“Fraude… fraude… y hay que denunciarlo. Nosotros lo vamos a enviar a la fiscalía electoral porque queremos que esto se investigue y se castigue porque es delito electoral y que haya democracia, que el voto sea libre y secreto. Elecciones limpias, libres, ya basta de fraude”

Andrés Manuel López Obrador

Al día siguiente, el viernes muy temprano en la mañanera, el mismísimo presidente Andrés Manuel López Obrador abrió fuego en contra del PAN-Gobierno de Guanajuato al exhibir en una pregunta planteada (o sembrada) al arranque de la conferencia, la tarjeta “Vale Grandeza” como una muestra del “fraude” (así lo dijo) que se da en esta entidad.

Un señalamiento que, como si estuviese preparado, le dio pie para hablar de las supuestas contradicciones en las que incurrieron los consejeros Lorenzo Córdova y Noé Murayama en el uso de las tarjetas de apoyo social que casi cualquier gobierno estatal y federal, aplican.

Ese lance presidencial solo es el cerrojazo en la semana de una serie de críticas constantes al árbitro electoral que no son anecdóticas porque se trata del jefe del ejecutivo federal quien de manera reiterada cuestiona y descalifica a quienes tienen la responsabilidad de conducir el proceso electoral.

Los discursos y los estados de ánimo configuran hoy un escenario preocupante de cara al día de las elecciones. Si el presidente establece una condena a partir de una denuncia pública que ya había hecho el candidato a alcalde de Morena en León, Ricardo Sheffield, enciende los ánimos de sus correligionarios en el estado. Y en el país.

López Obrador dice que hay fraude a través de la entrega de una tarjeta, antes de que se pronuncie una autoridad electoral. Los consejeros del INE se defienden, ofrecen su versión y hablan de la necesidad de confiar.

El jueves Lorenzo Córdova y uno de sus antecesores, José Woldenberg, en un foro virtual organizado por el propio INE, reivindicaron al árbitro electoral.

De pronto, los partidos políticos, enfrascados en la lucha electoral, suelen olvidar que hay un 7 de junio y que hay que saber perder y ganar.

Hasta hace algunas semanas, la mayoría de las encuestas decían que Morena llevaba ventaja en la intención de voto para mantener la mayoría del Congreso federal. Pero esa ventaja parece reducirse y pronosticar que en el mejor de los casos para ellos, no lo lograrán con la solvencia que ahora tienen.

Volvamos a los estados de ánimo. Los mensajes que emiten los morenistas en campaña y desde Palacio Nacional parecen denotar un nerviosismo por la adversidad que viven. Y lo más fácil como suele ocurrir, es echarle la culpa al árbitro. Una paradoja y algo inédito. Que el partido gobernante se queje del árbitro no se ha visto nunca en el país y ese es un escenario riesgoso.

Si la voz del presidente sigue teniendo el impacto que tiene, no es un mensaje alentador ni para el proceso en general ni para sus ciudadanos ni para la imagen ante el mundo.

Reza el dicho que, a puñaladas iguales, llorar es cobardía y ya lo habíamos comentado en este espacio. Las autoridades electorales deberán pronunciarse y actuar ante un eventual condicionamiento en la entrega de apoyos sociales para votar por un partido, en el caso de Guanajuato, el PAN.

Pero en el reino de la simulación en el que se convierte nuestra política muchas veces, se sabe que en nuestro país, esos programas sociales suelen ser el ancla de los gobierno para tener una base electoral.

Lo hizo por mucho tiempo el PRI, el PAN aprendió la elección y la 4T ha hecho de los programas sociales en beneficio de los más necesitados, el eje de su estrategia de apoyo social.

Llama la atención que el gobierno de Guanajuato reaccionó sin estridencias frente al posicionamiento de López Obrador. Repitió el mismo boletín que en realidad es una ficha informativa sobre el origen del proyecto y las resoluciones de organismos electorales sobre su entrega.

Sabe Diego Sinhue que engancharse en esos terrenos con el presidente no le va a dejar nada bueno porque desde Palacio no hay miramientos y el gobernador de Guanajuato ha dado muestras que no es ni un Enrique Alfaro ni un Javier Corral para trenzarse en un “toma y daca”.

Lo del viernes es un signo ominoso para nuestra democracia que puede mostrar su lado frágil de persistir esas descalificaciones. Hay un flanco del partido gobernante que no conoce de gradualismos ni medias tintas. Y los extremismos en un ambiente crispado no son buena señal. El país no se acaba el 6 de junio.

El Tribunal Electoral Electoral de Guanajuato falló otra vez a favor de Morena que, a tres semanas de la elección tendrá candidato a la alcaldía en San Francisco del Rincón, ahí donde el IEEG negó el registro.

