Perspectiva. El año 2021 nos recibirá, dentro de un mes, con más de cien mil mexicanos que han perecido por la pandemia de Covid-19 que ha azotado el mundo este año, una pérdida de vidas humanas no vista desde la Revolución Mexicana que, además, se engrosa con las miles de vidas que también se han perdido en la ola de sangre que representa la violencia de la actividad delincuencial.

No solo eso, el drama puede que continúe varios meses más y las cifras sigan escalando, en medio de un contexto económico muy complejo, donde las cifras no alientan pese a términos de una milagrosa recuperación en favor de las familias mexicanas.

Por eso, debemos estar alertas, cuidando lo que tenemos, empleo, bienes, a nuestros seres queridos. 2021 será un año muy difícil, pues los efectos de la mala economía se sentirán con toda su fuerza en los bolsillos de las personas.

Los estudios hechos por el (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) vienen a complementar los análisis ya presentados por INEGI y otras instancias, donde se refiere el paulatino empobrecimiento de la población. La pérdida de empleos, la restricción del ingreso en las familias, el alza de precios en productos básicos, han llevado a millones de mexicanos a bajar su capacidad económica, a limitar su consumo, a pasar severas penurias.

La pobreza laboral, dice Coneval, aumentó en el tercer trimestre de este año. Este índice muestra la tendencia del porcentaje de personas que no puede adquirir la canasta alimentaria con el ingreso laboral. Si el índice sube, significa que aumenta el porcentaje de personas que no pueden comprar una canasta alimentaria con su ingreso laboral.

Dice en análisis hecho por el Consejo, que en México “el ingreso laboral real mostró una disminución de 6.7% entre el tercer trimestre de 2019 y el tercer trimestre de 2020, lo anterior aumentó la pobreza laboral de 38.5% a 44.5% en este periodo, lo cual se vio reflejado en un incremento de la pobreza laboral en 28 de las 32 entidades federativas”.

Además, entre el primer y tercer trimestre de 2020, el ingreso laboral real tuvo una disminución de 12.3% y un aumento de la pobreza laboral de 35.7 a 44.5%. Este comportamiento contrasta con la tendencia creciente en el ingreso de los últimos años.

Es decir, en este año fueron tragados por los efectos negativos en la economía desde los aumentos al salario que impulsó el actual Gobierno de México y se diluyeron los apoyos federales de tipo social entre las familias beneficiarias por la Cuarta Transformación.

En este punto es donde se ve el vaso medio lleno o el vaso medio vacío. A qué me refiero, habrá quien señale que los duros efectos de la crisis económica derivada de la crisis sanitaria han sido paliados por esos apoyos, por lo que los resultados presentados por Coneval con datos de INEGI, podrían ser peores, es decir, que la pobreza laboral fuera mucho mayor, pues los ingresos perdidos fueron complementados por los apoyos gubernamentales.

Pero también se puede objetar que los efectos de la pobreza laboral son consecuencia de que no se logró sostener la planta productiva, abandonada a su suerte por el gobierno federal que le ha negado apoyo sistemáticamente y por la carencia de un plan de reactivación económica nacional. Si se hubiera protegido la planta productiva como en otras partes del mundo, es probable que la pérdida de empleos hubiera sido mucho menor y con ello se habría salvaguardado en parte el ingreso familiar y sus empleos aún existirían.

Creo que lo correcto hubiera sido caminar en las dos vías, apoyando al sector productivo y a los eslabones más débiles de la sociedad, a partir de los programas sociales, de choque, ante la contingencia. Sucede que para 2021 los recursos gubernamentales serán ya insuficientes para soportar todos los programas sociales y sus compromisos financieros, además de los impresentables proyectos de Dos Bocas, Tren Maya y Aeropuerto Santa Lucía, que han desangrado las finanzas nacionales.

Y esa insuficiencia, que se sumará a los efectos económicos prácticamente nulos de recuperación en miles de empresas, que ya no volverán a abrir o de plano acabarán por quebrar, harán imposible atender a tantos millones en la pobreza en esta emergencia.

Por ahora, en la agenda de esta semana el gobierno federal presentará este lunes 30 de noviembre, junto al Consejo Coordinador Empresarial (CCE) un segundo paquete de obras estructurales que financiará el sector privado. Esta vez por 200 mil millones de pesos, unos diez mil millones de dólares. La cosa es que hasta ahora todo lo que se ha ido presentando en estos eventos, no avanza lo suficiente, porque no hay garantías a la inversión privada desde el Gobierno Federal ni tampoco hay certidumbre sobre la velocidad para que se destraben permisos y asuntos de orden administrativo desde la autoridad.

Ayer el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado del CCE lanzó el mensaje: se necesita congruencia entre lo que se dice y lo que se hace en el gobierno federal, para que la inversión fluya y genere frutos. Como muestra un botón, precisaron que jamás se crearon los 2 millones de empleos prometidos por la administración, porque no se trabajó para ello. Apenas se recuperarán 500 mil empleos, según datos del IMSS.

Por el bien de México, esperemos que haya un cambio de perspectiva a partir del inicio del tercer año de este sexenio, mañana martes 1 de diciembre, y se entienda que el enemigo no está en el sector privado, sino en no usar su potencial.