Agencias

Ciudad de México.- Hace medio año, cuando se preparaba para luchar por un lugar en Tokio 2020, Arantxa Chávez recibió un golpe de esos que resulta muy difícil levantarse y que la hizo contemplar seriamente la posibilidad de abandonar el sueño olímpico: la muerte de su padre.

Ya con experiencia en Londres 2012, la clavadista no asistió a Río de Janeiro 2016, por lo que veía en la justa asiática la posibilidad de redimirse… Hasta que el corazón recibió un duro mazazo.

Sin embargo, encontró en el amor de su papá la fuerza para buscar “esa revancha conmigo misma. Quería hacer una mejor competencia, vivir diferentes los Juegos Olímpicos. Para mí, en 2012 fueron los nervios, todo era nuevo para mí”.

“Ahora que trabajé en otras cosas, como lo mental, lo físico, lo técnico, voy diferente, más madura… Además, hace casi seis meses estuve a punto de dejar los clavados, porque falleció mi papá y no creía poder seguir con todo esto, pero fue una motivación para mí, porque él no me hubiera dejado tirar la toalla a meses de que fueran los Juegos Olímpicos, así es que también es esa motivación sentimental, pero vale la pena”, agrega.

La guanajuatense participará en el trampolín individual, y tiene la ilusión de subir al podio, porque “todo va dedicado hacia mi papá”. “Desde que hice el control, fue esa dedicatoria especial para mi papá, me imaginaba festejando con él”, añade, con cierta nostalgia. “No se pudo, pero lo tenía muy presente. Antes, mi papá me había dicho que, pasara lo que pasara, siempre fuera feliz”. Y Arantxa está segura de que lo será en Tokio.

EZM