Las Constituciones como leyes fundamentales, representan un punto evolutivo en la historia de los pueblos del mundo. Son producto de grandes sacrificios de millones de gentes, que lograron su propósito, con entrega ejemplar a la causa de la libertad humana, mediante el sacrificio no solamente de sus bienes, sino incluso con el aporte de sus vidas. Muchos de ellos, no vieron culminados sus anhelos, pero el mérito de esas generaciones, consiste en haber heredado a sus descendientes, un instrumento para que pudieran vivir, en paz con libertad.

Las leyes fundamentales que rijan los pueblos, no solamente deben ser conocidas por sus gentes, sino ser motivo para que la sociedad se erija en su ferviente defensor. No basta que las leyes sean avanzadas y con fundamento en los más caros principios filosóficos; en necesario que se conozcan y sus potenciales beneficiarios, tengan consciencia clara de la importancia que tiene, para su desarrollo como entes potencialmente racionales y libres.

El 5 de febrero de 1917, en el teatro de la República de Querétaro, se promulgó la Constitución que nos rige, como pueblo que aspira a vivir la democracia, como instrumento para ser libres, para que no sea la voluntad de las minorías de alguna manera privilegiadas, quienes rijan nuestras vidas, sino leyes sabias promotoras de un Estado de Bienestar social, a través de la aplicación de lo que se dio en llamar Justica Social.

Desde la infancia, los herederos de Constitución, que somos todos los que vivimos en el territorio nacional, debemos ser educados bajo sus principios. Debemos corregir el extravío y consolidar la formación de los ciudadanos en general y de los docentes en particular, en los principios que sirvieron de fundamento a la Constitución más avanzada del mundo, al momento de su promulgación; por la incorporación de las garantías sociales, entre las que destacan las contenidas en los artículos: tercero, 27 y 123.

La vigencia de la Constitución nos conviene a todos, porque de su observancia depende la posibilidad de vivir en paz. Las garantías sociales, mediante su aplicación, garantizan el avance de la sociedad, propician la capilaridad social, que es condición fundamental, para evitar que la desigualdad impere; y, crea condiciones para que sea el mérito y no el privilegio, lo que determine la vigencia de la justicia en las relaciones interpersonales.

El 5 de febrero, debe ser día para la reflexión y la autocrítica. Preguntarnos qué hacemos con la valiosa herencia que nos legaron; si hemos coadyuvado para que sus mandatos, se apliquen en beneficio de la paz social duradera, fundada en la justicia.

Ante las nuevas generaciones debemos responder: si hemos cuidado el desarrollo social o; por negligencia o cobardía, permitimos que se estanque o se destruya. Detener el retroceso, es deber irrenunciable de todo ciudadano, comenzando por los más aculturados, que son los más obligados a responder por el destino de la patria.