Tal parece que estuviéramos viviendo en un laberinto de espejos, en el que se reflejan más los delirios que las realidades. En México, vamos nadando de muertito frente a la violencia que padecemos todos los ciudadanos. Todos los días las noticias dan cuenta de robos de todos los tipos, de abusos de diverso calibre, de asesinatos; el efecto de la corrupción va extendiéndose a velocidades vertiginosas y el terror se amplía como una mancha de tinta sobre un papel de china. Y, como si no tuviéramos suficiente con los récords que vamos rompiendo a diario por los embates del crimen, como si no estuviéramos sufriendo las consecuencias, todavía nos atrevemos a presumir nuestra miseria.

Se me puso la piel de gallina al leer un artículo de Óscar López publicado en el New York Times que da cuenta de que los mexicanos estamos por romper una marca internacional: el número de videos que se están subiendo a la red social TikTok en los que se viraliza la cultura del narco. Por si no tuviéramos suficiente con toda la sangre derramada en territorio nacional, como si no fuera bastante sufrir a diario los embates de la criminalidad, todavía nos damos el lujo de presumirlo.

Me da mucha tristeza ver que, a nivel mundial, al pensar en México hay quienes de inmediato imaginan un territorio polvoso, lleno de cactus y poblado de narcotraficantes. Entonces, así como todos los mexicanos somos hijos del cura Hidalgo —que es el padre de la patria— así también todos somos asesinos, malandros y corruptos. Pues, no. No es así. Sin embargo, ahí están estos videos cortos que duran entre tres y treinta segundos en los que se hace un panegírico de la actividad delictiva. Y luego, nos da rabia que a todos nos midan con el mismo rasero.

El narco oropel expuesto a sus anchas, mostrándose como si fuera una aspiración nacional. Es publicidad llevada a su máxima expresión, usando los recursos más modernos de la tecnología para dar un reflejo hedonista y mentiroso de lo que significa involucrarse con los cárteles de la droga. Y, tampoco es que nos sorprendamos. Ya en el pasado, se han usado otras formas para auto alabarse, como los narcocorridos. La habilidad operativa de estos grupos delincuenciales no es de villamelones, es de gente experta que sabe lo que hace. Son innovadores y saben adaptarse a las nuevas condiciones del mercado. Según refiere Óscar López, hay videos que se han reproducido casi medio millón de veces.

¿Qué muestran? Animales exóticos, armas de grueso calibre, pistolas que tienen engarzadas piedras preciosas, joyas, billetes, autos blindados, campos sembrados de amapola, carros de lujo. En fin, una serie de objetos que pueden seducir a un segmento objetivo muy específico: jóvenes que sientan que ese es un camino aspiracional, que crean que integrarse a las filas del narcotráfico les va a dar riqueza y poder. Por supuesto, los videos no les advierten que serán carne de cañón y que la puerta se abre para entrar, jamás para salir. Al menos, no vivo.

El lucimiento del narco oropel que se hace en las redes sociales es tan invasivo que las compañías como TikTok no logran darse abasto para contrarrestar estos videos. Apenas están bloqueando unos, ya hay muchos más arriba. Se reproducen como hongos en tiempos de aguas. O, eso dicen. Lo cierto es que se requiere una política más dura para que se elimine ese contenido, así como las cuentas que promuevan cualquier tipo actividad ilegal. De otra manera, la tecnología está al servicio de la descomposición del tejido social.

El espejismo con el que se juega en las redes sociales quiere publicitar que la violencia es divertida y ser delincuente se acerca a la figura de súper héroe. Pero, no es lo mismo ver crímenes que padecerlos. No es divertido ver un cadáver que tiene la cara molida a balazos, ni tiene nada de glorioso saber las consecuencias que padecen los que hacen enojar a un capo de las drogas. Las imágenes que se muestran en TikTok son un reflejo mentiroso de una vida mal lograda y de una sociedad que se traga la información sin pasarla por el filtro de la reflexión.

Cuidado, esos videos, si se analizan bien son una cruel referencia de un estilo de vida irreal. Nadie muestra a todos los muertos que estarían vivos si no hubieran buscado oportunidades del otro lado de la justicia. El oropel no es oro.