En el mundo de la democracia, nada es estable: todo es tan seguro como las preferencias del electorado. Lo sabemos, no hay nada tan veleidoso como la voluntad del pueblo. Es tan fácil encender la esperanza y todavía es más sencillo desilusionar a quienes sufragaron a favor de un proyecto. Sucedería así en un mundo hipotético en el que los políticos tuvieran buena voluntad y construyeran sus propuestas sobre las bases del bien común. Pero, las hipótesis nos confirman que además de intenciones nobles, también están los intereses particulares, los compromisos individuales, los pareceres del grupo y tantos ingredientes terminan desestabilizando la receta. No obstante, llega el momento de la verdad en el que cada plan debe pasar por el crisol de la prueba y, también lo sabemos, no todos resultan aprobados.

El momento de la verdad es una expresión que se toma del mundo de los toros. En el ambiente taurino, los expertos utilizan esta locución para referirse al momento en el que la puerta de toriles se abre, el toro corre al ruedo a enfrentarse con el matador. Es el instante en el que bestia y torero medirán fuerzas. La única forma en la que ambos salgan vencedores es cuando la bestia muestra nobleza, de otra forma, siempre hay un ganador y un vencido. Así sucede en otros terrenos como el profesional, el de los negocios y desde luego, pasa igual en la arena política.

Al hablar de actores políticos, podemos imaginar al torero vistiéndose frente al espejo y siguiendo el ritual para portar con dignidad el traje de luces; así los políticos se preparan para pronunciar un discurso, para forjar alianzas y sellar pactos que le sean convenientes a quienes comparten sus ideas y en quienes inflaman ideales. Pero, ese no es su momento de la verdad. Su auténtico momento de la verdad es cuando tienen que demostrar que lo que dijeron era palabra de oro y no de papel; cuando deben de exponer su verdadera piel y entonces suscriben con hechos lo dicho. En fin, es cuando honran sus promesas.

Volviendo a la alegoría taurina, muchos toreros han confesado que al escuchar las pezuñas del animal chocar con el suelo, al verlo levantar el polvo de la arena, al apreciar los cuernos tan largos y puntiagudos, no han sido pocos los que sienten que se les eleva la temperatura y quieren aventar el capote lejos y salir corriendo tan rápido como les sea posible. Seguro ha habido muchos que le huyen a ese momento de verdad, pero los que afirman los pies, sacan el pecho y dan la cara al reto serán los que tengan mejores posibilidades de salir en hombros. Claro, no hay nada seguro. Es una lucha en la que hay que medir fuerzas.

Los políticos tienen su momento de verdad cuando se ven seducidos por tentaciones divergentes a aquellas que lo llevaron a ocupar un puesto de elección popular. Así, aunque muchos nos imaginamos que la alianza política a la que se afilió el PRI era muy frágil, también nos dimos cuenta de que era la única posibilidad para no desaparecer entre el polvo de la historia.

De hecho, el edificio que les da sede en Buenavista en la Ciudad de México parece la carcaza de un elefante que ya perdió sus músculos y está viendo como se desmoronan sus huesos. Podrían reponerse, les costaría trabajo, pero para ello debieran ser sabios y estar a la altura del reto.

La seducción de Morena los está desnudando y los expone de cuerpo entero. Es su primera prueba y ya están dando muestras de que no entendieron la lección. Se les ve al borde del precipicio y con ganas de dar pasos al frente. Por su parte, la Alianza por México ve con alarma cómo su socio, porque todavía siguen siendo aliados, se porta como una meretriz veleidosa que no sabe controlar sus pulsiones. Si ya los conocen, para qué los hacen compadres.

No obstante, aún están a tiempo. Ahí viene el toro que está entrando al ruedo y corre a gran velocidad hacia ellos. El torito que Morena les pone enfrente se llama Reforma Eléctrica y es un afán que retrasará el progreso de México, que va contra los pactos internacionales y que nos restará competitividad. La disyuntiva del PRI es salir corriendo al refugio de los brazos de Morena o recordar los compromisos de la Alianza por México. Y, la verdad brillará, no hay duda. Quedará expuesta. La veremos. Los veremos.