Debemos entender que una vez que los ciudadanos electos para distintos cargos de elección popular, el trabajo político deberá redoblarse, teniendo en cuenta que la ciudadanía, se volverá cada vez más exigente en sus demandas, no necesariamente por fervor cívico, sino porque la realidad es cada vez más compleja y requiere de imaginación y sentido de pertenencia, respecto de las instituciones, que se encuentran en fase de transformación y debemos evitar que su deterioro se acentúe, pues su funcionamiento correcto, será cada vez más necesario y requerirá de una sociedad cada vez mejor organizada.

Habida cuenta de lo anterior, el trabajo político deberá asumirse con determinación y conciencia de que, si no se hace, las crisis que podemos valorar ahora, serán pálido reflejo de lo que pudiera ocurrir, si acudimos a las prácticas que han demostrado, que el camino debe ser enmendado.

Es indiscutible que como algunas personas exponen, hemos avanzado considerablemente y que la apariencia de nuestras ciudades, los caminos que conducen a ellas; los hospitales y los institutos de educación superior, entre otras manifestaciones de civilización, ofrecen ahora aspecto muy distinto al de sólo unos años atrás.

Empero, el análisis vale en lo que a lo positivo se refiere, sólo si hemos avanzado lo necesario para comportarnos, de tal manera, que la especie muestre síntomas de evolución; que nuestras calles ofrezcan el espectáculo de una sociedad, en donde el concepto de persona humana, haya mejorado en la medida que la infraestructura en producción y servicios, haya evolucionado a la par, de una población, donde las nuevas generaciones, muestren en su rostro los efectos de la salud; pues si nuestra adhesión a lograr una sociedad sana es limitada o francamente distante, es momento de asumir una actitud que nos lleve a enmendar el camino, ahí donde sea necesario.

Pero, lograr un cambio de actitud en el grueso de la sociedad, comenzando por los líderes, requiere de una tarea de organización, que deberán emprender con seriedad los políticos, quienes asumirán, la responsabilidad de alejar de las decisiones políticas, las prácticas que lleven a la población a conceptualizar su trabajo, indigno. El objetivo deberá ser salir a la luz del día, responsabilizarse más del bien social y abandonar la práctica de hacer reformas o parches a las leyes, cuyos resultados son magros o contraproducentes. Pues se habrá de concluir que la buena ley, sin el ciudadano leal a las instituciones, es estéril.

Reclutar a personas con vocación política, ofrecer oportunidades de incrementar su cultura jurídica e incorporarlos paulatinamente en el arte de gobernar, tendría resultados a corto plazo en el trabajo que la gente espera de los partidos políticos, quienes deberán justificar, con trabajo, los recursos puestos a su disposición para que las instituciones a su cargo evolucionen.

Los partidos deben ser considerados como instituciones de interés público y en su desempeño deberán honrar el encargo.

El trabajo político pendiente es enorme, pero lo son también las vocaciones políticas mediatizadas. Las crisis que vivimos ofrecen una magnífica oportunidad a las mujeres y hombres de buena voluntad, que es necesario llamar a filas para recomenzar el camino a la revolución social.