Manuel Arriaga

Pénjamo.- Este sábado se cumplen 15 años del suceso más escalofriante y perturbador ocurrido en Pénjamo, y que sacudió fuertemente a la sociedad guanajuatense.

La comunidad El Calabozo fue el escenario del doble infanticidio más desgarrador de la historia: los integrantes de una familia, hambrientos, sedientos y posiblemente bajo el influjo de alguna sustancia, asesinaron a una bebé de meses de nacida y una adolescente de 13 años, alegando que estaban poseídos por el demonio. 

Fotos: Manuel Arriaga

Decía ser la Virgen de Fátima

Aún muchas dudas y preguntas sin responder acerca de lo que ocurrió en El Calabozo.

De acuerdo con indagatorias, se estableció que en el poblado habitaban alrededor de 20 miembros de una familia, que solían pasar semanas sin tener contacto con otras personas ajenas a la comunidad.

Se supo que tras varios días de ayuno y aislamiento, Amalia Pérez Hernández de pronto empezó a tener alucinaciones y a decir que ella era la reencarnación de la Virgen de Fátima

Poco a poco, los demás integrantes de la familia se fueron convenciendo de que Amalia tenía un don divino, y comenzaron a venerarla.

En medio de una de sus alucinaciones, Amalia aseguró que una pequeña de 6 meses de edad había sido poseída por el demonio porque empezó a llorar, y les ordenó que la mataran. Reynaldo, hermano de Amalia, y el abuelo de la niña, José Pérez Durán, descuartizaron a la bebé y metieron su cadáver en un costal, que después rellenaron con rastrojo.

Siguiendo con su locura, Amalia ordenó que también mataran a la niña de 13 años, pues sostenía que también estaba poseída por Satanás. Su propia familia la ató de pies y manos, y la mató dejándole caer una piedra en la cabeza.

La mutilación y asesinato de las dos niñas ocurrió ante la mirada de otros once menores de edad que también se encontraban en el lugar, familiares de Amalia.

Termina en manicomio; el resto, a prisión

Ese mismo día, once menores de edad fueron rescatados aún con vida y todos los adultos quedaron detenidos.

De acuerdo con las indagatorias y pruebas reunidas en el expediente 232/2005, se estableció de que Amalia Pérez Hernández fue la culpable de inducir a toda la familia a cometer los homicidios, pues perdió contacto con la realidad.

Se determinó que la familia entera fue víctima de un delirio colectivo inducido por Amalia, al que había contribuido el estado de marginación en qué vivían, su aislamiento, y una la posible ingesta de una hierba que produce efectos alucinógenos y que fue hallada en el lugar donde ocurrió la tragedia.

En agosto de 2008, tres años después de haber sido detenida, la juez penal de Pénjamo sentenció a Amalia a 50 años de cárcel, aunque fue enviada en el Hospital Psiquiátrico de San Pedro del Monte, en León. 

Al año siguiente, ocho adultos, familiares de Amalia y que participaron en el doble infanticidio, fueron sentenciados a 27 y 55 años de cárcel.

Los once menores rescatados fueron alojados en diferentes casas hogar de Irapuato.

El espacio continua abandonado

El tiempo ha pasado y la naturaleza comienza a reclamar lo que le pertenece, en la vivienda de la comunidad El Calabozo. La vivienda ha sido objeto de saqueos, presuntamente visitada por cazadores de tesoros, excavaciones, algunas habitaciones destruidas, candados puestos en algunas puertas e incluso, la ropa de aquellas personas que vivieron de cerca la tragedia, siguen esperando en esta pequeña localidad enclavada en la Sierra de Pénjamo.

En las habitaciones de la humilde vivienda conformada por 4 habitaciones, una cocina y un pequeño cuarto que servía de escuela del INEA, sólo quedan algunos objetos congelados en el tiempo, esperando a ser redescubiertos.

Por toda la casa, en los cuartos, en el patio e incluso, en el camino de acceso a la vivienda, puede encontrarse en calzado de los 8 adultos y los 13 niños, que vivieron ahí hasta aquel trágico 5 de diciembre.

“Es algo que no puedo olvidar”

“Uno de los responsables nos dijo que había matado a su propia hija, porque supuestamente se le había metido el diablo, es algo que no he podido olvidar”, dijo Jonathan López Razo, entonces socorrista de Comisión Nacional de Emergencias, una de las primeras personas en llegar a la localidad El Calabozo.

El penjamense que ahora se mantiene lejos de la atención de emergencias, señaló que además les dijeron, aquel fatídico 5 de diciembre, que habían matado a una mona, “pero se trataba de un bebé a la que también asesinaron, supimos que se trataba de ella porque encontramos un acta de nacimiento, a ella la desmembraron, le cortaron la cabeza, los brazos y las piernas, ellos no estaban bien”.

Jonathan López aseguró que, les comunicaron del suceso alrededor de las 9 de la mañana. Les solicitaban ayuda para atender a unas personas, sin saber que se encontrarían con una tragedia.

En el trayecto se encontraron con integrantes de la familia Pérez Hernández, y les dijeron que habían asesinado a una niña y a una mona, que estaban, según ellos, poseídas. Fue entonces cuando los socorristas solicitaron el apoyo de la Policía Municipal, más de 30 minutos tuvieron que caminar, entre la sierra de Pénjamo, para llegar al pequeño grupo de 3 viviendas dónde ocurrió todo.

Ahí encontraron el cuerpo sin vida de una niña de 13 años de edad que fue asesinada por su propia familia, el cadáver estaba atado de pies y manos, cubierto con cal y envuelto en un plástico verde. Después de varias horas de búsqueda, localizaron el cuerpo de una bebé totalmente descuartizado, le habían cortado todas las extremidades, cabeza, brazos y piernas. 

EZM

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