“Rebozo, caricia de hilos de colores que entretejes en cada tono el amor que cobija al portar. Eres corazón que late, fuerza, seguridad y remanso de paz”.

Ana María Servín

Las buenas noticias hay que celebrarlas siempre. Especialmente, cuando se trata de temas que suman al orgullo de la mexicanidad. Sobretodo cuando nos referimos a tradiciones que entrañan arte y belleza que se han relegado y están en peligro de ser olvidadas. El rebozo es una prenda que da identidad nacional a la feminidad mexicana y es una pieza de artesanía que está en peligro de perderse. Debemos defenderla ya que la riqueza cultural de México, los colores y sabores con los que participamos en el concierto mundial han de ser motivo para asociar al país con lo mejor de nuestra gente, de nuestras tradiciones y cultura para que sirvan de orgullo regional a tal medida que despierten la curiosidad y las ganas de conocer más de sus cualidades, rescatarlas del relego y de su extinción.

Es así que, al otro lado del puente, en La Piedad, Michoacán, — como cantara José Alfredo—se está gestando una iniciativa loable que tiene como objetivo rescatar una industria artesanal, como lo es la rebocera, y lo quieren hacer en una forma ingeniosa e innovadora. El proyecto que ha unificado a varios sectores de la localidad busca romper un récord internacional: quieren tejer el rebozo más grande del mundo. A iniciativa del Colegio de Profesionales en Calidad y Competitividad, A.C., la industria textil se ha unido con gran entusiasmo para alcanzar este afanoso proyecto y conseguir la certificación oficial.

La tarea será ardua en muchos sentidos. Primero, para convertirse en titular de un récord internacional hay tener lo necesario para romper la marca. Así que hay que medir bien las fuerzas, para llegar a cruzar la meta. Cada aproximación de una nueva idea de récord debe ser original y convincentemente diferente de los ya existentes y demostrar una característica completamente nueva. Además, ser el primero en sugerir uno nuevo, no lo cuenta para la aprobación inmediata. Tanto es así que alrededor del sesenta por ciento de las solicitudes que reciben instituciones que llevan el registro de logros mundiales, son rechazadas. Sin embargo, esto no amilanó las intenciones de encontrar caminos para que esté proyecto refleje la belleza de la artesanía mexicana y destaque frente a la diversidad del mundo.

El proyecto es destacable en muchísimos sentidos: no sólo por la envergadura de lo que se pretende lograr y que salta a la vista, sino porque en La Piedad, la fabricación de rebozo artesanal está desapareciendo. El momento es crítico ya que ahora, debido a la pandemia, los adultos mayores que todavía trabajaban en este oficio han detenido sus labores. Se trata de ir al rescate de gente talentosa que tiene un conocimiento centenario que no debemos de perder.

La propuesta es tejer un rebozo de veinticinco metros con veinticinco centímetros de largo por siente metros con quince centímetros de ancho. La medida es simbólica ya que se refiere a las del Cerro Grande que mide 2525 sobre el nivel del mar. Pero, el proyecto es monumental, para poderlo lograr hay que construir un telar de ocho metros para que los artesanos puedan trabajar. El artefacto se albergará en una bodega que será el espacio para que los artesanos enhebren los hilos y puedan configurar y confeccionar la pieza.

El rebozo es la prenda entrañable con que tradicionalmente nos hemos cubierto las mujeres mexicanas: adorna lo mismo las del pueblo, que orna los cuerpos gentiles de las muchachas en los días de campo, en las festividades nacionales y caracteriza el modo de taparse de la mujer en México. También es cuna, es chal, chalina, protección, caricia y caramelo con líneas de colores.

Los rebozos tradicionales miden entre un metro y medio y tres, dependiendo de la zona y de la altura de la portadora. En este caso, se busca tejer el más grande del mundo, se busca rescatar una tradición y apoyar a artesanos para que su legado se preserve. Es de aplaudir la iniciativa, de apoyarla y de patrocinarla.