarán dividendos y a una lanita en estos tiempos en que el horno no está para bollos, nadie le hace el feo. Nos dicen que una de las primeras emisoras que ya anunció el pago es Chedraui, que decretó un dividendo de utilidades generadas en ejercicios anteriores por 427 millones 882 mil pesos. También Cementos Moctezuma por mil 754 millones. Veremos si entre las emisoras aparece algún banco o aseguradora que vaya a dividendos, pues estaría desatendiendo las sugerencias de la Secretaría de Hacienda para no descapitalizarse.

Canadevi quiere ser actividad esencial

La Cámara Nacional de la Industria de Desarrollo y Promoción de Vivienda (Canadevi) que preside Gonzalo Méndez Dávalos hizo una evaluación de la industria frente a la contingencia por el Covid-19 y analiza estrategias para su reactivación. La Canadevi quiere que a la industria se le considere actividad esencial, como en Estados Unidos y Canadá, para lo cual, junto con la Concamin sostienen pláticas con el canciller Marcelo Ebrard y con Alfonso Romo, Jefe de la Oficina de la Presidencia. La construcción de vivienda genera más de 2 millones de empleos y aporta 6.5% del PIB. En EU y Canadá, los gobiernos han recomendado que las cadenas productivas de México sigan trabajando haciendo espejo de actividades consideradas esenciales en los tres países.

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Carlos Loret de Mola

No contamos con el presidente

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No contamos con el presidente

Es momento de que como sociedad mexicana caigamos en cuenta de que, frente al atroz reto que implica la llegada de la pandemia a México, no contamos con el presidente Andrés Manuel López Obrador.

La posición del gobierno federal es que cada quien se rasque con sus propias uñas. No hay dinero extra que llegue directamente a los más afectados por la crisis sanitaria y económica. Hasta los más pobres, que tanto aparecen en el discurso político del presidente, van a seguir recibiendo lo mismo que les lleva prometiendo año y medio, y que en muchísimos casos aún no les llega por la dramática incapacidad de implementación.

El presidente no parece mirar al mundo ni detectar lo que sucede allá afuera. No sabe que no entiende. No entiende que no sabe.

Ante ello, la sociedad no puede pasmarse en el lamento de sólo seguir contabilizándole al presidente cada una de las torpezas, mentiras, desdenes, desatenciones, malas frases y peores ejemplos. Habrá que seguir señalándolas para el juicio de la historia, que ya llegará.

Pero por ahora, hay una tarea urgente de atender. Si no contamos con el presidente, hay que tocar otras puertas del gobierno federal a ver si alguien abre, a ver si contestan los que sabemos que no comparten su actitud displicente. Agitar a gobernadores y alcaldes para que suplan el vacío presidencial. Animar a líderes sociales y empresariales, a ONGs y toda suerte de organismos de la sociedad civil y colectivos. Ya muchos han despertado y se están activando. No se trata de un llamado a la insurrección: AMLO es y será presidente de todos los mexicanos como lo marca la Constitución, pero si él ya dejó claro que no se cuenta con él, pues habrá que hacer la tarea sin él.

Y así, atender la emergencia: proteger de inmediato a la gente que está poniendo su vida en juego. Equipar a todo el personal de salud. Dotarlos de lo que necesitan para derrotar al enemigo: pruebas de coronavirus, camas de terapia intensiva por miles, ventiladores, cubrebocas, guantes, lentes de protección. Y no sólo a ellos. Cuidar también a los que, por desempeñar una actividad esencial para el país, deben salir estos días: soldados, marinos, policías, bomberos, los que trabajan en mercados y supers, los cajeros de los bancos, operadores del transporte público y un largo etcétera.

A la voz de ya, también apoyar a los que si no salen, no tienen qué comer. Dinero directo y especial a la gente más necesitada, a quienes están perdiendo su empleo (van 350 mil en tres semanas, según cifra oficial), incentivos para los empresarios que no despidan, y más aún para los que contraten más, apoyos para micro, pequeños y medianos negocios que son los que más trabajo dan en el país y son los que pueden aguantar menos un cierre tan largo.

Es momento de manos a la obra. Y ya sabemos con qué par de manos no contamos.

SACIAMORBOS

A dueto, el presidente López Obrador y su director del IMSS, Zoé Robledo, se me lanzaron ayer en la mañanera. Como es habitual, mintieron.

