Pocas horas me faltan –dice el discurso atribuido a Hidalgo- para que me veáis marchar a la cabeza de los hombres que se precian de ser libres. Os invito a cumplir con este deber. De suerte que sin patria ni libertad estaremos siempre a mucha distancia de la verdadera felicidad. Preciso ha sido dar el paso que ya sabéis, y comenzar por algo ha sido necesario. La causa es santa y Dios la protegerá. Los negocios se atropellan y no tendré por lo mismo la satisfacción de hablar más tiempo ante vosotros. ¡Viva pues la Virgen de Guadalupe! ¡Viva la América, por la cual vamos a combatir!’

¡16 de Septiembre de 1810! … De acuerdo a la Memoria sobre los primeros pasos de la independencia escrita por Pedro García con el respaldo de haber sido testigo y participante de los acontecimientos, el “domingo, en que la gente del campo tiene por costumbre llegar a la población (de Dolores) muy a la madrugada para aprovechar la misa prima, se empezaron a formar grupos con el fin de esperarla; y como pasara un gran rato sin llamarla, empezaron muchas gentes a notarlo, sin acertar, por entonces, con el motivo de aquella tardanza”.

“No faltó –continúa el relatoquien empezara a informarles de que pudiera ser no hubiera misa, porque Hidalgo había en la noche anterior mandado aprehender a todos los gachupines, y todos se hallaban en la cárcel. Semejante informe fue recibido por algunos con sorpresa, aunque mezclada con algo de alegría; tal motivo daba aquella situación formada por los procedimientos despóticos y tiránicos que observaban los españoles con toda clase de mexicanos”.

“En este estado de incertidumbre –agrega Pedro García- se fueron acercando al frente de la casa de Hidalgo. Aumentó el número. Viendo que por momentos crecía, parecía a aquel párroco respetable que era tiempo ya de dirigirle la palabra a aquella multitud, para informarle de los motivos que había tenido para realizar un movimiento tan nuevo y desconocido. Salió al zaguán y se explicó de la manera siguiente:

Mis amigos y compatriotas: No existe ya para nosotros ni el rey ni los tributos. Esta gabela vergonzosa, que sólo conviene a los esclavos, la hemos sobrellevado hace tres siglos como signo de la tiranía y servidumbre; terrible mancha que sabremos lavar con nuestros esfuerzos. Llegó el momento de nuestra emancipación; ha sonado la hora de nuestra libertad; y si conocéis su gran valor, me ayudaréis a defenderla de la garra ambiciosa de los tiranos’.

‘Pocas horas me faltan –dice el discurso atribuido a Hidalgo- para que me veáis marchar a la cabeza de los hombres que se precian de ser libres. Os invito a cumplir con este deber. De suerte que sin patria ni libertad estaremos siempre a mucha distancia de la verdadera felicidad. Preciso ha sido dar el paso que ya sabéis, y comenzar por algo ha sido necesario. La causa es santa y Dios la protegerá. Los negocios se atropellan y no tendré por lo mismo la satisfacción de hablar más tiempo ante vosotros. ¡Viva pues la Virgen de Guadalupe! ¡Viva la América, por la cual vamos a combatir!’

“A esto –concluye la cita– respondió la multitud en igual sentido y bastante animada. Se retiró Hidalgo y comenzaron los preparativos de marcha y todos se adelantaban entre sí para acompañarlo. Aquel espíritu de libertad se difundió en aquella reunión con la violencia del rayo. Cada individuo se preparaba con un garrote, honda, lanza o machete, y esperaban las determinaciones de su párroco”.

Así como difieren los distintos historiadores sobre los pormenores del “grito de Dolores”, en particular sobre las palabras que Miguel Hidalgo y Costilla habría pronunciado; así también coinciden en señalar que aquel día fue el más glorioso en la vida del prócer, ya que su carácter y decisión cambiaron el temor y la zozobra de sus compañeros, conjurados al descubierto, por la valentía y entusiasmo que revolucionaron el avance de la sociedad colonial.

Así como difieren los distintos historiadores sobre los pormenores del “grito de Dolores”, en particular sobre las palabras que Miguel Hidalgo y Costilla habría pronunciado; así también coinciden en señalar que aquel día fue el más glorioso en la vida del prócer, ya que su carácter y decisión cambiaron el temor y la zozobra de sus compañeros, conjurados al descubierto, por la valentía y entusiasmo que revolucionaron el avance de la sociedad colonial.