La reciente decisión del Gobierno Federal de excluir a la ciudad de León en el proyecto de El Zapotillo es una oportunidad para poner sobre la mesa un tema de suma importancia, la adopción de estándares de operación bajo criterios de sostenibilidad (ESG) y circularidad económica por parte de las empresas guanajuatenses.

La inversión sostenible no es un concepto nuevo, sin embargo, ha progresado vertiginosamente en tiempo recientes ante los evidentes riesgos consecuencia del cambio climático provocado por las externalidades de la actividad económica.

Si consideramos que una de las actividades económicas emblemáticas de la ciudad de León es la del Cuero-Calzado, al contribuir con alrededor del 85% de la producción de cuero en nuestro país, podemos estimar que la huella hídrica diaria tan solo, de esta industria húmeda es superior a 500 metros cúbicos. A lo que podemos añadir el impacto de la industria plástica y automotriz cuyas huellas hídricas también son elevadas.

Definitivamente hay que trabajar en soluciones alternas para acceder al vital líquido, pero si postergamos la instrumentación de políticas públicas que incentiven la adopción de criterios de sustentabilidad por parte de las empresas, no habrá solución de largo plazo que sea suficiente.

Hace poco más de dos semanas, el grupo intergubernamental de expertos sobre cambio climático de la ONU, publicó su informe alertando sobre la rapidez e intensificación del calentamiento global. En el escenario hipotético de lograr una reducción abrupta del dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero, los cambios como el aumento continuo del nivel del mar, tomarían siglos o milenios poder revertirlos y podrían pasar de 20 a 30 años para que la temperatura global se estabilice. De ese tamaño es el riesgo.

Lo anterior, a pesar de la importancia que tiene fue un tema que se desvaneció rápidamente, ignorando que México junto a Brasil, India, el continente africano y el sureste asiático son las regiones que podrían ver las mayores reducciones en su crecimiento económico a consecuencia de un calentamiento global superior a 1.5, sin dejar de lado las devastadoras consecuencias que tendría para la población en general.

Quizás esto se percibe como algo lejano para nuestro país, pero si revisamos los reportes anuales del clima en México publicados por Conagua, podemos advertir que desde 2004 hay una tendencia de aumento de temperatura, registrando en 2020, la tercera ocasión en que la anomalía en temperatura (desviación respecto al valor de control) es de 1.4℃ por encima de la temperatura media registrada desde 1953 (gráfico).

Nuestra industria local y nacional, ¿Está preparada para enfrentar los riesgos disruptivos a consecuencia del calentamiento global? …No, la generación de escenarios respecto a las posibles afectaciones aún son la excepción más que la regla, incluso globalmente.

Tomando en consideración el exclusivo índice S&P 500®, en un entorno donde los inversionistas piden a las empresas se revele con mayor detalle los potenciales riesgos que enfrentan relacionados con el cambio climático, a finales de 2019 el 60% de las compañías que integran el índice, tenían una alta exposición a riesgos por el cambio climático.

La mejor sensibilización es la cuantificación de la magnitud e impacto (directo e indirecto) que estos riesgos tienen sobre la solvencia de una empresa, tales como: los efectos de la erosión de playas por el aumento de los niveles marítimos, erosión de suelos por incendios forestales, estrés hídrico por sequías, ondas de calor, huracanes, inundaciones y las potenciales regulaciones, impuestos y aumento en costos de financiamiento para aquellas industrias consideradas como altamente contaminantes o que no estén trabajando en disminuir su huella contaminante.

La inversión sustentable ya ha comenzado a privilegiar a quienes sí adopten criterios ESG y los bancos también han comenzado a hacer lo propio, en algunos casos dejando de financiar actividades relacionadas con el carbón o altamente contaminantes y en otros casos lanzando programas que faciliten la transición a energías renovables.

Una oportunidad que nuestras autoridades y empresarios locales no deben dejar pasar, no solo por beneficio económico, sino para darle un futuro sostenible a las generaciones más jóvenes.