Hay que reconocer que la historia está llena de personajes que, de alguna forma encuentran el camino hacia la inmortalidad. Estar presente en la memoria de la sociedad puede mantener vigente a una persona y su legado. Los artistas como ejemplo, trascienden mediante su arte, la expresión y reflejo del mundo en el que viven.

El artista y su obra suelen fundirse y confundirse tan íntimamente que no puedes separar al uno del otro. Y esto sucede también con el espectador que, al poner sus emociones en sincronía con el artista, es capaz de conectarse y fundirse en una belleza colectiva reflejada en las almas de los involucrados.

El arte del silencio es el término que utilizó Marcel Marceau para definir su arte, una forma de expresión universal que hasta la fecha sirve de claro reflejo de las emociones humanas. Marcel era un mimo.

El mimo es un tipo de actor que, mediante su cuerpo y expresión facial, nos permite acceder al mundo invisible que lo rodea sin decir una sola palabra. Es como si el mimo tuviera acceso a una dimensión secreta, oculta para los demás.

Marcel nació en el seno de una familia judía, en Francia en 1923. Cuando la Segunda Guerra mundial estalló en Europa el joven Marcel fue obligado como muchos otros judíos a vivir el horror de la guerra en carne propia.

Marcel ya aspiraba a ser artista para ese tiempo, inspirado en el cine mudo, especialmente en el trabajo de Charlie Chaplin y Buster Keaton.

Su participación en la resistencia francesa — el discreto movimiento civil que se defendía a Francia de los nazis — salvó la vida de miles de niños huérfanos, ayudándolos a escapar y utilizando su talento artístico para aligerar el impacto del dolor y el miedo en el corazón de los pequeños.

Estas experiencias influyeron enormemente en el artista, que atribuye la decisión de convertirse en un silencioso mimo a lo vital que era la discreción durante la invasión alemana, pues hablar en un mal momento o con la persona equivocada podía tener un alto costo.

Para Marceau, ser mimo ayudaba a la humanidad a encontrar esa paz y unidad perdidas por la guerra, a través de un lenguaje universal.

Su Alter ego, el personaje que creó para compartir su mágico mensaje se llamaba ‘Bip’, inspirado en ‘Pip’ el protagonista de la novela “Grandes Esperanzas”, de Charles Dickens, en el antiguo personaje Arlequín del siglo XVI y en el vagabundo de Chaplin.

La fama de Marceau alcanzó los cinco continentes, siendo reconocido con innumerables premios, además de ser un artista muy popular en Estados Unidos y Japón.

Así cómo Marcel Marceau se inspiró en otros para su silencioso arte, él mismo se convirtió en influencia de muchos otros artistas, incluido Michael Jackson, el cual reconoció en los movimientos del mimo Marceau —al ser arrastrado por un viento invisible— la inspiración para crear su icónico paso “Moonwalker”.

Comunicarse sin utilizar el habla no es sencillo. Se necesita una conexión particular y en algunos casos ese vínculo es la empatía. El filósofo Aristóteles consideraba a “Pathos” una de las tres formas de persuasión, siendo muy utilizado en la actualidad por la mercadotecnia. Básicamente “Pathos” trata de conectar a las personas emocionalmente, reflejando en un individuo las características del otro, resaltando lo similar, inspirándose mutuamente y difuminando las diferencias.

Al vivir durante la guerra la experiencia de una Francia dividida, donde algunos franceses preferían aliarse con los nazis y delatar a sus compatriotas, Marcel Marceau entendió la importancia de encontrar un lenguaje común que fuera capaz de reconectar los corazones de la gente, infundiendo compasión y empatía entre los hermanos distanciados.

Algunos podrán recordar a Marcel Marceau por su trayectoria artística, mientras que otros podrán ser inspirados por sus acciones y de esa manera sobrevivirá su legado. Espero que estas palabras te ayuden a reconocer al hombre que fue capaz de arriesgarse por los más indefensos, al tiempo que acuñaba a través del silencio un poderoso mensaje de esperanza universal.