En las principales poblaciones del noreste de Guanajuato, puede haber periodos apacibles, pero ya el instinto está predispuesto para en cualquier momento enterarse que alguien se cruzó con algún difunto arrojado en la orilla de la carretera, entre matorrales, o vía las redes sociales saber en tiempo real de algún suceso delictivo. Igualmente, inquieta pero ya no asombra que aparezca una manta con narcomensajes. En algún punto del camino reciente nos perdimos, y todo eso se instaló como la nueva normalidad.

Pero si ya con la omnipresencia y la impunidad del crimen organizado nos sentimos sojuzgados, el sentimiento de vulnerabilidad se desbarranca cuando la propia autoridad y las instituciones encargadas de la seguridad y de la procuración e impartición de justicia dejan ver su caos y deterioro interno.

Una interrogante muy frecuente entre la gente, dicho coloquialmente, es “por qué hay tanto muerto y nunca agarran a nadie”. Socialmente hay una interpretación adoptada y concluyente: la autoridad y la delincuencia están coludidas. Esta aseveración así generalizada sin duda es injusta y agraviante para policías, fiscales o jueces honestos y profesionales que también deben existir, así se trate del ámbito más laberíntico de la función pública, sin embargo, los hechos abonan a su descrédito.

Reportes periodísticos sólidos recién han dado cuenta que está siendo procesado por el delito de peculado quien hasta hace poco era el jefe de la Unidad de investigación de Homicidios de la Región ‘D’ de la Fiscalía General del Estado. Esto traducido en términos llanos y francos, equivale a decir que un funcionario relevante involucrado en presuntos actos de corrupción era ni más ni menos el responsable de dirigir las pesquisas para encontrar e imputar a los autores de las decenas de homicidios que en tiempos recientes se han estado cometiendo en San Luís de la Paz, Victoria, San José Iturbide, Tierra Blanca, Xichú, Santa Catarina, Doctor Mora, Atarjea y San Miguel de Allende. Eso termina dando razón a las sospechas y a la incredulidad que están enraizadas entre la población.

¿Y la Guardia Nacional?

A dos años de que la Guardia Nacional llegó a la región noreste teniendo como base San Luis de la Paz, primero alojada en espacios administrados por el gobierno municipal, y desde principios de 2020 ya en sus propias instalaciones, su sola presencia no ha conseguido inhibir la creciente inseguridad. Si bien sus patrullajes son cada vez más visibles, y ya se ha incorporado como una referencia incluso en el lenguaje cotidiano, la imagen instalada en el imaginario colectivo es que escoltan con eficiencia las vacunas o el traslado del dinero de programas sociales, pero cuando hay un suceso lamentable llegan ya solo para acordonar el lugar.

También se han dado situaciones donde se le ha visto actuante pero errática, como el 17 de agosto cuando en la cabecera ludovicense dando apoyo a policías ministeriales que intentaban detener a los ocupantes de un automóvil que se escabulló por la zona céntrica y luego desembocó a una carretera, los disparos de los elementos federales atinaron pero no a los presuntos delincuentes sino a los agentes estatales, dejando dos de ellos heridos, a pesar de que son conocidas e identificables las camionetas en que estos se trasladan.

Tan solo este hecho que muestra insuficiente coordinación y operatividad disfuncional entre las fuerzas de seguridad de los tres niveles, da cuenta del alto costo que en la vida de todos los días los ciudadanos estamos pagando por la pugna radicalizada e irreconciliable entre los gobiernos estatal y federal.

Frente a la vulnerabilidad de las policías locales de la región, circunstancia que parece no tendrá solución pronta, la Guardia Nacional apunta a ser la única fuerza que podría convertirse en un dique para frenar la creciente zozobra que se ha adueñado de todos los rincones, pero por lo visto para llegar a eso falta mucho camino…

Googlear la ignorancia…

Una mala estrella persiguió hasta el final de su periodo al alcalde morenista de San José Iturbide, Genaro Zúñiga, ahora fue en su último informe. Ha trascendido que personal de la Secretaría Particular responsable de sacar adelante dicho evento, cercana la hora de comenzar consideró suspenderlo porque no había presencia del Ejército y entonces según su interpretación no estaban todos los poderes. Se cuenta que apresuradamente tuvieron que googlearlo para salir de la duda y fue hasta entonces que tuvieron la cibernética revelación de que a México lo rigen solo tres: Legislativo, Ejecutivo y Judicial.

Pero las fallas de sus colaboradores no terminaron ahí, los encargados del protocolo olvidaron mencionar entre los escasos invitados especiales a la alcaldesa xichulense Ma. Guadalupe Ramírez, por lo que uno de los momentos más memorable de ese solemne evento, fue cuando el alcalde, visiblemente incomodo, desde el micrófono reprochó la omisión; aludiendo a los responsables del error, advirtió: “cabezones, ahorita van a ver…”.