Fueron los ciudadanos los que en el año 2000 decidieron que el PRI ya no los gobernara y fuera el PAN el que asumiera la Presidencia de la República. En 2012, le quitaron al PAN y se lo regresaron al PRI. Luego, en 2018, acudieron a las urnas y dieron una victoria contundente al candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador, que por tres sexenios buscó afanosamente gobernar desde Palacio Nacional. En todos los casos, se dijo que quienes tenían el poder, tenían movilización, recursos y ejercían prácticas ilegales para coaccionar el voto de los ciudadanos, pero al final, perdieron las elecciones porque así lo decidieron los mexicanos.

No hubo presión, amenazas o restricciones de programas sociales, que fueran suficientes para controlar la voluntad de millones. Lo que si hubo fue la construcción de todo un sistema electoral, fundado en los ciudadanos, donde los votos fueron vigilados y contados más allá de los partidos políticos. Gracias a ello, gobernaron Vicente Fox, Enrique Peña Nieto y ahora AMLO, aunque este último trate de desaparecer al INE y el andamiaje que le permite disfrutar del poder federal por obra y gracia del voto de las y los ciudadanos.

El sindicalismo mexicano debe aprender de este proceso. La Ley Federal del Trabajo, los acuerdos internacionales como el T-MEC y todo el andamiaje creado a partir de la reforma electoral, dan el margen para que la democracia sindical sea posible, a pesar de los vicios que haya dejado el charrismo.

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Resulta muy difícil de creer que más de 44 mil trabajadores de Petróleos Mexicanos, de 72 mil, hayan sido obligados a votar contra su voluntad por el ganador de la elección de este pasado lunes, un sindicalista de viejo cuño y parte de la “nomenklatura”, Ricardo Aldana, quien dirigirá el Secretaría General del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) por los próximos dos años. Frente a él hubo 24 candidatos opositores, que tuvieron a su lado la ley, las instituciones y hasta la supervisión en la elección del presidente de México, opositor histórico a la dirigencia petrolera de las últimas décadas, a quienes acusó de corrupción. Tan es así, que el mandatario logró que Carlos Romero Deschamps, el viejo líder sindical priista y plagado de muestras de corrupción, abandonara el STPRM, lo que llevó a esta elección.

Es indudable que las malas prácticas en la elección son posibles y se ejecutan. Las hay en cada sindicato. Hace poco en la ASTAUG lo observamos. El sempiterno líder Víctor Jiménez, ganó su elección, pero lo hizo gracias a que cuenta con apoyo suficiente de los trabajadores y a la vez su oposición no está lo suficientemente organizada ni tiene el respaldo necesario de sus compañeros sindicalizados.

Este martes y miércoles hay una elección de notable interés nacional e internacional en nuestro estado. Los trabajadores de la armadora General Motors en Silao, más de 6 mil 500, según reportan las autoridades laborales, determinarán a través de sus votos qué sindicato -de 4 postulados- tiene la mayoría y así pueda representarlos para negociar el Contrato Colectivo de Trabajo (CCT) con la empresa estadounidense. En agosto pasado los mismos trabajadores decidieron, con una mayoría, nada abrumadora, por cierto, que el sindicato “Miguel Trujillo López”, de origen coahuilense y adscrito a la vieja central obrera afiliada al PRI, la CTM, ya no les representara más, por las lamentables condiciones laborales que tenían.

Un conjunto de trabajadores, opositores a ese sindicato, organizados bajo una agrupación denominada “Generando Movimiento”, cercano a organizaciones políticas de izquierda, hicieron labor de zapa contra el CCT y el sindicato a la postre desplazado. Pero lo cierto es que tampoco pueden acreditarse esa decisión de los trabajadores, hay quienes piensan diferente a ellos, a pesar de haber coincidido en que el contrato no les era conveniente.

Por eso, cuando formaron el Sindicato Independiente Nacional de Trabajadoras y Trabajadores de la Industria Automotriz (SINTTIA), que lidera Alejandra Morales Reynoso, no pudieron demostrar tener un apoyo abrumador como para ser el único sindicato que podía emplazar para el nuevo contrato. Hubo otros sindicatos que también acreditaron tener la afiliación suficiente para reclamarlo. Así, la elección es de 4 sindicatos. Y el resultado de la elección seguramente será apretado.

Hay dos adheridos a la CTM, uno a la CROC y SINTTIA como independiente, que ha tratado de fortalecerse con respaldo internacional, pero las elecciones no se ganan así, sino con respaldo interno. Veremos si logran ese apoyo entre los trabajadores de la planta. Como también veremos si los demás sindicatos que disputan la representación actúan conforme a la ley y no bajo las peores tradiciones del corporativismo sindical.

La elección en GMS terminará esta noche y mañana jueves deberá tenerse un resultado tras el conteo de votos. El proceso es vigilado por el Centro Federal Laboral e inspectores federales de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social. A la par hay 47 observadores externos, adscritos al INE, a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y académicos. Además, se observa con interés en el corporativo de General Motors, el gobierno canadiense, la Casa Blanca y el Capitolio, por increíble que parezca. La elección es simbólica dados los compromisos del T-MEC. Y es importante para el ambiente de negocios.

El resultado deberá respetarse por los sindicatos perdedores. Hasta ahora no hay elementos para pensarse en que haya situaciones que pongan en riesgo el proceso. Quien gane lo hará con los votos de los trabajadores asentados en Silao, no del exterior. Esa es la democracia. Querer arrebatar significará que no se entiende el México de hoy.