El Presidente y la Corte, del intento de sometimiento al descontrol

La relación del presidente López Obrador con la Suprema Corte de Justicia no ha sido fácil en los tres años de gobierno. El único de los tres poderes del Estado al que no ha podido controlar y someter el Ejecutivo, a pesar de que lo intentó con todo, ayer mandó un mensaje claro y contundente a Palacio Nacional: por unanimidad de los 11 ministros, la propuesta que tanto defendió Andrés Manuel para ampliar 2 años más la actual presidencia de la Corte, fue calificada de “inconstitucional” por representar, dijeron los ministros, “una reelección de facto”.

Aunque ya era un revés anunciado, que se vio venir desde que el propio ministro Arturo Zaldívar, que fue el destinatario del polémico artículo 13 transitorio de la Reforma Judicial, se deslindó públicamente del llamado “regalazo” y anticipó su rechazo a la propuesta que ayer votó también en contra, no deja de ser significativo que todos los ministros, incluidos los 3 que han sido propuestos por López Obrador, rechazaran la ampliación de mandato para el presidente de la Corte.

Justo el mismo día que el pleno de la Corte confirma su rechazo total y contundente a una intromisión en la vida interna del Poder Judicial Federal, orquestada por el Poder Ejecutivo y legalizada por el Poder Legislativo, el Presidente anuncia la terna que propondrá al Senado para elegir a un nuevo ministro de la SCJN, ante la salida del ministro Fernando Franco González, que concluye su ministerio el próximo 12 de diciembre.

Los tres nombres propuestos por López Obrador no sorprenden porque han sido repetidos por el Presidente en varias ternas, ya sea para la misma Corte o para otros cargos autónomos. Bernardo Bátiz, que fue aspirante a Fiscal General de la República al igual que Verónica de Gyves, mientras que a Loreta Ortiz, el Presidente la ha repetido en dos ternas. Es claro, a partir de los tres nombres reciclados, que López Obrador busca un ministro o ministra incondicional, cercano a su proyecto, sin menoscabo de las trayectorias o los merecimientos que los tres juristas, tanto Bátiz como las dos doctoras, tienen en el derecho y la jurisprudencia. Cualquiera de los tres que sea electo por el Senado le garantiza al presidente un voto a favor de los temas y controversias que le interesen y le afecten al Poder Ejecutivo en la Suprema Corte.

Lo que parecía ser una gran ventaja para tratar de tener una mayoría en la SCJN se le complicó demás al Presidente. Hoy, de los tres ministros que él propuso: Juan Luis González Alcántara, Margarita Ríos Farjat y Yasmín Esquivel Mossa, los dos primeros han tomado cierta distancia de la 4T y ya no votan de manera incondicional a favor de los temas que le importan al Presidente. Y el voto del ministro presidente, Arturo Zaldívar, que en algún momento también creyeron tener “controlado” desde Palacio Nacional, hoy ha vuelto a recuperar su independencia y lo ha demostrado en varias votaciones recientes. Es decir, que de 11 ministros, López Obrador hoy solo tiene un voto seguro, mientras otros dos ya no siempre van con los intereses del Ejecutivo, y de los 8 restantes, el de Zaldívar no están en contra de la 4T, pero sí los otros 7.

Por eso le urge al Presidente recuperar, aunque sea un voto cercano o hasta incondicional, con el nuevo ministro o ministra que elija el Senado. Prácticamente la sucesión de la Corte, que se renueva en diciembre de 2022, se ve prácticamente perdida para la 4T y es casi un hecho que el nuevo presidente o presidenta de la Corte no será necesariamente alguien afín al gobierno lopezobradorista. Es decir que los sueños de controlar y someter al único de los tres poderes que no domina, prácticamente terminaron para el omnipotente y autoritario presidente que es López Obrador. Esa no es una buena noticia para el Presidente, pero sí lo es para la salud de la República… Los dados repiten Escalera doble. Buena racha.