Podría ser otro argumento de los morenistas para embestir al árbitro electoral. Visto desde otra manera, las instituciones operan y hacen su chamba en Guanajuato. El Tribunal no está de adorno.

CONSEJOS CIUDADANOS: NADIE TIENE AUTORIDAD MORAL

Como en las críticas al uso clientelar de los programas sociales, en León, los cuestionamientos a la intervención de los alcaldes en la configuración de los consejos ciudadanos suelen carecer de autoridad moral porque ya todos pasaron por el gobierno e hicieron uso de esa prerrogativa.

Hace seis años, el entonces regidor priista Salvador Ramírez Argote se quejaba de la intervención del alcalde Héctor López Santillana en el despido de quien había sido director de SAPAL, Enrique Torres López.

Ramírez Argote pedía revisar el modelo en el que operan los consejos en esta ciudad, orgullo de la promoción de la participación ciudadana de gobiernos panistas y del priista del anterior trienio.

El priista se mordía la lengua como hoy lo hace Ricardo Sheffield, candidato de Morena a la alcaldía. El entonces regidor había sido secretario particular de Bárbara Botello y conoció los entretelones de la conformación de consejos ciudadanos.

Si por ejemplo, José de Jesús Padilla Moreno llegó a ser presidente del Patronato de la Feria en ese trienio no fue porque súbitamente los organismos empresariales que proponen nombres hayan mutado a elegir personajes pro-priistas en los consejos.

Si Daniel Olaf Gómez se convirtió en el director del Parque Metropolitano no fue por la invitación del presidente del consejo en turno sino porque así lo negoció directamente Botello con el cogobernante partido Verde.

Eso lo supo de primera mano Ramírez Argote que se rasgaba las vestiduras porque creía (con bases firmes, eso sí) que en el cese de Enrique Torres intervino la mano del alcalde López Santillana.

Cada edil en su momento le dio su sello a la elección de consejeros y metió mano. Vicente Guerrero (qepd) por ejemplo se fue hasta la cocina para proponer a su amigo Jorge Videgaray en SAPAL pese al rechazo de la cúpula panista. Ricardo Sheffield dio un manotazo en la mesa y quitó privilegios a los mismos de siempre para dárselos a las huestes de Concamin comandadas por Emilio Cano. Botello, como ya vimos, no fue la excepción.

Ni tampoco lo fue López Santillana. Para que luego no digan que son diferentes.

EL VOTO EN GUANAJUATO: QUIÉN GANA, QUIÉN PIERDE EN EL ESCENARIO NACIONAL DE CRISPACIÓN

El jueves por la noche, un eufórico senador Gustavo Madero cenó con empresarios leoneses y candidatos a diputados panistas en el Crowne Plaza. Los del blanquiazul desbordan optimismo a tres semanas de las elecciones.

Creen que tendrán 150 de las 500 curules que tendrán nuevos inquilinos a partir del primero de septiembre próximo; en la Ciudad de México, donde hoy solo gobiernan una de las 16 delegaciones federales, los azules creen que le pueden arrebatar tres o cuatro más a Morena en ese, su bastión.

También, confiaban en que mantendrían las gubernaturas que ahora tienen y que en la suma global, Morena no arrasaría como se preveía hace algunos meses.

Y que en Guanajuato, mantendrán la mayoría de las alcaldías aunque Salamanca se ve complicada y los distrito 8 federal con cabecera en Salamanca y el IV local de León.

El PAN parece oler una recuperación en la elección que se avecina aunque no necesariamente ello pueda significar que de golpe y porrazo recuperan imagen.

En Guanajuato de manera particular, donde gobierna el blanquiazul, se perfila un escenario particular porque Morena es la segunda fuerza política y la primera alternativa de los electores que no están contentos con el PAN o decepcionados de ese partido.

¿Qué tanto va a pesar en el ánimo de los que no votarían por el PAN, el desencanto por Morena en lo federal? ¿Podrían hacer distingos y mantener su preferencia para sostener los contrapesos o incluso aumentar los Municipios gobernados por este partido?

¿O acaso esto le podría representar una recuperación de simpatías al panismo bajo la premisa de “más vale malo por conocido…”?

¿O es que el PRI podrá, pese a sus rupturas internas recuperar algunos espacios o al menos mantener los que tiene?

¿El Verde que suele poner el acento en algunos municipios con candidaturas competitivas podrá sacudirse esa imagen de aliado inconfesable de Morena en lo federal con identidad propia en Guanajuato y obtener mejores resultados que hace tres años?

¿O tendrá Movimiento Ciudadano los resultados apetecidos, fruto de su búsqueda de nuevos perfiles y campañas con mayor empaque en algunos municipios de la entidad?

Preguntas de las que tendremos más pistas en los próximos 20 días aunque solo una respuesta completa, la noche del 6 de junio.