Cuando hablamos de una banda de Rock pesado que ha durado más de medio siglo llenando escenarios en todo el mundo, hablamos de los Rolling Stones. Si, seguramente hay otras que podrían considerarse mejores o más populares; sin embargo la mística generada por este grupo es única y especial, y a diferencia de otros músicos populares del Siglo XX, su larga carrera no se compara con otros que —aunque brillantes— fueron fugaces estrellas en el firmamento musical.

La invasión británica en la década de los sesenta no habría sido la misma sin el grupo que logró contrastar la familiar y positiva imagen de The Beatles con una inapropiada mezcla de letras irreverentes y sonidos inspirados en el Blues.

Tal vez sea la coincidencia de circunstancias históricas — cómo el asesinato del Presidente Kennedy— los que detonaron la popularidad de los músicos británicos a principios de esta década, o tal vez fue la necesidad de esa generación de jóvenes de redefinir lo que llamaban “el sueño Americano”. Cualquiera que haya sido el caso, el fenómeno social que detonó la contracultura dejó una huella profunda en el lugar y voz que tiene la juventud en la cultura contemporánea.

Antes de esta época las opiniones de los jóvenes eran subsidiadas a la voluntad y punto de vista de los adultos de esa generación. La rebeldía era algo que conocería una nueva definición a partir de esa generación que luchaba por los derechos civiles, en contra de la guerra y a favor del amor libre.

Y este fue el escenario social en el que surge la banda de The Rolling Stones, fundada por un joven Brian Jones, talentoso músico y compositor que tocaba varios instrumentos — incluyendo la citara que suena en la canción “Paint It Black” — y que contribuyó al legado de la banda durante los primeros años, hasta que en 1969 su problema de adicciones lo obligó a dejar la banda y —un mes después — morir ahogado en su piscina.

Brian llegó a Londres y comenzó a relacionarse con otros músicos que comenzaban sus carreras en el ambiente del jazz y el blues. Un día decidió colocar un anuncio en un folleto local llamado “Jazz News” buscando músicos para formar una banda de R&B. Mick Jagger y su amigo de la infancia Keith Richards acudieron al llamado.

El nombre de la banda — cómo muchas situaciones fortuitas en la vida— llegó sin mucha planeación ya qué al estar Brian en una llamada telefónica con el dueño de un lugar donde querían tocar, este le preguntó el nombre de la banda y Jones, en un momento de improvisación tomó lo primero que tenía frente de él -un disco de Muddy Waters— y eligió la canción número cinco: Rollin’ Stone. La leyenda había nacido.

El reconocido logo que identifica a la banda. — una boca abierta y una lengua— fue diseñado para la compañía discográfica que crearon en 1971, y fue inspirado — según recomendación de Jagger— por la diosa Hindu Kali, diosa del tiempo.

Charlie Watts el baterista de la banda, fue el último en unirse a la banda en 1963, y después de casi 60 años de mantenerse en esta banda de viejos rockeros, falleció la semana pasada a los 80 años de edad.

Cómo dice la canción de los Stones “Time is on my side” la banda ha tenido al tiempo de su lado y pareciera que la diosa Kali tomó cómo hijos favoritos a estos polémicos artistas, que sin lugar a dudas han dejado una huella imborrable en la historia de la música moderna, sin importar si fueron las canciones, el espectáculo o los enormes labios de Jagger; tal vez ha sido todo junto.