El valiente Pedro Moreno, un guerrillero con ideología libertaria

Entre los municipios de Guanajuato y San Felipe se localiza la Mesa de los Caballos, un cerro que domina el paisaje y que tiene como característica una extensa cima plana. Esta resulta poco accesible, pues el monte se encuentra cortado en vertical por la naturaleza y rodeado de peligrosos barrancos.

Allí en 1816 se establecieron los contingentes de varios guerrilleros: el padre Mariano Carmona, los “Pachones” Matías, Francisco y Encarnación Ortiz, Juan de Dios Moreno y Luis Moreno, hermano e hijo respectivamente del famoso cabecilla de Lagos, Pedro Moreno

Conociendo el valor estratégico del promontorio, las autoridades virreinales enviaron un ejército de casi dos mil hombres al mando de Cristóbal Ordóñez y Francisco Orrantia para tomar la mesa en febrero de 1817

Los ataques se sucedieron día a día, sin éxito para las tropas realistas. Éstas, en los primeros días de marzo, se vieron reforzadas hasta sumar tres mil soldados. Confiado Ordóñez al tener una superioridad numérica de 10 a 1, la madrugada del 10 de marzo ordenó una ofensiva general.

Después de resistir por cuatro horas el feroz asalto, los defensores sucumbieron ante el enemigo, no sin antes dar ejemplos de gran heroísmo acompañados de sus mujeres e hijos. Las bajas entre los virreinales sumaron doscientas y de los 300 atrincherados fueron escasos los que se salvaron, ya que se pasó a cuchillo a todos los presos, sin distinción de edad, clase social o sexo.

A raíz de las muertes de su hermano Juan de Dios y de su hijo Luis en esta terrible batalla, el subdelegado de Silao, Mariano Reinoso, le escribió a Pedro Moreno llamándolo a indultarse y ofreciendo su gestión para conseguirle el perdón del virrey.

“Solamente usted y el padre Torres –escribe Reinoso– faltan que den este gran día a la América; día de salud ciertamente y que impetro del religioso corazón de usted (…) Abandone usted, pues, un partido que todo es desventajas; conozca usted que Comanja ha de correr la suerte que la Mesa de los Caballos, según el plan de operaciones militares”.

La contestación de Pedro Moreno, seguramente devastado por el reciente fallecimiento de sus familiares, es admirable en dos sentidos: reafirma, pese a todo, su fidelidad a la causa insurgente, y revela sus motivos, exponiendo de paso una ideología inusual en los guerrilleros de su tiempo; aquellos que, según Luis Villoro, “no pueden tener un programa revolucionario concreto. Sólo se abren a una perspectiva inmediata: la destrucción del orden social opresor encarnado en los ricos europeos”.

Siguiendo al maestro Isauro Rionda, Moreno anota, entre otras ideas:

  • “Los españoles, valiéndose de los medios más reprobados, consiguieron despojar a los que de inmemorial tiempo poseían el natural dominio de este vasto continente, sacrificaron a sus magistrados y sujetaron a sus habitantes a la más dura servidumbre”
  • “El sistema de los españoles para perpetuar su dominación en la América impide oír las quejas de los agraviados. Por lo que ni el rey ni los representantes de la soberanía podrán hacer otra cosa, para llevarlo adelante, que desatenderse de las quejas de los americanos”
  • “Semejante conducta, a más de que justifica, persuade la necesidad en que el señor Hidalgo se halló para dar la voz de independencia, autorizándolo suficientemente el atentado del 16 de septiembre de 1808, cometido contra la persona del excelentísimo señor don José de Iturrigaray, sin haber otra causa que haber querido este jefe, con arreglo a las leyes, con consentimiento de todas las corporaciones y a nombre del rey, establecer una junta que gobernase durante su cautiverio”
  • “El rey es un depositario de la soberanía que reside en el pueblo, que luego que aquél degenera en un tirano, deja de ser rey, quedando sus vasallos soberanos de sí mismos”
  • “Faltando a los españoles la justicia en el orden moral y cristiano, ellos serán los injustos y los que habrán de responder a Dios y a los hombres de las innumerables víctimas, y ellos también serán tratados de inhumanos e impolíticos”
  • “Concluida la presente lucha…la corporación que tenga la representación nacional…debe juntarse de nuevo, conforme a nuestro derecho constitucional”.

Termina aquella contundente carta, fechada el 31 de marzo de 1817, diciendo: “Jamás ha sido mi ánimo abrir capitulaciones con el gobierno de México, por lo que no hago las proposiciones que usted me insta”, despidiéndose aquel valiente guerrillero seguro de sus ideales y su entrega al logro de los mismos.

Ese mismo año, por cierto, luego de unirse a Javier Mina y luchando hasta el final, como él lo prometió, murió Pedro Moreno en “El Venadito”, en la misma acción en la cual Mina fue tomado preso.

Hoy recordamos con orgullo a este heredero del cura de Dolores, semejante a él en su decisión y empeño por alcanzar la libertad de México.