A principios de marzo di voz en esta columna a médicos del hospital Siglo XXI (‘http://eluni.mx/sdbq6ve8n’). Denunciaban que les habían comprado guantes de trapear y equipo de pintor para enfrentar el coronavirus. Publiqué las fotografías en las que aparecía el director de dicho hospital, el doctor Carlos Cuevas, sirviendo de modelo para exhibir esas prendas. Ese día me habló el doctor Cuevas para aclararme que no eran cosas para cocineros ni pintores, que era equipo profesional, muestrario de un proveedor. Ayer en la mañanera, el director Zoé Robledo cambió la versión oficial: dijo que las fotografías correspondían a un taller sobre “qué cosas no debían comprar jamás” para el coronavirus. (Hasta como chiste es malo el tal taller). Si van a mentir, que se pongan de acuerdo.

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¿Dónde vamos a estar en una semana, en 15 días, en un mes?

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¿Dónde vamos a estar en una semana, en 15 días, en un mes?

Ayer México alcanzó la cifra de 3 mil 181 casos positivos de contagio por coronavirus y 174 personas que perdieron la vida debido a la pandemia.

Aún estamos lejos del peor momento; mientras el mundo cuenta hoy con más de un millón de individuos infectados y 88 mil 405 personas muertas, nosotros permanecemos en los últimos vagones de la tragedia.

España rebasó los 3 mil casos de contagio el jueves 12 de marzo de este año, Italia tres días después, Inglaterra el jueves 19 de marzo y Estados Unidos al día siguiente.

Esto querría decir que vamos atrás, entre veinte y treinta días, con respecto a esos países.

Cualquier predicción que no considere distintas variables sería equivocada. Cada gobierno ha tomado decisiones de distancia y confinamiento en el momento que consideró pertinente; cada país tiene una infraestructura hospitalaria distinta; varían también en cada población las enfermedades pre-existentes, como la diabetes o la hipertensión; y la pirámide poblacional por edad también debe tomarse en cuenta.

Sin embargo, no deja de ser pertinente observar el comportamiento de los números agregados que, en otros países, exhiben los patrones de evolución, tanto del contagio como de la letalidad.

Mientras en Italia la cifra de contagios dobló en sólo ocho días

–pasando de 3 mil a 6 mil 500-, en Inglaterra los casos se multiplicaron por cuatro, en España por nueve y en los Estados Unidos por diez, durante el mismo periodo.

Si imitáramos el modelo italiano, la semana próxima estaríamos aproximándonos a los 7 mil contagios, pero si corriésemos la suerte de Estados Unidos, de hoy en ocho rozaríamos los 30 mil casos.

Ayer miércoles Inglaterra alcanzó 60 mil 733 casos de contagio, Francia 112 mil 950, Italia 139 mil.

España 146 mil, y los Estados Unidos 435 mil.

Haciendo una matemática similar, si nuestro patrón se pareciera al de la Gran Bretaña en México alcanzaríamos los 60 mil casos dentro de veinte días, pero si nuestro futuro se pareciera al de los EE. UU. hacia finales de mes podríamos estar rompiendo el techo de los 400 mil casos.

La diferencia entre un escenario y otro radica estrictamente en la disciplina que guardemos respecto a las normas de higiene y de distancia social.

También dependerá de las curvas de crecimiento de la epidemia que se presenten en las zonas más pobladas del país. Si el ritmo de la epidemia en el valle de México se parece al que está experimentando la ciudad de Nueva York, cabría temer lo peor.

En cambio, si la ciudad capital reproduce los indicadores de Londres, a final de mes nos encontraremos frente a un escenario benigno.

Mirar estos números obliga a ser realistas: el futuro es muy preocupante.

La tasa de letalidad, respecto a las personas contagiadas, se modifica también a partir de variables propias a cada geografía y a cada sociedad. El promedio ronda una persona muerta por cada 100 contagiadas, pero hay naciones que han mostrado una cifra de 4 por 100 y hasta de 7 por cada 100 infectados.

Zoom: El coronavirus es inmune a los milagros. Mirando hacia la tragedia que se vive en otras coordenadas del globo debemos maximizar la ciencia, la responsabilidad y la inteligencia sociales disponibles. Con el coronavirus tenemos suficiente como para preocuparnos, habríamos de dejar para otro momento la confrontación y la disputa.

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