El planteamiento del gobernador Diego Sinhue Rodríguez Vallejo respecto a que el estado de Guanajuato tiene que adoptar en su economía el concepto de mentefactura no resulta erróneo, pese a que hay quienes lo critican sin una base de análisis serio o indicándonos cuál ruta tomar entonces. Otra cosa es revisar la implementación de lo que se plantea, donde se deben mostrar con claridad objetivos, metas, líneas de acción, cronograma. De forma vaga nos indica el mandatario que el concepto debe estar enraizado en tres décadas, por ejemplo. Todo eso es discutible y debe revisarse a fondo, criticarse donde se consideren fallas. Pero… El planteamiento base atiende elementos esenciales si se quiere a Guanajuato inserto en un mundo global donde la ciencia y la tecnología marcan la pauta.

Guanajuato, desde el mandato del gobernador Rafael Corrales Ayala (1985-1991) se planteó la necesidad de transitar de una economía basada en una agricultura no mecanizada y una industria elemental como la de calzado y manufacturas simples, a la industria automotriz. Por eso, General Motors acabó asentándose a principios de la década de los noventa, con infraestructura en los alrededores para favorecer su crecimiento, como la autopista Silao-Guanajuato. Desde entonces el desarrollo de la industria automotriz ha sido dinámico.

A tal grado es la importancia de la industria automotriz en Guanajuato, que con base a datos presentados este mes por el INEGI encontramos que nuestra entidad, junto con Nuevo León, son los únicos estados con mayor valor de producción manufacturera que lograron rebasar los niveles registrados antes de la pandemia de covid-19.

Guanajuato alcanzó un valor de producción manufacturera por 569 mil 010 millones de pesos entre enero y agosto de este año. Con esto se logró una cifra 3.1% superior al valor de producción de los primeros ocho meses del 2019. El valor de producción guanajuatense fue el cuarto más alto del país, solo superado por Nuevo León, Coahuila y Estado de México, sin embargo, estos dos últimos estados no han logrado recuperar lo alcanzado en 2019, antes de la pandemia.

La fortaleza de Guanajuato se encuentra en la producción de equipo de transporte, con una participación de 51.7% en el total manufacturero y un aumento de 9.3%. Además, las otras dos industrias en importancia también tuvieron incrementos: alimentaria (7.3%) y del plástico y del hule (9.2%), según el estudio de INEGI. Ahora bien, la industria automotriz, con números irregulares por la carencia de componentes, tuvo bajas en otras entidades, pero en caso de la guanajuatense, por su diversidad de armadoras, mercados de exportación y su fuerte proveeduría, logró en términos generales un comportamiento mejor que por ejemplo, en Puebla.

Luego entonces, asentados en este punto ¿qué viene? Bueno, la industria cambia a partir de sus necesidades energéticas. Lo hemos dicho en otras ocasiones, se acabó el reinado del motor de combustión interna, pasaremos al motor eléctrico y en un menor tiempo del pensado. Las armadoras siguen haciendo cambios y acelerando el paso, la última noticia nos llega de la alemana BMW, que dejará de producir motores de combustión interna en Alemania para 2024 y solo trabajará por un tiempo en algunas plantas extranjeras en su producción; BMW se ha fijado el objetivo de que al menos el 50% de sus ventas mundiales de automóviles nuevos sean eléctricos para 2030.

También hay el juego de las autonomías, hechas evidentes con los semiconductores. El mundo occidental, con la pandemia de covid-19, pudo constatar lo mucho que depende en este momento de lo que China produce y esto también juega en la geopolítica. La industria automotriz y otras se han visto muy afectadas en su producción por no contar a tiempo con estos elementos electrónicos.

Así que ha surgido la idea de que se hagan fábricas en nuestro continente para no verse de nuevo sujetas las industrias no chinas a lo que tiene en sus manos el gigante rojo. Y mientras gobiernos como el nuestro analizan qué hacer o cuándo, porque se requiere fuerte capital -unos 10 mil millones de dólares-, pero también voluntad, en el mundo privado no van a esperar a que los políticos se pongan de acuerdo.

Resulta que Intel ya está invirtiendo 20 mil millones de dólares en la construcción de dos nuevas fábricas de semiconductores en Arizona -no en México- y aplicará 600 millones más en mejorar su planta en Costa Rica y en Guadalajara, también realizará ajustes para elevar su oferta al mundo. Ellos ya se trazaron la idea de no depender de China, que posee 80% de la producción de semiconductores en el mundo.

Y así podemos seguir revisando información de los cambios que hay por doquier. La cosa es plantearse con claridad cómo Guanajuato evolucionará en esta revolución acelerada… a partir de lo que tiene. Porque los próximos tres años los recursos federales serán pocos o nulos en materia de infraestructura. Ahí es donde la Grandeza de México debe revelarse: en cómo mantenerse entre los primeros estados industrializados, pero también en cómo ser parte de la revolución mundial, pero sin olvidar algo de lo que poco se enfatiza: mejorar la calidad de vida de los guanajuatenses, por lo menos estar a la par de los neoleoneses. El plan debe tener trazos claros y caminar sobre ellos.