Opinión Parentalidad

El machismo y sus envases

El machismo es ese conjunto de actitudes, conductas, prácticas sociales y creencias causa y consecuencia de una cultura patriarcal que tienen como objetivo promover la superioridad del hombre sobre la mujer.

El machismo está en el aire, en el ambiente y entra por los poros de las personas, en ocasiones lenta y silenciosamente y en otras ocasiones de manera rápida y descarada.

Son las instituciones educativas, religiosas, familiares, empresariales, legislativas, gubernamentales, civiles, así como los medios de comunicación las encargadas de su transmisión concreta a través de sus símbolos, signos, tradiciones, prácticas, leyes, normas, mandatos, etcétera, las encargadas de esparcir los móviles del machismo.

El machismo tiene expresiones concretas en la vida de las sociedades a través de la literatura, el cine, las artes, así como a través de las canciones que se bailan y cantan muchas veces sin pensar en el mensaje que transmiten, aun así, dicho mensaje queda anidado en la memoria, en el cerebro profundo, desde donde contribuirá a la generación de creencias, posturas y actitudes que posteriormente se convierten en conductas específicas.

Sí, el machismo viene en distintos envases, tal y como, afirman Liora Gomel y Ariel Dorman, profesionales de las ciencias de la comunicación.

En su libro “Cómo criar hijxs no machistas”, nos presentan algunos de esos envases, su conocimiento e identificación puede abonar a la visibilización en la vida cotidiana y a su respectiva erradicación:

– Combo familiar: ellos mandan, ellas obedecen.

– Combo sexual: ellos arriba, ellas abajo; ellos activos, ellas pasivas. Pero también, él siempre tiene que querer y a ella siempre le duele la cabeza.

– Combo económico: él trae la plata o más plata. Ella no trabaja o gana y tiene un puesto peor. Ella pide licencia para cuidar a los hijos cuando nacen o se enferman. Ellas ganan menos por el mismo trabajo.

– Combo legislativo: ella no está representada o esta menos representada. Las leyes las redacta él, lo que equivale a que lo hace desde su perspectiva y que ella termina siendo hablada por él. Ella no ocupa cargos altos o con gran nivel de decisión, esos cargos los ocupa él.

– Combo intelectual: ella es menos reflexiva, menos inteligente, no se le entiende. Él sabe más, “tiene más mundo”. Para ocupar esos lugares, ella tiene que ser masculina. No es un lugar para ella. Es rara por querer estar ahí.

– Combo anatómico: ella es más débil, él es más fuerte. No es necesario tratarla bien durante el embarazo. Es su embarazo y no el de los dos. Ella es histérica e impulsiva. Él es racional.

– Combo lingüístico: ella no está representada en el lenguaje. Se da por obvio que se habla de ella cuando se habla de él. En las historias sobre la historia o la ciencia, ella no está presente y él es el héroe.

– Combo cultural: él conduce y ella es panelista. Él ocupa más lugar en la pantalla, ella tiene que estar sexi. Ella no habla de tecnología, y tiene poca presencia en los deportes y en la ciencia. En “Polémica en el Bar”, ella se sienta a la mesa en una silla alta y alejada. Ellos se desparraman a la altura de la mesa. Ella tiene que cuidar la postura y decir cosas interesantes, para que no la miren mal. Igual la juzgan o se burlan. Ella es un objeto: su cola, sus tetas, su rostro tienen que estar a la altura. ¿Y qué hay de sus ideas, sus pensamientos, sus reflexiones y opiniones?, ¿tienen lugar?

Han sido siglos de construcción ideológica para sostener la desigualdad entre hombres y mujeres.

En muchos de los anteriores combos hemos avanzado, pero en muchos otros, queda todo por hacer, afirman Gomel y Dorman.

Urge intensificar una educación con las nuevas generaciones y una re-educación con los adultos contemporáneos basada en el espíritu de igualdad, paz, dignidad, tolerancia, libertad y solidaridad.

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